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¿Te gustaría conocer la história que hay detrás de Vida en Salud?

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Estaba pensando que tal vez conoces poco sobre lo que me ha motivado a impulsar Vida en Salud.

Sobre la historia humana que hay detrás de esta propuesta que se distribuye por la red y entra en tus dispositivos electrónicos.

Y tal vez te gustaría conocerla.
Si es así, sigue leyendo que te voy a explicar una anécdota que está en los inicios de este propósito que nos vincula.

Es un poco del cómo se forjó, a lo largo del tiempo, el espíritu que sostiene Vida en Salud.
Quiero explicártelo porque creo que te llevará a comprender mejor lo que te ofrece «Vida en Salud».

Verás.

Cuando estaba formándome como terapeuta floral, aprendí más de la historia de su creador, Eduard Bach, que de todo lo que él desarrolló en cuanto a la naturaleza energética de las plantas.

Y no exagero.

La teoría y los remedios que surgieron a disposición de la humanidad mediante la experiencia vital de Eduard Bach, han aportado mucho, pero las lecciones que tiene su historia, ayudan a comprender el trasfondo de todo.

Y eso tiene un valor inmensurable.

No sé si la historia que te voy a explicar hoy llega a la altura de la de Eduard, pero espero que tenga algo que aportar…

Yo era una niña de unos 6 años y mi mamá había perdido a mi papá, así que tenía que hacer lo que en aquel entonces era un doble papel.

El papel que estaba adjudicado a la mamá y el que estaba adjudicado al papá.

Hablamos de los años 60 en España, plena dictadura de Francisco Franco, cercana al decoro del Nacional Socialismo.

Afortunadamente, aunque mi mamá tenía que salir a trabajar casi todas las horas que yo estaba despierta, estaba mi abuela, que era modista y trabajaba en casa, lo que le permitía quedarse acompañándome a mi.
Y ella tenía la fortuna de tener mi compañía en las largas tardes de costura y historias sobre la vida y sobre los entresijos de nuestra familia.

Creo que las ganas de mi madre de pasar más tiempo conmigo y las ganas de compartir algo de su vida cotidiana, para acotar la distancia que sufría nuestra relación, fue lo que hizo que aprovechara la primera ocasión que tuvo para implicarme en algo que rara vez los niños tienen la oportunidad de vivir.

Ella tenía un cargo creativo en una agencia de publicidad y le destinaron un cliente que fabricaba golosinas para niños.

Mi mamá decidió que iba a desarrollar la campaña conmigo.

Si.

Ideó un guión en que yo era colaboradora importante. Porque tenía que aportar mis conocimientos sobre matemática «moderna» en la elaboración de la campaña.

Estuvimos trabajando en ello y al cabo de un tiempo, la campaña estaba en la calle.

En las tiendas lucían los blisters con el slogan que habíamos creado, las inmensas vallas publicitarias rezaban los esloganes también, con sus imágenes y todo, los autobuses, etc.

¿Sabes cuál fue el efecto que esto tuvo en mi?

Pues, por un lado, no me impresionó en absoluto, mi madre me había explicado lo que iba a pasar y yo ya lo sabía.

Pero despertó una consciencia en mi. 

Supe que existía una dimensión en la comunicación humana en que yo podía lanzar un mensaje a todos, a la mayoría, o a muchos.

Esto es algo que todos los niños tienen integrado hoy en día. Es algo absolutamente cotidiano.

Pero te estoy hablando de un momento en la historia en que la televisión era algo completamente nuevo. En blanco y negro y con horario de emisión, como un comercio.

La radio y los periódicos y revistas, eran el formato en que todos nos enterábamos de aquello que pasaba más allá de nuestra comunidad de vecinos.

Bueno, yo me enteraba por mi abuela, pero ella sí que lo sabía gracias a estos medios.

Y recuerdo que todavía se enviaban telegramas, cuando tenías que comunicarte con alguien urgentemente y ni siquiera existía todavía algo ya tan obsoleto como el FAX.

Era muy inusual que un niño tuviera consciencia de la existencia de una dimensión masiva de la comunicación.

Eso era para los periodistas, unos cuantos profesionales muy preparados.
O para las nuevas «profesiones liberales» que la recién implementada publicidad estaba abriendo en nuestro país.

Pues bueno, yo creo que desde entonces hasta ahora, mi observación del mundo ha estado teñida de esa mirada que adquirí de niña.

Y una pregunta guiaba mis escrutinios de la realidad:
¿Qué es lo importante que hay que comunicarle a la humanidad?
¿Qué es necesario decir?
¿Qué está faltando para que todo el mundo tenga lo que necesita?

Era muy profunda ya por entonces. Es algo que llevo en la sangre, mirar con profundidad todas las situaciones.

Eso es lo que me llevó a interesarme por muchas cosas, entre ellas la salud.
Y descubrí que no podía aislar la salud de todo aquellos que estaba vinculado a la vida o a la muerte.

Y me di cuenta de que los seres humanos estábamos muy desconectados de nuestra realidad humana.
Muy desvinculados de nuestra salud, que es intrínseca a nosotros. A nuestra vida, a nuestra existencia.

Naturalmente nacemos en salud.

Aunque esto ya no es así.

Estamos escindidos de nuestra naturaleza, hemos intoxicado y desequilibrado lo que llaman nuestro hábitat natural.

Así que ha proliferado la enfermedad.

Y la enfermedad invade todas las dimensiones humanas, todas sus etapas.

¡Y los humanos estamos tan desorientados en cuanto a este aspecto que nos limita!

En la consulta de un Doctor, la comunicación es tan desigual que da miedo.
Uno va a la consulta con total ignorancia y es el médico quien decide por uno lo que es necesario. Estamos totalmente en sus manos y totalmente incapaces de comprender ni de debatir sobre lo que más nos conviene.

¡Hemos permitido que las decisiones que nos incumben y afectan sean tomadas por otros!

Y luego nos parecerá extraño que nuestra vida no sea algo que nos satisfaga vivir…

En fin.
Tal vez a tí no te pase.
Tienes mucha fortuna si es así.

Pero yo he estado constatando que esto es así para muchas, muchas personas.

Entonces decidí que lo que más necesitaba la humanidad tenía que ver con la salud. Tenía que ver con el conocimiento sobre la salud. La salud que está vinculada a la vida y, por ende, a la muerte.

No la salud que gestiona la sanidad del estado y sus medios propagandísticos, no.

No la salud que se medica, que se pierde y no se recupera.

No la salud que te mata.

No.

La salud que es vida, que es auto-conocimiento, que es conciencia.
Esa es la salud que hace falta recuperar.

No fue de golpe que lo descubrí, más bien fue una realidad que fue revelándose ante mis ojos a lo largo de los años.

~Diana Valeria

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