Biotecnología Femenina
01 de mayo, 2026
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En este episodio me detengo frente al mar de Binibeca para reflexionar sobre la potencia de la biología femenina y cómo ha podido ser que la vivamos con cobardía.
Hablo de la gestación no como una enfermedad, sino como la culminación del poder de una mujer, y de cómo este poder nos es arrebatado induciéndonos el miedo para intervenir procesos que nuestra biología ya sabe resolver y hacernos dependientes de una industria perversa.
Acompáñame en esta conversación honesta (entre olas y gaviotas) para empezar a ver nuestra salud desde la lógica biológica y no desde el presagio negativo del paradigma dominante.Sobre este proyecto:Este podcast es parte de mi labor de investigación sobre soberanía de salud. Si quieres recibir mis reflexiones diarias y estar al tanto de los avances de mi nuevo libro, únete a la newsletter en vidaensalud.es.
Transcripción del episodio
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Esta es la transcripción literal del audio:
Vida en Salud, episodio 170.
Pues aquí estoy frente al mar, dejándome arrollar por el ciclo de las olas, dejándome abrazar por la feminidad. Y es un momento especialmente conectado con aquello que quiero explicar hoy, eso que te quiero contar hoy. Porque hoy quiero compartir algunas reflexiones sobre la maravillosa biotecnología femenina.
Y ser mujer es estar conectada sí o sí a los ciclos. Tal vez es de las características más potentes que tiene la feminidad: la fuerza con que los ciclos nos penetran, nos poseen y nos hacen suyas. Y ser mujer es vivir en el pulso de los diferentes ciclos que tiene una vida.
Y de todos los ciclos que podemos vivir como mujeres, tal vez el más potente de todos es el de la gestación. ¿Por qué digo el más potente? Porque es el más poderoso. Es cuando toda la inteligencia que encarna en ese ser se reúne con un solo fin: el de gestar una vida en su interior, el de gestar un cuerpo que ha de canalizar una vida, el de acompañar y apoyar esa gestación. Eso que la vida hace perpetuándose a sí misma, tomando prestado el cuerpo femenino y que el ser mujer nos dota del privilegio de vivirlo de forma encarnada, de vivirlo en el palco presidencial, de vivirlo en primera persona, de conocer cuán potente es la inteligencia biológica de nuestra tecnología, de nuestra biotecnología, de esa biotecnología que somos.
Y lo que más me llama la atención de este tiempo es lo que está pasando con esta etapa en la vida de una mujer. Que se viva con tanto miedo, con tanta cobardía, con tan pocas ganas de ser protagonista de este privilegio. Que se acepten las cesáreas, las anestesias, los controles periódicos cada vez más frecuentes, con un presagio tan negativo siempre.
Y a ver, yo creo que no hay ninguna mujer o bueno, debe de haber alguna, tal vez, no lo sé, pero yo creo que lo usual y natural y racional, hasta racional, es que una mujer se enfrente a su primer embarazo y a su primer parto con un cierto respeto, sobre todo al parto. Con el punto de miedo y el respeto que nos enfrentamos a todo lo que desconocemos, a todo aquello que no hemos vivido nunca. Y claro, gestar y dar a luz es algo muy grande, es normal que las expectativas sean muy grandes también. Al menos yo así lo viví: respeto y miedo en mi primer embarazo y en mi primer alumbramiento, desorientación. Pero una seguridad tan grande también porque el cuerpo está viviendo algo que sabe cómo hacer.
Quien no sabe cómo hacer son los patrones mentales. Y los patrones mentales son el resultado de las historias que escuchamos, sobre todo. Y ya sabemos que las historias que escuchamos son las que nos cuenta el paradigma dominante, aquello que se pone en las ondas y en la realidad, por decirlo de alguna manera, lo que ponen enfrente de ti para que tú lo computes así. Eso es lo que tenemos en el pensamiento y en la mente y eso es lo que crea los patrones que dominan nuestras experiencias vitales, en general.
Hasta que una se da cuenta de que es así, de que ese "yo" que pienso que soy yo no soy yo, es lo que otros han querido que sea. Eso que yo pienso que es tan mío, en realidad no es mío, alguien lo puso ahí para que yo lo pensara. Y cuando te das cuenta de esto y llega a molestarte y llegas a tener verdadera curiosidad por saber realmente quién eres tú, qué es lo que de verdad piensas tú, te empiezas a hacer pausas ante todos estos pensamientos, ante todas estas ideas, ante todos estos razonamientos. Y tal vez, y ojalá, empiezas a practicar el desapego de todo ello y dejas pasar toda esa idea que tienes de ti misma para ver qué es lo que emerge detrás y empezar a encontrarte de verdad contigo misma.
Porque sí, ese miedo al embarazo, a parir, ese presagio negativo, esa idea de que es como una enfermedad, no es un pensamiento que forme parte de ti como mujer. Es un pensamiento creado, de nuevo, porque hay un interés económico, un interés monetario sobre todo esto. Y otra vez señalo a la industria de la salud, que no ha querido perderse los beneficios de ese pastel. Las embarazadas han de pasar por caja y el marketing del miedo se aplica a rajatabla: controles, visitas, pruebas diagnósticas, ecografías, intervenciones varias, etiquetas.
A partir de los 40 años ya tienes un embarazo de riesgo, ¿te suena? Vas a tener que hacerte el doble de visitas y vas a tener que hacer tales tratamientos y vamos a intervenirte de estas maneras porque tu embarazo es de riesgo, tú ya no tienes edad de ser madre. Como si tu biología fuera estúpida y no supiera lo que puede o no puede hacer. No tiene edad de ser madre una mujer que no ovula, pero mientras una mujer ovula tiene edad de ser madre. Y la calidad de los óvulos no tiene que ver con la edad, tiene que ver con lo de siempre: con tóxicos, con formas de vida antinaturales, con hábitos contra natura que casi siempre tienen que ver con la obediencia al trabajo. Eso es lo que daña los óvulos, no la edad. La alimentación promovida por toda la publicidad y todas las autoridades médicas también daña, pero no la edad.
Y eso es mucho cante ver cómo se ha conseguido además que una mujer sea sumisa y acate normas que van contra su propia naturaleza, contra su propio cuerpo y contra la salud del ser que está gestando con este marketing del miedo, con esta manipulación, con esta psicointeniería en uno de los momentos en que la mujer reúne más poder de toda su vida. Además, es para planteárselo: qué están haciendo con nosotros, cómo estamos dejando que nos hagan esto, cómo es que no hay algo dentro que se rebela contra esta manipulación antinatural.
¿Cómo es que hay tantas mujeres que creen que una cesárea programada es mejor que un parto natural? ¿Cómo es que hay tantas mujeres que creen que es mejor pasar por el peligro de una epidural? Que es un peligro, porque te pinchan la médula espinal, no serías la primera que se queda inválida después de esta práctica. Pues eso, pasar por este peligro de que te metan una sustancia dentro de tu sistema nervioso central para que tú seas completamente inconsciente del hecho de estar dando a luz al ser que llevas 9 meses gestando en tu interior, para que te pierdas ese momento.
Yo recuerdo la intensidad del momento de mirar a mis hijos a los ojos, a cada uno de ellos, de mis tres hijos. Mirarle a los ojos y reconocer a ese ser que vivía dentro mío, con el que estábamos haciendo equipo para que su vida pudiera tener un biotraje. Codo con codo, 9 meses. Y tenía la oportunidad de conocerlo, de verlo en los ojos, de ver su cara, de saber quién era al margen de mí. La intensidad de esa mirada que llevo grabada en mi alma. Cuántas mujeres hacen lo posible por perdérselo.
Y que llegas a estar tan desconectada de ti misma, de tus propios sentimientos, del amor que te inspira el propio hecho de gestar y ser capaz de procurarle a tu hijo una experiencia terrible al nacer. De hacerle pasar de la intimidad más cálida y cuidada a la exposición más impersonal que no le tiene en cuenta para nada. Hacerle pasar de un espacio mullido, totalmente oscuro, a un espacio ruidoso, lleno de luces y contaminación electromagnética. Hacerle pasar de un único contacto que es el de tu cuerpo y el de tu corazón a ser manoseado y mirado y hablado por gente que no ha visto en su vida, no ha sentido en su vida, ni siquiera tú sabes quiénes son.
Y me dirás que exagero, pero tú sabes que me gusta hablar de ciencia, que no suelo hablar de cosas que no están muy bien sostenidas por estudios que tienen muchas décadas de observación. Y es un hecho que la experiencia que vive, que vivimos mientras somos gestados y alumbrados, marca en mucho nuestra vida. Por eso desde hace unas décadas ya, o algún siglo, desde que el embarazo y el parto han sido medicalizados, tratados como una enfermedad, desde que se apartó a las matronas y se obligó a las mujeres a parir solas, sin su círculo de apoyo y de confianza y en manos de médicos, sanitarios, porque es más seguro, pues desde entonces todos somos hijos del trauma. Porque todos hemos llegado a la vida de forma traumática.
Y mi difunto amigo Ju Pérez diría: es que eso es lo que buscan, eso es lo que quieran, porque el trauma nos desconecta de nosotros mismos. Y como lo que tenemos que ser nosotros es consumidores, consumidores sin criterio, consumidores de lo que nos pongan por delante, pues traumados hacemos mejor esa función de NPC (personaje no jugable).
Bueno, últimamente estoy con los "Scary Movies", estoy dándole la vuelta al marketing del miedo y explicando las historias de terror que hay detrás de todo esto. Pero es así. Es la ventana de Overton, porque poco a poco se va ganando el terreno y al final aceptamos cosas como que nuestro sistema hormonal va a quedar dañado gracias a un tratamiento que se supone que nos va a salvar la vida, se supone, y aceptamos que vamos a depender de una inseminación artificial.
Y permíteme que te diga que no es lo mismo, no es lo mismo. El hecho de que haya un óvulo y un espermatozoide consigue un hecho mecánico y se desarrolla un cuerpo, pero ¿qué pasa? ¿qué se desarrolla en ese cuerpo? Hay muchos embriólogos que se lo están preguntando y ellos dicen que no es lo mismo, que en el encuentro de un hombre y una mujer hay componentes que no hay en el encuentro de un óvulo y un espermatozoide, y que el ser que se forma no tiene las mismas cualidades. No es lo mismo, por más que nos hagan creer que puedes ser madre o puedes ser padre de esta manera. Es posible que no, que no lo seas; algo eres, pero no exactamente.
Y lo siento si ha sido tu opción esta, y siento si te molesta escuchar esto, pero para mí es más importante poner la verdad en manos de tanta gente como pueda que tu molestia personal e individual. Y no tengo nada contra ti, pero sí tengo todo a favor de la vida.
Y bueno, esa ventana de Overton también nos crea la idea de que no hay vínculo emocional con ese ser que estás gestando. Por eso, si en una noche de locura sucede la inseminación, a ti no te importa terminar con esa vida que justo empieza. Si estás preparada para no hacerte responsable de tu propio embarazo, de tu propia gestación, ni de tu propio parto, también lo estás para no hacerte responsable de tu propio aborto, ¿verdad?
Y ahora mismo tengo el jardín lleno de gaviotas, voy a asustarlas porque no me gusta que estén en el jardín. ¡Ey! ¿dónde vais? No sé qué buscan pero no me gusta que estén. Hay que poner límites. Son como ratitas del cielo.
Y bueno, de hecho es triste esto que te estoy explicando, o al menos a mí me lo parece. Habrá a quien le parezca indignante, habrá a quien le parezca triste como a mí, habrá a quien le parezca una tontería, no sé. Pero tenía ganas de comentarlo, de ponerle voz a esto, de hacerlo visible. Qué está pasando con ese poder femenino que se vuelca y se hace firmemente presente durante una gestación. Esa capacidad precisamente de tomar la responsabilidad de lo que estás viviendo y del papel que juegas en ese proceso. ¿Dónde está? ¿Qué está pasando?
Bueno, espero que te haga pensar, que te lleve a algún lugar, que te acerque más a ti misma, sobre todo, y te aleje del discurso dominante que te taladra los oídos y el cerebro para meterte en un redil que te va a llevar a pasar por caja para ser, sencillamente ser. Y que si quieres participar en ese negocio y entregar el fruto de tu trabajo a estas dinámicas, hazlo conscientemente, ¿no? Que sea una elección. Pero es triste que sea fruto de la manipulación, o al menos a mí me lo parece, triste así. Porque también soy madre y he vivido todo el poder que vive en mí, he podido experimentarlo y eso me sorprende.
Y bueno, me voy a despedir por hoy. Estoy en vidaensalud.es. Ahí puedes suscribirte a mi newsletter diaria donde comparto muchas reflexiones, los resultados de mis investigaciones, los proyectos que estoy abordando, las novedades que estoy creando para el beneficio de todos y las formas de apoyo que me voy inventando. Y bueno, pues eso, si quieres conocer esas comunicaciones especiales que puedes encontrar en tu bandeja de entrada todos los días al darte de alta en mi newsletter, puedes visitar vidaensalud.es y suscribirte ahí. Y también puedes escuchar y leer todos los episodios de todos los 170 episodios del podcast Vida en Salud.
Y bueno, esto es todo por hoy. Nos encontramos en el próximo episodio y que hasta entonces tengas muy buenos días y excelentes noches.
Hasta la próxima.