14. El elemento metal, su clima y su emoción dominante
21 de octubre, 2018
📬 ¿Te gusta este podcast? Suscríbete a la Newsletter y obtén ofertas especiales
Hoy seguimos con la salud desde la visión del Tao y profundizamos en el elemento metal con muchas ganas. Porque es la época que estamos transitando ahora y teníamos muchas ganas de daros pautas para el momento presente.Transcripción del episodio
Leer transcripción completa
Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, episodio 14: El elemento metal, su clima y sus emociones.**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira y da claves para llevar una forma de vida saludable. Este proyecto es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Este podcast tiene la intención de difundir información que nos inspire y ayude a reflexionar sobre qué es salud, preservarla o recuperarla y mejorar nuestra calidad de vida. Entendiendo la salud desde el punto de vista más amplio que te puedas imaginar, tocamos una amplia variedad de temas que son los muchos aspectos que afectan, influyen y están relacionados con tu salud.
Si quieres proponer algún tema, escríbeme a vidaensalud@dianavaleria.es y haré lo posible por incluirlo en la programación. Si quieres apoyar al programa, puedes hacer un donativo entrando en las notas del episodio dianavaleria.eu/podcast/14 o en dianavaleria.eu/donar.
La semana pasada empezamos un ciclo en el que queremos ir acercándonos contigo al Tao de la salud. En el episodio 12, dianavaleria.eu/podcast/12, que por cierto, si no has visto te recomiendo pasar por él para comprender mejor lo que trataremos hoy, pues en este episodio hicimos una introducción al concepto básico de la salud taoísta. Vimos las fuerzas del universo, Yin y Yang, cómo se compensan en las cinco estaciones o direcciones y cómo cada una de ellas corresponde a un elemento. Esta semana vamos a ver la estación del otoño, que corresponde al punto cardinal del oeste y al elemento metal. Teníamos muchas ganas de avanzar hasta aquí para poder darte algunas pautas que puedes aplicar en este momento, porque ahora estamos en pleno elemento metal, otoño.
Y para esto, nos volvemos a encontrar con Jordi Gutiérrez, que es nuestro experto en conceptos orientales, y nos explicará cómo el elemento metal interactúa con nosotros mediante la climatología. Hola, Jordi, ¿qué tal?
—Hola, Diana, encantado de volverte a ver. Y bueno, pues vamos a hablar un poquito más, vamos a meternos con el elemento metal, que representa básicamente el otoño, la energía de otoño y la energía que procede del oeste, el tipo de clima que procede de la zona oeste. Así que, bueno, pues dentro del cuadro de los cinco elementos, el metal representa cuando la energía Yang, que sería el calor, el fuego y la distensión, es decir, el verano, empieza a decrecer, se empieza a ralentizar su vibración y empezamos a tender hacia la inmovilidad. Que la máxima inmovilidad que se puede adquirir en nuestro planeta sería la energía del invierno, cuando todo está contraído, incluso cuando el agua está contraída y se convierte en nieve, cuando todo adquiere su forma más densa.
Así que, bueno, pues el metal sería el momento en que la energía empieza a decrecer. Se parece al otoño, el metal también se parece al atardecer y a todos aquellos momentos en los que nos puede invadir una más o menos agridulce melancolía. Todos esos momentos en los que la energía de verano, que es la alegría, desciende, baja de nivel y esa pérdida de la alegría, pues por ley natural nos produce un cierto punto de tristeza.
—¿Entonces sería, por ejemplo, como: es mi cumpleaños y hemos organizado una fiesta y estamos en la fiesta disfrutando todos, ahí sería el momento álgido del verano? Entonces se termina la fiesta, los invitados empiezan a irse a su casa y de alguna manera pues como que ahí vendría la energía del otoño, donde bueno, la fiesta manifiestamente se está terminando, el bullicio se acaba, nos vamos quedando más solos y empezamos a entrar pues en el momento en que recordamos más bien lo bien que lo hemos pasado, ¿no?
—Sí, eso se sucede pues todos los días, es decir, cada tarde nos ocurre. A media tarde, sobre todo cuando ya se acerca el otoño y el invierno, empieza a irse la luz del sol, estamos en una cierta penumbra y la verdad es que la tristeza es palpable, ¿no? Es totalmente fácil de sentir. Además es inevitable, que a veces solo tienes que poner música o encender las luces y se pasa.
—Pero bueno, a veces lo que pasa, me parece a mí, que la tenemos tan integrada, es tan normal porque pasa todos los días, que a lo mejor casi no nos damos ni cuenta. La vivimos sin vivirla, sin ser conscientes a lo mejor.
—Sí, también influye el hecho de que estamos muy ocupados, de que hay mucha gente pues que funciona con horarios diferentes a los de la naturaleza, sea por trabajo, por múltiples obligaciones. Y hay una cosa que no la tenemos muy en cuenta frecuentemente, pero debemos apercibirnos de que hay mucha gente drogada por ahí, que no está respetando sus ciclos. Y drogada puede ser con alimentos, con azúcares, con medicamentos o con mil cosas. Con alcohol, con tabaco, con café, con inputs con información que distrae también, puede ser. Cualquier cosa que no nos permite apercibirnos del momento presente. Exacto, sí.
Entonces, en el fondo, queramos o no nos influye el clima. Lo que pasa es que si cedemos a él y nos dejamos llevar por los impulsos de la naturaleza, la vida es mucho más fácil. Si nos resistimos, pues es como nadar contracorriente.
Bien, pues de todos estos climas, claro, tenemos los cuatro climas que nos empujan y que nos mueven a diario, nos mueven durante el ciclo de 24 horas, nos mueven durante los 28 días del mes lunar, nos mueven también durante las cuatro estaciones del año y durante otros ciclos más largos. Pues bueno, el otoño representaría ese momento del que estábamos hablando de que no deberíamos estar a lo mejor en el gimnasio, sino deberíamos estar dejando que la energía frene. No es que estemos tirando nuestra energía a la basura, es que la sangre solo puede estar en uno de los dos sitios: o está en los músculos realizando actividad física, o está en los órganos internos realizando el mantenimiento.
—¿En los músculos o en el cerebro o en el sí, no?
—En los músculos, el cerebro y sobre todo en el aparato locomotor, que es el que nos mueve a la actividad, a la lucha, a las actividades de fuerza física, a todo lo que requiere esfuerzo. Entonces, hay un ratito en el que la naturaleza se aquieta, el sol deja de calentar la tierra, comienza a venir el fresquito, la humedad, y en esos momentos pues es cuando nosotros aprovechamos y acorde con el clima nos recogemos un poco, nos resguardamos. Ya no está el sol para ampararnos en el exterior, el clima se vuelve más desapacible, pues nos recogemos y descansamos un poco o entramos al menos en estado alfa, en el estado en el que estamos a punto de dormirnos para conseguir que la sangre vaya a lo más recóndito de nuestro cuerpo a hacer la limpieza.
Ya como estación, el otoño pues son tres meses en los que va a predominar un tipo de actividad orgánica determinada. Cuando en otoño la energía empieza a decrecer, el hígado se para. No hagas una cura de hígado en otoño porque no funciona, porque el hígado no le da la gana de sacar las toxinas, no va a tener fuerza. Está recogido. Sí, está haciendo reposo. Y entonces empieza a funcionar el pulmón junto con su compañero, el intestino grueso. Se dedican a gestionar las toxinas, esta vez en forma de mucosidad.
—Y tanto. ¡Cuántos resfriados, gripes, pulmonías y bronquitis hay, ¿no?!
—Sí, sí. En otoño, el pulmón pues lo que hace es coger las toxinas y envolverlas en mucosidad y hacerlas salir. Si son poquitas toxinas, las sacará por la nariz, una rinitis, ¿no?, una mucosidad de nariz. Si hay más, esas toxinas con sus mocos pues te los tragas y se expelen por el intestino grueso. Y si son más toxinas todavía, es decir, por ejemplo por un resfriado, una infección, entonces utilizará el órgano más grande que tenemos, que es la piel, y sacará todas estas toxinas mediante el sudor.
Así que el pulmón está hiperactivo en otoño. Muchos resfriados que tenemos en otoño no son resfriados. Si no tenemos síntomas febriles, no es un resfriado, solo es una crisis curativa. Es decir, que el pulmón está intentando hacer limpieza. Entonces, bueno, pues esa va a ser la parte predominante. Así como la energía del hígado a nivel anímico sería la rabia, la actividad y la creatividad —unas emociones muy activas que ponen en marcha—, en otoño vamos a tener una energía que tiene muy mala prensa, que es la tristeza y la melancolía. Es aquello que decías antes, ¿no?, de que se acabó la fiesta. Pues, o como el último capítulo de Verano Azul y la canción "El final del verano" del Dúo Dinámico. Todas esas cosas que se acaban.
Entonces el elemento metal, la energía otoño, lo que nos sugiere pues es un sentimiento de mirarnos hacia dentro, de bajar la cabeza y mirar nuestro interior, como mirarnos el pecho y sentir todo aquello que nos duele por haberlo perdido o por no haberlo conseguido.
—Sería un momento como de mirar un poco atrás, ¿no? ¿O cómo?
—Sí, bueno, es como lo que cantaba Serrat: "No hay nada más bello que lo que nunca he tenido y nada más amado que lo que perdí". Cualquiera de las dos cosas, lo no logrado o lo logrado y perdido, te da esa sensación de melancolía de que te falta algo. El otoño sirve, en realidad, para sacar la emoción positiva. La emoción negativa sería la tristeza, la que no nos gusta, la que es desagradable; la emoción positiva sería la aceptación. El pasar página, el dejar pasar. Por eso a veces una buena diarrea de otoño te quita un montón de tristezas de en medio, porque bueno, sacas un montón de mucosidad, tiras un montón de toxinas.
—Que la mucosidad sería pues aquel apego, ¿no? Exacto. La mucosidad que nos deja pegados, ¿no?, que tiene tendencia a pegarse.
—Sí, además es así. Nuestro organismo a veces no distingue de una toxina fisiológica a una toxina mental. Así que, bueno, es lo mismo de alguna manera, una genera la otra, la otra genera la una y van juntas, sí. Pero fíjate lo curioso que somos, ¿no?, lo que somatizamos. Pero que la toxina física se convierte en una toxina mental también y la toxina mental se convierte en una toxina física, van juntas. Por lo menos sacamos mocos con las dos. Es decir, da igual que moquees porque estás sacando unos microbios que tienes en la nariz o que moquees porque te ha dejado el novio. Es exactamente lo mismo. Es decir, el excipiente es el mismo. Usamos los mocos para expulsar los microbios y para expulsar la tristeza de la misma manera.
En el fondo vamos acordes con la naturaleza. Cuando lloramos, generamos muchísimas endorfinas con las lágrimas y entonces eso es como un antidepresivo. La mucosidad, la sensación de sacar mocos, llorar y sacar mocos por la nariz, nos da la sensación de que estamos expulsando algo. En realidad estamos intentando expulsar de nuestro interior el recuerdo de aquello que hemos perdido, el recuerdo doloroso. Así que lo hacemos fisiológicamente.
—Yo tengo, mira, yo una vez me acuerdo que, bueno, vivía mi episodio de otoño, otoñal, y tenía un llanto inconsolable. Y en realidad no sabía por qué empezaba a llorar. Y me di cuenta de que a medida que las lágrimas brotaban de mis ojos, a través de esas lágrimas yo podía ver cuál era la tristeza o cuál era el motivo de esa tristeza que antes no conocía. Y entonces llegué a la conclusión de que las lágrimas se dan para que yo pueda ver qué es lo que está pasando dentro de mí.
—Sí, es posible. Es un buen enfoque, es interesante, porque las mismas endorfinas que provocan las lágrimas te acaban dando claridad mental. El principio de un llanto es histérico porque, claro, emoción pura no tenemos siempre. Estamos hablando de tristeza de otoño, pero la tristeza cuando te hace daño es porque está mezclada con miedo. O sea, que estamos jugando con energía de invierno mezclada con energía de otoño. Porque la energía del miedo es la energía de invierno.
Y si además el llanto es histérico, debe haber una parte de energía de verano, que se ha quedado rezagada. Una mezcla de alegría y tristeza que produce histeria. Entonces, claro, como nunca son en estado puro, a veces va bien cuando ese llanto que sentiste se volvió sereno, entonces tuviste la claridad para ver lo que había. Para ver las causas, para ver el proceso y a la vez para poder ser testigo de tu propia aceptación en el fondo y eliminación del proceso.
—Es que solo puedes aceptar lo que ves, ¿no? Exacto, sí. Y si no lo expresas, no lo ves.
—Sí, no conviene tirar las cosas de los armarios sin mirarlas. No sabes nunca lo que has tirado y lo que no. Además, no lo has tirado con conciencia, no te has despedido, así que echarás de menos algo que no deberías echar de menos. A lo mejor sí, a lo mejor estás llorando por algo que aún conservas sin saberlo o estás pensando que conservas algo que ya no tienes si no has podido vivir el proceso de qué está pasando en cada momento, ¿no?
—Sí, es vivir el presente. En el fondo es estar vivos, es llevar unos horarios acordes con la naturaleza porque eso te da la facilidad de sentir las emociones de cada una de las etapas del día o de cada una de las estaciones del año. Pero yo creo que esto que estamos haciendo, de poner hincapié en todos estos ciclos y de qué manera se manifiestan así de forma general y como para todos, es muy bueno también para ayudar a poder poner más atención en cuál puede ser el aspecto vital que estamos viviendo en cada momento y poderlo aceptar y dejar manifestar, ¿no?
—Sí, sí, es cierto, y la relación entre ellos. Porque bueno, ahora estamos hablando de la energía de otoño, pero la estamos poniendo en relación con el resto de las estaciones del año porque somos un todo. Exacto. Y porque en otoño no son tres meses de atardecer. No. Cada día hay un amanecer, hay un mediodía, hay una medianoche, así que la alegría, la rabia, el miedo están ahí todo el día. Lo que pasa es que durante tres meses va a predominar un sentimiento que lo podríamos llamar melancolía en negativo, y en positivo lo podríamos llamar tirar la basura o hacer un feng shui de tu vida.
—Sí, hacer como una valoración de en qué punto estás y tal antes de como encerrarte en la cueva. Ver, a ver qué es lo que me llevo, qué es lo que guardo para el proceso de hibernación al que voy a entrar, qué es lo que voy a conservar para este proceso y qué es lo que ya tiro o en qué punto estoy, digamos, ¿no? Es como una revisión.
—Sí, sí, es muy bueno el otoño. Lo que pasa es que claro, como va asociado a unas emociones y a unas enfermedades que no son nada populares. Es decir, no sé, pues la gente que va con energía de primavera, que van siempre cabreados, son aceptados públicamente, no pasa nada. Y ya no digamos el verano, la alegría, la fiesta. Sí, la gente alegre y sonriente y tal pues tiene muy buena prensa, la sociabilidad, sí. La gente de invierno, la gente asustada o con fobias, como los hay a patadas, pues también está normalizado, la gente lo acepta. Ahora bien, una persona triste, la gente huye como si fuera un apestado. Es verdad. Porque se contagia. De hecho, una persona resfriada, la gente huye como si fuera un apestado porque se contagia también.
Da lo mismo que sea resfriado o triste o las dos cosas, porque además tienen la misma postura, con la cabeza mirando a los pies, encogidos, moqueando, con los ojos llorosos y con unas ganas de pegarle una colleja que te entra. Así que de alguna forma la sensación que te transmite una persona con energía de otoño pues provoca el rechazo de toda la humanidad. Pero es el rechazo que tenemos a ese propio estado en nosotros, claro. Es que todo el mundo teme contagiarse, porque no queremos vivirlo.
—Claro, nadie quiere pasar por eso. Pero es que si no pasas por ahí, la tristeza en el fondo es un momento. Mira, la rabia es un instante. La alegría máxima también es un instante; un orgasmo dura nada y menos. El miedo profundo, el terror, el pánico duran nada también. Y la tristeza también tendría que durar un instante.
—No, pero la arrastramos.
—Sí, porque la mezclamos con la mente. La queremos analizar. Deberíamos sentirla solo. La sientes, la lloras.
—Bueno, yo creo que es porque la rechazamos. La arrastramos porque la rechazamos, está siempre ahí como queriendo salir.
—Sí, es muy ambivalente la tristeza. Por un lado, como dices, la rechazamos y no queremos verla. Por otro lado, la gente que entra en estado de tristeza se queda ahí. Sí, también es verdad. Y no se menean y entonces les diagnostican una depresión crónica, que es algo que no debería existir en la naturaleza. Porque eso es como si fuera otoño siempre. Es imposible, no puedes estar en otoño toda la vida.
—Bueno, hay zonas del mundo que no varían mucho las estaciones. Hay lugares de Venezuela o de Colombia...
—Pero tienen la estación de lluvia. Sí, en el Ecuador tienen la estación de sol, sol, sol y la estación de lluvias. Bueno, sí, hay variaciones pero pocas. Sí, lo único que no hay son las estaciones intermedias. Entonces por eso las lluvias son una barbaridad y el calor es extremo.
—¿Entonces el de alguna manera el carácter de las personas que nacieron y viven allí sería también como el clima?
—Sí, predomina la alegría porque en el fondo la estación de las lluvias no es tan grande como la estación de calor. La estación de las lluvias suele durar la mitad que la estación de calor. Así que les cae toda el agua del mundo en dos meses o tres y el resto del tiempo pues hace sol y buen tiempo y alegría. Sí, es verdad, y son bailongos y ahí se crea la salsa, el reír, el estar al aire libre, el hacer vida social. El calor no da para trabajar mucho, pero con alegría, pues con baile, con música, cantando, riendo pues se sobrelleva muy bien.
Así que, bueno, la energía otoño es que es la más la que tiene peor prensa. Pero es la más regenerativa por otro lado, ¿no?, podríamos decir. Sí, si te sabes estar ahí un poquito y sentirla con conciencia, el otoño es una liberación, es cuando tiras. Y una cosa que no he dicho y que es fundamental es que lo positivo del otoño es que es época de cosecha. Tú sembraste en primavera, el sol coció esos alimentos en verano y tú los recoges en otoño para poder comértelos en invierno, que no habrá comida. Así que en otoño lo que haces es cosechar aquello que sembraste. Y por eso, si sembraste mal en primavera, en otoño te quedarás en la tristeza de ojalá hubiera sembrado más amor, ojalá hubiera hecho trabajo previo, ojalá hubiera guardado comida, ojalá hubiera plantado.
Así que en el fondo estás echando de menos todo aquello que tú no has hecho. Así que entras en un poco en culpabilización, en pena, pues te echas la culpa a ti o a tu entorno, da igual, pero es fácil quedarte en la tristeza porque tienes la sensación de no tener nada. Claro. Pero también, o sea, esto puede ser así y que sea un sentimiento real porque realmente pues tú no has hecho todo lo que podías haber hecho, pero también me viene ahora que puede ser irreal, un poco inducido, porque vivimos en unas dentro de unas normas sociales generadas por un sistema educativo, un sistema de comunicación, ¿no?, todos los inputs que recibimos pues exigen de nosotros como un estándar que a lo mejor no es válido para todo el mundo. Y hay personas pues que no lo alcanzan porque realmente pues tampoco tienen interés o no tienen el momento para cumplir según qué tipo de objetivos que son impuestos desde fuera. Y a lo mejor también podría ser que también pues la sensación esta de no haber hecho suficiente tuviera que ver con esto impuesto, sin que sea...
—Incluso la idea "no tengo nada". ¿En comparación con quién? Con quién o de qué tipo de no tienes nada, ¿no? Porque claro... Yo no me quejo nunca de no tener dinero; cuando lo tengo, lo tengo, cuando no, no. Pero, y cuando en otoño me dejo sentir un poco qué es lo que me falta, pues bueno, lo que procuro es aprender a prescindir de eso. Porque bueno, en esta vida pues te puedes pasar unos cuantos años o décadas acumulando cosas, pero luego más vale que vayas tirando cosas antes de morirte. Exacto. No sea que vayas a dejar más basura en la humanidad.
Así que, bueno, en otoño tenemos la posibilidad: primero, si hemos sido buenos, si hemos hecho nuestro trabajo en primavera —que es sembrar— y en verano —que es ser felices—, en otoño cosechamos. O sea, en primavera haces mucho esfuerzo, trabajas mucho y creas algo. En verano dejas que fructifique solo y tú te diviertes, te haces feliz a ti mismo. Y en otoño vuelves a aquello que sembraste y ves lo que ha fructificado y lo recoges. Y luego en invierno te recoges en tu cubil y te comes administrando bien todo aquello que has recogido.
Así las estaciones pues fluyen, tú fluyes con ellas, aprendes cada año a hacer las cosas mejor, cada año la vida te hace más feliz, cada año sabes hacerte más feliz a ti mismo. El otoño entonces tiene esa belleza pues de las hojas rojizas mezcladas con las hojas amarillentas, del chasquido que hacen las hojas en el suelo cuando las pisas, de esos cielos de diversos colores, de esos ratitos que vas abrigado por la calle y a veces tienes calor, a veces tienes frío. Sensaciones ambivalentes que en el fondo están representando que un verano está desapareciendo del todo y un invierno se va aproximando. Todo termina, todo cambia, todo se transforma, fluye y por lo tanto nunca nos vamos a quedar en esa parte negativa o en ese momento negativo... si lo entendemos como negativo.
A mí yo no lo vivo como algo negativo. No, es que no hay nada negativo. La melancolía, incluso la tristeza, es como le tengo un cariño a ello también. Sí, es como un trampolín. Te dejas caer por ella primero y luego cuando te levantas, te levantas con mucha fuerza. Sobre todo además te ayuda a tirar cosas, ¿no? O sea, todos los problemas de tipo tristeza, melancolía, depresión se solucionan borrando algo de tu vida, eliminándolo de tu vida. Siempre se trata de soltar. A veces cuando cuando ya has soltado lo que te sobra, entonces puedes recoger todo aquello que has sembrado.
—Bueno, antes has dicho una palabra que a mí me gusta mucho, que es la aceptación. A veces pues se trata de hay como un llamado adentro que que está de un aspecto de tu vida, de un aspecto de tu ser que o algún episodio que está llamando ahí para ser aceptado porque no lo estás queriendo ver, no lo estás queriendo mirar, no lo estás queriendo reconocerlo y bueno, a lo mejor se trata de de poder entrar en ese en esa sala y aceptar todo lo que hay, reconocer que existe, que está, aceptarlo para luego poder cerrar la puerta y seguir tu camino, ¿no? No sé, a lo mejor yo cumplo años en otoño y para mí es un renacer, ¿no?, es una renovación. A lo mejor es una experiencia muy subjetiva.
—Bueno, te sube la energía con el cumpleaños, así que está bien, por una cosa compensas la otra. Pero sí, es cierto, la cuestión es que si en cada momento vives la situación actual, el clima actual, la estación del año o la hora del día, te dejas sentir la emoción, siempre te va a enseñar algo. Si hay un momento a media tarde en que sientes tristeza es porque te falta algo, seguro. Piensa qué te falta y también de paso piensa qué te sobra y a ver qué puedes tirar. Que eso siempre va muy bien a veces coger una bolsa de basura negra de esas la pones al lado de la puerta de la calle, abierta, y le vas echando cosas. Y es una buena forma de ir de ir quitando, ¿no? La bolsa está ahí, sabes que cuando se llene la tendrás que bajar. No puede volver atrás porque está en la puerta de la calle, te será muy difícil traerla hacia dentro. Pero, ¿qué es lo que tirarías en esa bolsa?
—Pueden ser cosas simbólicas o yo qué sé, puede ser un dibujo que hagas de una persona con la que tienes un conflicto. Porque de todos los apegos en muchos años de consulta y de instrucción que llevo, los mayores apegos que he visto en las personas son al conflicto, a un conflicto. Parece mentira a veces lo fácil que es olvidar un amor y lo que te cuesta olvidar a una persona que odias. Así que la gran mayoría de veces es intangible aquello que tendrías que tirar.
—Tienes toda la razón, además incluso muchas veces tendemos a buscar el conflicto en todas las relaciones o en todas las situaciones en las que nos encontramos y repetirlo siempre el mismo. Es como si tuviéramos una cierta adicción a un cierto tipo de conflicto y esto también lo he observado en muchas personas, ¿no?
—Sí, es una parte de nuestro crecimiento, pero bueno, pues es algo que deberíamos abandonar después de la adolescencia, después de nuestra etapa primavera que es la adolescencia. Ahí es cuando tenemos una efervescencia enorme de rabia, agresividad porque nos rebelamos contra el mundo porque queremos mejorarlo, así que nos oponemos. Luego cuando ya entras en otoño, los que tenemos una cierta edad, pues casi que nos toca ir tirando cosas y sobre todo conflictos y reticencias y racismos y xenofobias y todo aquello que nos separa de los demás e incluso por supuesto todas las relaciones tóxicas.
El otoño con ese esa sensación agridulce de frío y calor alternándose, porque no se suceden de una forma suave, a veces tiene altibajos, ¿no? A veces sientes pues frío, sol y calor a la vez, por ejemplo. El otoño te remueve lo suficiente como para que te entren ganas de tirar cosas, de tirar aquello que te sobra. Y bueno, de vez en cuando pues los frutos que recoges plantados en primavera, muchas veces en otoño te los encuentras casi sin esfuerzo, no tienes que hacer mucho para recogerlos. Entonces si te quedas con eso, con que te está viniendo abundancia y con que estás tirando todo aquello que sobra de tu vida, vas acorde con la estación, no vas a sufrir las enfermedades físicas del otoño, que son sobre todo muchos resfriados, enfriamientos, enfriamientos que vienen en la parte alta de la espalda, y tampoco vas a sufrir las enfermedades mentales emocionales propias del otoño que sería la tristeza profunda, la depresión y la inmovilidad.
Muy bien, pues con estos consejos nos quedamos y vamos a dejar aquí el episodio de hoy. Seguiremos hablando de otros aspectos del elemento metal y otros aspectos de otro elemento de otros elementos seguiremos abordando la visión taoísta de la salud, desglosándola en otros episodios.
Bueno, pues ya está bien por hoy. Espero que le saques mucho partido a lo que hemos estado hablando hoy y te sirva en tu día a día. Ya sabes cómo has de gestionar tus sentimientos durante este otoño y las actividades en tu día a día para evitar procesos agudos o graves y vivir en mayor plenitud esta profunda estación.
Si te ha resultado interesante este episodio, te animo a que lo compartas por email, por WhatsApp, por tus redes sociales de preferencia, por donde se te ocurra. Si tienes amigos, familiares o vecinos que estén interesados en vivir de forma saludable, hazles saber que existe Vida en Salud. Si quieres, puedes utilizar para compartir la página de Facebook o el usuario de Instagram. Ambos los encontrarás como Podcast Vida en Salud, escrito todo en minúsculas y sin espacios, podcastvidaensalud.
Te recuerdo que las valoraciones, los comentarios y me gusta le dan visibilidad al podcast y harán que pueda llegar a más gente, así que regálame alguno y veamos crecer la comunidad. ¿Te gustaría proponer un tema o tienes preguntas? Pues escríbeme a vidaensalud@dianavaleria.es o deja un comentario en la sección de comentarios de las notas del programa, que es dianavaleria.eu/podcast/14. ¿Que te gustaría recibir un aviso cada vez que publique un nuevo episodio? Bueno, pues fácil: suscríbete en dianavaleria.eu/suscripcion o al canal de Telegram, telegram.me/podcastvidaensalud, todo junto y en minúsculas. O suscríbete al podcast en el reproductor de podcast que estés utilizando.
Agradezco mucho que me escuches. Muchas gracias por acompañarme en este viaje en el que juntas nos proponemos mejorar un poquito a nuestra amada humanidad. Agradezco también a Kidflus el apoyo al cederme las fantásticas melodías que animan la cabecera y el final de cada programa. ¡Me encanta! Te dejo sus datos de contacto en las notas del programa para que lo contactes si quieres que te componga o te grabe una música personalizada para algún evento especial. Si tú también quieres apoyar al podcast para que dure mucho tiempo y pueda ir mejorando sus contenidos, te animo a que hagas un donativo en dianavaleria.eu/donar. Aunque sea pequeño, será de gran ayuda. Pero si es grande, ayudará más.
En el próximo episodio te hablaré de un interesante concepto japonés para aumentar la expectativa de vida, o sea, para vivir más años en mejores condiciones, es decir, en mayor salud. Ahí nos vemos. Que pases muy buenos días y excelentes noches. Hasta la próxima.
—Bien, Diana, pues un placer estar contigo como siempre y hasta la próxima.
—Hasta la próxima.