"> Historia del sistema de salud 1 • Vida en Salud */HEAP

Historia del sistema de salud 1

Historia del sistema de salud
Share on facebook
Share on email
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on linkedin
Share on telegram
Share on skype

Introducción

Tenemos la idea de que la salud está relacionada con el sistema de salud y de que el sistema de salud está creado para nuestro beneficio.

Esta es una idea un poco peligrosa, porque hace que rindamos nuestra confianza en algo que está muy lejos de ser beneficioso para nosotros.

El sistema de salud no fue creado pensando en sus usarios, no.

Fue creado para favorecer a la industria que necesitaba mano de obra productiva y lo  más barata posible.

Es una larga historia que creo necesitas saber.

El nacimiento del sistema de salud

Para hablarte de esto, ha de dar una vueltecita por la historia y, aunque te parezca que te cuento cosas que ya sabes, es muy probable que no sea así.

Te animo a leerlo aún si tienes esta sensación de dejá vu.

Corría el S XVIII en su primera mitad y la culturización económica de los colectivos humanos pasaba por la agricultura, la ganadería y la artesanía.

Formas de vida que, aunque ya estaban alejadas de la orgánica para nuestra especie, todavía eran sostenibles dentro del medio natural, no suponían un impacto demasiado importante para el planeta.

Al llegar la segunda mitad de este Siglo, el mundo estalló en multitud de guerras y rebeliones, pero inglaterra (el Reino Unido) se salvó de este destino ¿sabes cómo? 

La imposición de la industrialización

Pues así, imponiendo a la población algo que interesaba, sobre todo, a las clases económicamente fuertes.

Y al estado, claro está.

El estado (que en Reino Unido era una monarquía liberal) subencionó la actividad agrícola ganadera.

Esto mejoró la posición económica da los terratenientes.

Adquirieron un músculo financiero más potente y empezaron a invertir en maquinaria, que los «inventores» desarrollaban, ahí empezó la actividad de la ingeniería industrial y la profesión asociada.

El caso es que las máquinas que fueron adquiriendo les posibilitaron prescindir de los campesinos que trabajaban sus tierras, dejándolos en la miseria y sin posibilidad de desarrollar actividad económica para su propia supervivencia.

En muchos casos, los campesinos vivían en las tierras del terrateniente, en edificios cedidos para que pudieran trabajar ahí.

Al perder el trabajo, perdían también la vivienda.

Esto hizo que tuvieran que migrar a las ciudades, donde se empezaban a desarrollar las industrias textiles.

Se había inventado, gracias a la inversión de los nuevos ricos, la nueva clase burguesa, el telar mecánico.

Artesanos textiles y campesinos empezaron a trabajar en jornadas laborales extremas, extenuantes y abusivas.

La extrema necesidad a la que sometieron a la población fue lo que impidió que hubiera ninguna protesta contra el régimen jerárquico que las sociedades humanas llevaban arrastrando desde hacía siglos.

Tan grande era la necesidad y la costumbre de vivir esclavizados, que permitieron incluso que los niños trabajaran en puestos de mucho riesgo para su integridad física.

Niños trabajando en uno de los primeros telares de la mal llamada revolución industrial

La necesidad de mano de obra constante

Pues si, en este panorama socioeconómico que fue la cuna en la que se meció el capitalismo en sus primeros años de vida, hacía falta una clase productora de todos los insumos que los burgueses querían fabricar para comerciar con ellos, aumentar su fortuna y, en consecuencia, su poder sobre las mayorías.

Una clase social que produjera incluso en unas condiciones que no favorecían en nada la salud de las personas.

En realidad las condiciones de trabajo y de vida que tuvieron los proletarios fue tan contraria a su propia vida que causaba numerosas bajas laborales.

Aún que fueron muy sumisos llegó un momento que se empoderaron un poco, lo suficiente para reclamar otras condiciones laborales que les permitieran cuidar un mínimo de sus vidas.

Reclamaron jornadas laborales más reducidas, trabajas menos horas y para conseguirlo organizaron numerosas huelgas.

El estado y la burguesía se resistieron en una interpretación magistral que consiguió que se llegara a escribir en la historia, incluso que todos creyeran, que habían conseguido mejores condiciones por haber luchado por ello.

Validando así la lucha, la queja y la reivindicación.

En realidad no fueron las luchas proletarias las que consiguieron esa hazaña, si no la insostenibilidad del modelo de explotación que habían creado.

Era insostenible tener tantas bajas.

De ahí viene el sistema sanitario, de la necesidad de mantener a los obreros en su puesto de trabajo.

Y es, igual que lo fue la industrialización, forzada desde el aparato de estado.

Este modelo que nació en el entonces Reino Unido, fue rápidamente replicado por los demás estados de los demás países con el afán de perpetuar unas generaciones más su dominación sobre las mayorías.

Y de ahí viene esta confusión de términos que tenemos, pensamos que estar sanos es ser productivos, cuando, a veces, ser productivo está muy alejado de la salud.

Y pensamos que mediante los protocolos y métodos provenientes del sistema de salud vamos a estar más sanos, cuando es un sistema que no vela por nuestra salud, sino por nuestra capacidad productiva.
Hasta el punto de haberse convertido en un negocio en sí mismo.

Un negocio que especula y experimenta con nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Conclusión

No sé si esta explicación refleja claramente la perversión de esta maniobra ni lo mucho que los estados han manipulado a las personas para llegar a la situación que estamos viviendo ahora mismo, en el año 2020, espero sinceramente que sí.

Es imprescindible que una mayoría despertemos y veamos la realidad.

No es ciencia ficción, como las numerosas películas y séries nos presentan, es realidad.

Realidad que está afectando a nuestras vidas, a nuestra salud, a nuestra desdendencia y a la conservación y perpetuación de nuestra especie e incluso de nuestro planeta.

Imagen de macrovector en Freepik

Información básica sobre protección de datos:

Responsable: Diana Valeria Párraga López.
Finalidad: desarrollar su actividad informativa y remitir comunicaciones a los usuarios (en caso que me autoricen a ello)
Legitimación: Consentimiento del interesado.
Destinatarios: Diana Valeria Párraga López y proveedores legitimados externos.
Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos como se explica en la información adicional.
También se puede instar reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos.

¡Ya casi estás dentro!

Te he enviado un email a la dirección que has usado para suscribirte.
Así que, si revisas tu bandeja de entrada dentro de unos minutos, te lo encontrarás ahí.

Es para darte la bienvenida a las «entrañas» de Vida En Salud y explicarte un poco de qué va esto.

Lo mejor sería que, para leer el mensaje de bienvenida, te reserves unos minutos de tranquilidad.
¡Es que te explico muchas cosas en ese email!

Si te queda alguna duda, puedes escribirme a dianavaleria@vidaensalud.es y simplemente, preguntar.