Lo que aprendes de los hijos, da para toda una vida

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No sé si lo sabes, pero yo tengo tres hijos, todos chicos.
Ahora son mayores.
Para que te hagas una idea de lo mayores que son, te diré que el pequeño, que acaba de ser padre, haciéndome abuela por primera vez, tiene 29 años.

Ellos no son pequeños, son ya mayores.

Pero durante su infancia me enseñaron muchas cosas.
Observarles crecer y ganar habilidades fue muy enriquecedor para mi.

Hay algo que comprendí que me abrió las puertas de todo un mundo. 

Lo estaba recordando el otro día y he querido contártelo.

Fue una cascada de comprensiones que se activó por la intervención de su padre.
Él me lo hizo notar.

Juan, que tenía 5 hermanas menores que él, a los 20 años tenía los recuerdos de su infancia todavía muy frescos.

Y recurriendo a estos recuerdos, me explicó algo que me hizo flipar.

¡Igual tú ya lo sabes, pero para mi fue una novedad! 

Yo no sabía que los bebés ven pasar sus manos por delante de sus ojos y bueno, casi no las ven, son como una sombra que se mueve por delante de ellos.

Hasta ahí bien, lógico, no tienen suficiente desarrollado ni adaptado el sentido de la vista.
Lo que a mi me impresionó es comprender que no se dan cuenta que eso que están viendo forma parte de ellos.

Que es con el tiempo y la observación que llegan a percatarse de que esas manos tan curiosas que van pasando por delante suyo, son suyas.

Que son él. 
Que forman parte de él y, lo más importante e increíble, ¡obedecen a su voluntad!

Esto es algo que me ha dado mucho que pensar.

Mucho.

Porque entonces yo ya llevaba mis años de observación de las profundidades humanas. 

Me planteaba qué es y cómo se forma la conciencia. Cuáles son los condicionantes que derivan en unas acciones, sentimientos, emociones u otras. 
Quienes y qué somos y cuál es el propósito de nuestra existencia en esta vida. 
Qué hace que queramos y podamos darnos cuenta de unas cosas y no de otras…

Nada del otro mundo, cosas así. 
Ligeritas.

Y había un mensaje que yo recogía detrás de esta evidencia —del hecho que los bebés van tomando consciencia de sí mismos progresiva y paulatinamente—.

Un mensaje que me aproximaba a comprender la forma en que la conciencia se va implementando en nosotros, los seres humanos, y muy posiblemente en otras muchas especies más. 
Al menos especies animales.

Llegué a una conclusión.
Que no me parece nada descabellada, a pesar de que yo no conozco ninguna teoría científica al respecto.

Llegué a la conclusión de que nosotros, los seres humanos, desde que nacemos vamos haciéndonos conscientes del alcance de nosotros mismos.

Del tamaño que tenemos. De nuestras capacidades. De nuestros límites. 
De qué abarcamos y hasta dónde.

También podríamos decir de lo grandes que somos, o de hasta dónde somos de grandes, o hasta dónde llega nuestra realidad existencial.

En definitiva, que nos vamos haciendo conscientes de cuál es nuestra forma.

Y me di cuenta, observando cómo maduraban mis hijos, de que hay un proceso de toma de conciencia de uno mismo, que arranca con la vida y que se ve truncado.

Que nuestra atención se dispersa y deja de enfocarse en esa dirección. 

Hay otras cosas que atender.

Hemos de atender aspectos que nos mantienen unidos a nuestra familia.
Porque si seguimos poniendo la atención en nosotros mismos, con tanta dedicación como requiere ese proceso de consciencia, desconectamos de nuestro entorno.
Y por tanto desconectamos de ellos, a los que tanto necesitamos en esa etapa de nuestras vidas. 

Si hiciéramos eso, nuestro entorno nos olvidaría, nos dejaría atrás.
Porque nadie tiene su atención puesta en la toma de conciencia de la realidad humana hoy en día.
Sin darse cuenta, desconectarían de nuestro proceso y se olvidarian de que nosotros estamos ahí, inmersos en algo que ellos ignoran por completo.

Un bebé, si quiere permanecer conectado con su família, recibiendo su plena atención, no puede mantenerse atento a sí mismo.
A pesar de que es lo que le permitiría ir sabiendo qué es y cómo es, cuáles son las necesidades de su vehículo físico, emocional, mental y espiritual.

Hasta dónde llega nuestra influencia, la influencia de un ser humano sobre su entorno, es algo totalmente desconocido para nosotros. 

Y entonces comprendí que esto que vivimos en la primera infancia, es detonante de una inercia que nos afecta a todos.

Y así, nos quedamos sin comprender nuestra propia naturaleza.

¿Quién sabe cuántas de las cosas y fenómenos que nos rodean y pensamos que no tienen nada que ver con nosotros, son parte de nosotros mismos?
Igual que, en su momento, nuestras manos eran algo ajeno a nosotros y luego pudimos darnos cuenta de que las manos somos nosotros y nosotros somos ellas.

Ahora nadie tiene la más mínima duda de que así es.

¡Queda tanto por descubrir! 
¡Tanto por  constatar!

¿No te parece?

Bien pues… Esta es la reflexión que quería compartir contigo hoy.

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