33. Arnold Ehret y su descubrimiento
16 de febrero, 2019
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Seguimos con la serie "Aprendiendo a comer mejor" y nos zambullimos en el sistema curativo por dieta amucosa, creado por Arnold Ehret a principios del S XXTranscripción del episodio
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Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, Episodio 33: Arnold Ehret y su descubrimiento.**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a vivir una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. En este podcast nos proponemos aumentar la conciencia de que la salud es una responsabilidad personal, de que únicamente tú eres responsable de tu salud y que nadie más lo puede ser. Te ofrecemos información, conocimiento e inspiración que te pueden ayudar a aceptar y tomar esta responsabilidad. Entendemos la salud desde un punto de vista muy amplio y hablamos de los muchos aspectos que afectan a la vida y que están relacionados con la salud.
En el episodio 31 te expliqué por qué principios se puede afirmar que los orígenes dietéticos de nuestra especie, la humana, son frugívoros. Y te hablé de un higienista, y además te hablé muy bien de él: te hablé de Arnold Ehret. Quedamos emplazados en que te hablaría más de los descubrimientos que hizo Arnold Ehret y cuál fue el legado que nos dejó. Y eso es lo que voy a hacer en este episodio.
Para empezar, te voy a explicar un poquito de la historia de Ehret. Porque para entender bien qué es lo que hizo, hay que entender de dónde venía. No voy a profundizar mucho en esto, si quieres podemos hacerlo en otros momentos, en otros episodios, pero te explicaré que siendo joven, Ehret fue diagnosticado de una enfermedad incurable, una enfermedad del riñón llamada la enfermedad de Bright. Parece ser que tiene una sintomatología bastante molesta, y esto fue lo que le impulsó a buscar por su cuenta la solución a su problema, ya que la medicina de la época —estamos hablando de principios del siglo XX, finales del XIX y principios del XX— no le daba la solución a su problema. Él no se conformó con esa enfermedad crónica con la que moriría, o por la que moriría, y se puso a investigar.
La verdad es que él fue contemporáneo a muchos higienistas en una época en que el higienismo tuvo un gran auge en su Alemania natal, y en que hubo muchísimo conocimiento porque el romanticismo alemán se extendió hacia muchas áreas de la vida, entre ellas la salud, el arte, la filosofía, la educación, la pedagogía... hubo como un auge de retomar técnicas de nuestra medicina ancestral. En realidad, la medicina ancestral de nuestra cultura es la que desarrollaron los griegos y los romanos, que a su vez venía de la medicina egipcia.
Entonces, se recogió todo el conocimiento de los clásicos y se practicaba así la medicina. Ehret, además, estuvo viajando por los países de donde eran originarios los conceptos que se iban implementando en los diferentes centros de salud que fueron surgiendo en Alemania y en otros países europeos, y también en Estados Unidos, a donde llegó a parar en última instancia después de darse una vuelta por Asia, por Egipto, por otros países árabes. Él construyó un conocimiento, pero básicamente la cualidad muy especial que tiene Ehret es que él se basó mucho en la observación: en la observación de su cuerpo, de las señales que su cuerpo le daba, de qué lenguaje estaba utilizando y de qué es lo que le estaba diciendo.
Aplicó una observación rigurosa, imparcial y, en base a las conclusiones que le llevaba esta observación, llegó a erradicar su enfermedad. Incluso llegó a tener un nivel de vitalidad que él nunca antes había conocido, pero es que no se conocía en los hombres de la época tampoco. Él estaba firmemente convencido de que el mal, la enfermedad en el ser humano, provenía de la alimentación. Así que afirmaba que la inadecuada alimentación es el origen de la enfermedad. Experimentó con los límites de la alimentación y combinó diferentes dietas con el ayuno. Del ayuno incluso llegó a escribir que es la única herramienta que ha creado la naturaleza para la recuperación, sanación y regeneración del cuerpo; que es la única medicina que ha creado la naturaleza para sanar a cualquier ser vivo.
Si solo fuera esto, la verdad es que no tiene mayor relevancia. Hay muchos médicos, muchos higienistas, muchos investigadores interesados en la salud que han llegado a más o menos las mismas conclusiones sobre la dieta y sobre el ayuno. Pero él consiguió medir el pulso de los ritmos de recuperación del organismo. En primer lugar, Ehret constató que el alimento fisiológico del ser humano es la fruta, como habíamos visto que se podía deducir en el episodio 31.
Además, otra cosa que dice Ehret es que si tú, como ser humano, entras en una carnicería, no sientes un deseo, un apetito voraz por comerte eso que está ahí expuesto directamente. En todo caso, si llegas a comprar esas piezas, las compras porque entra en juego tu imaginación e imagina el sabor resultante que tendrán después de haber sido cocinadas; y no solo el sabor, sino también la textura y el olor. Pero tal como está en la carnicería, a ti no te despierta el apetito. En cambio, eso sí que puedes sentirlo en una tienda de frutas, en una exposición de frutas o de según qué vegetales. Tú puedes llegar a un sitio del bosque que esté lleno de fresitas y tienes ganas de comerlas tal como llegas, o que haya un manzano lleno de manzanas, o las moras de la zarzamora... tantas otras frutas que puedes encontrar en la naturaleza así tal cual, te dan ganas de comerlas. En cambio, si te encuentras un cadáver en el bosque, no te despierta el apetito, no te despiertan las ganas de comértelo.
Ehret argumentaba con esto, además de lo que vimos en el episodio 31, que nuestro alimento fisiológico es la fruta. Pero también se dio cuenta, percibió en su propio organismo y observando también el organismo de los demás, que la fruta, a pesar de que estaba convencido de que era el alimento fisiológico humano, no siempre nos sienta bien. No a todo el mundo, y no siempre a quien le sienta bien le sienta bien.
Esto lo explicó de la siguiente manera: como el ser humano ha abandonado la dieta para la que ha sido concebido hace tanto tiempo, su cuerpo ha cambiado. Al llevar generaciones comiendo sustancias que nuestro organismo no está capacitado para procesar —la leche, la carne, los cereales, las grasas saturadas— y además de forma cada vez más abundante, hace que nuestro cuerpo tenga que cambiar, tiene que habituarse a este nuevo movimiento fisiológico. Porque para que todas esas sustancias que en realidad no procesamos puedan ser metabolizadas, hace falta un esfuerzo extra.
Nuestros jugos gástricos son demasiado débiles, les falta acidez para descomponer las moléculas que componen tanto proteínas como las grasas. Además, el exceso de acidez nos quema, nos daña, no podemos tener la acidez necesaria. Y también vimos que no secretamos las enzimas necesarias para eliminar los residuos que la digestión de proteínas y grasas generan en el organismo. Esto hace que tanto grasas como proteínas sean tóxicas para nosotros, porque no las podemos procesar; son sustancias que no nos sirven en realidad.
Así que nuestro cuerpo tuvo que hacer un mayor esfuerzo para digerir lo que íbamos comiendo cada vez en mayor cantidad, y al no poder eliminar todo, el cuerpo se fue saturando con esos desechos que no podíamos expulsar. Todos estos residuos se fueron quedando dentro de nuestro cuerpo, se fueron almacenando. A veces se acumulan en tejidos blandos y genera mucho volumen, y entonces se ve a la persona como obesa. Y a veces se acumulan en tejidos más densos y fuertes y firmes, y su presencia no se aprecia a simple vista, pero está y se manifiesta de formas más sutiles o, en un momento dado, de formas muy drásticas también.
Si te interesa conocer más sobre estos mecanismos de los que he hablado ahora, te recomiendo que escuches el episodio número 3, en que hablo sobre las falsedades de la alimentación saludable; el episodio número 5, que te hablo sobre la fascia; el episodio número 7, que hablo sobre la linfa; el episodio 21, en el que hablo sobre la comida que se nos vende como sana; y el episodio 25, en el que hablamos con Xavier Uriarte sobre alimentación en general y ayuno también.
Ehret definió que el hecho de que se acumulan los residuos tóxicos en los tejidos de nuestro cuerpo es el origen primario de toda enfermedad. Esos depósitos producían una obstrucción en nuestro organismo y esto hacía que funcionara mal. Y esta obstrucción es causante de la merma de la energía y de la falta de vitalidad. Creó una ecuación que dice: V = P - O, donde V es vitalidad, P es potencia y O es obstrucción. Entonces es: Vitalidad es igual a potencia menos obstrucción. Es decir, cuanto menor es la obstrucción, la potencia se ve menos interferida y mayor puede ser la vitalidad. Cuanto mayor es la obstrucción, más afecta a la potencia y la vitalidad es menor, porque un cuerpo obstruido, decía Ehret, no puede funcionar bien.
Ehret comparaba nuestro organismo a una máquina obligada a trabajar con fricción. Cuando las piezas no encajan bien, en estas condiciones se desgasta y no puede dar su máximo y mejor rendimiento. En resumen, la fatiga y la falta de vitalidad son causadas por la acumulación de desechos en el organismo que produce una obstrucción y podredumbres internas, que llega a ser caldo de cultivo de cualquier enfermedad e incluso de la muerte. Hasta aquí todo parece tener mucho sentido.
Pero es que el genio de Ehret llegó a conclusiones más importantes todavía que esta. Ehret elogió a la fruta como nuestro alimento prioritario, primario, primigenio, y como el único que contiene todos los nutrientes que necesitamos, y además en la proporción en que los necesitamos. Y esto ha hecho que muchas personas que han leído sus obras a medias, llevados por el entusiasmo, se hayan lanzado a comer fruta para curarse de una enfermedad grave. Y esto ha tenido unas consecuencias desastrosas.
Te voy a explicar por qué. Aunque Ehret afirma en sus libros que la fruta es nuestro alimento ideal y experimentó en sí mismo sus beneficios, también explicó con mucha claridad que si el grado de obstrucción es muy avanzado, la fruta puede ser muy dañina por lo excesivamente depurativa que es en sí misma. Te vuelvo a emplazar a escuchar los episodios que te he nombrado antes, porque de verdad que es información que completa y complementa esta que te estoy dando ahora.
También te recomiendo leer un artículo en la web arnold-ehret.info titulado "Steve Jobs y la dieta amucosa de Arnold Ehret". Steve Jobs, creador de Apple, aplicó muy mal la metodología que Ehret explica. Porque, en realidad, Ehret habla claramente de la necesidad de un proceso de transición desde la "dieta de la civilización" —la dieta que comemos nosotros— hacia una dieta frugal. No se podía pasar de la noche a la mañana a comer fruta porque tenía consecuencias bastante peligrosas, y que en este proceso de transición el ayuno es la estrella principal.
Pero además, Ehret nos previno de que para entrar en el ayuno es imprescindible también un proceso de adaptación, una transición inteligente. Y también dejó muy claro que en ningún caso este proceso de doble adaptación se trata de un proceso lineal ni progresivo. No pasa que tú empiezas a limpiar ahora para, dentro de equis tiempo, llegar a comer solo fruta... no, esto no sucede así. Porque en cuanto empiezas a comer más limpio, tu cuerpo no tiene tanta carga que gestionar. Todas esas digestiones difíciles y complicadas que le obligabas a hacer comiendo alimentos altamente antifisiológicos, mezclándolos de formas que aún las hace más complicadas de digerir... en cuanto empiezas a liberar un poco eso, los mecanismos de mantenimiento de tu cuerpo se disparan y entonces empiezan a depurar.
Esta eliminación de tóxicos, que además son tóxicos antiguos que hace tiempo que están depositados en tu cuerpo, no es gratis, tiene su precio. Y entonces, durante estos periodos de depuración, nos pueden sobrevenir muchísimos síntomas que pueden ser más o menos molestos. Todos ellos se pueden confundir con enfermedades, incluso con enfermedades muy graves, y en muchos casos estas molestias no son más que la respuesta del organismo a la liberación de sustancias que lo están dañando. Porque antes de expulsarlas, tiene que sacarlas de donde las tiene acumuladas, y al sacarlas, las vuelve a poner en el torrente sanguíneo y vuelven a intoxicarte otra vez.
Estos síntomas que te da el cuerpo son claves para entender el lenguaje a través del cual tu cuerpo se comunica contigo. Además, otra cosa que afirmó Ehret es que muchas veces la carga tóxica que se expulsa es incluso el resultado de varias generaciones de depósitos tóxicos. Hoy ya se sabe a ciencia cierta que las condiciones epigenéticas se transmiten de generación en generación. O sea, tú tienes unos genes que han sido transmitidos por tus padres, pero todo lo que no son genes, que son circunstancias y condiciones que han hecho que tus padres vivan lo que vivan y sean como son, también te son traspasados, y esto se llama condiciones epigenéticas.
Nuestro sistema no puede estar expulsando tóxicos de forma ilimitada. Cuando estamos en un proceso de depuración muy intenso y de sustancias altamente tóxicas, pues los órganos de depuración pueden no poder con eso, pueden saturarse, pueden rendirse. Mientras tú estés comiendo ligero, comas fruta, solo verduras, seas vegetariano a lo mejor o no, o comas pocos productos animales... mientras tú estés dándole estos espacios a tu cuerpo y le dejes descansar, más energía tendrá tu cuerpo para eliminarlos.
Los residuos tóxicos son ácidos, y cuanto más tiempo hace que están en el organismo, más ácidos son. La acidez nos daña, nuestros tejidos con la acidez se queman. Entonces, cuando los niveles de acidez suben —o sea, el pH baja por debajo del pH fisiológico— hay toda una serie de mecanismos de preservación que se ponen en funcionamiento. Ehret descubrió todas estas cosas, pero no se quedó parado ahí, sino que comprendió cómo evitar esta tragedia que parece no tener salida.
La frase de Ehret es: "La vida es una tragedia de nutrición". ¿Por qué? Pues porque cuanto más intoxicado está un cuerpo, más dependencia tiene de aquellos alimentos que lo intoxican, más anhelo, más deseo tiene de comer aquellos alimentos que le dificultan la salud completa. ¿Y cómo es esto? Pues por los mecanismos automáticos que tiene el cuerpo de preservación y recuperación. Para proteger su integridad, en el momento en que se pone a depurar más de lo que puede eliminar y evitar esa extrema acidez que se puede dar y que el cuerpo se dañe, se pone en marcha un mecanismo muy curioso que Ehret observó: te da hambre, y te da hambre de comer aquello que más te va a costar digerir.
"Necesito comerme una pizza o un plato de pasta", o un filete, o lo que sea. ¿Y por qué pasa esto? Pues porque el esfuerzo que hace el organismo para procesar los alimentos es lo único que puede parar la depuración. Esa depuración que hemos dicho que era superior a lo que los órganos de eliminación podían sostener. Y ¿por qué pasa esto? Pues porque los órganos que están encargados de nuestra digestión están implicados también en los procesos de eliminación y depuración. Y si están digiriendo estos órganos, hay una parte de la depuración que tiene que dejar de funcionar y el proceso depurativo se ralentiza. Es como la respiración: tú no puedes inspirar y espirar a la vez. Cuando inspiras, estás alimentándote, y cuando espiras, estás depurando, estás expulsando lo que te sobra. Pues tu sistema digestivo también: cuando está digiriendo, digiere, y cuando está depurando, depura. No puede hacer las dos cosas.
Y es por esto que cuando ese proceso depurativo está en proceso de dañar al organismo, el propio organismo hace que tengas ganas de comer aquello que va a parar más eficientemente el proceso depurativo. Y esta es la clave por la cual el sistema que diseñó Ehret para ayudar a los procesos de limpieza y de curación del cuerpo no puede ser lineal ni progresivo. Ehret llamó a los alimentos que generan acúmulos en el cuerpo y que tienen digestiones difíciles "alimentos formadores de moco" o "mucoproductores". Y los llamaba así porque observó que producían moco. Y no se puede descartar que durante un proceso de depuración en algunos momentos estos alimentos, aunque ensucian nuestro organismo, sean imprescindibles para sobrellevarlo de una forma equilibrada.
Otra de las grandes verdades que Ehret puso en la palestra es que los procesos depurativos tienden a acelerarse, cogen inercia. Cuanto más depuras, más depuras. Si empiezas a depurar y sigues favoreciendo la depuración, esta se va multiplicando exponencialmente. Por ejemplo, hoy depuras uno, mañana depuras dos, pasado mañana depuras cuatro, al otro depuras ocho, al otro dieciséis... cada vez vas depurando más y más. Por eso el proceso depurativo se convierte en algo según y cómo peligroso. Y esto es lo que hace que mucha gente que empieza un proceso de depuración y a hacer una dieta más limpia llegue un momento que su cuerpo le diga: "¡Guau! Necesito comerme un pedazo de moco", o sea, un alimento mucoproductor, como por ejemplo una pizza o un plato de pasta, o una pasta bien dulce y grasienta con chocolate, con crema o con nata... pues porque tu cuerpo está diciendo: "No puedo más con esta depuración tan exagerada que estoy cogiendo, con esta inercia que estoy cogiendo; cómete esto y paramos un poco y luego ya volveremos".
Este es el mensaje que Ehret nos dejó, la interpretación que hizo Ehret de lo que nos dice nuestro cuerpo. Y entonces también he de decir que Ehret dio también muchísima importancia a las deposiciones, y explicaba también que en muchas ocasiones la consistencia mucosa que adquieren las heces derivadas de estos alimentos generadores de moco hace que sea más difícil eliminar toda la caca que hay dentro de tu colon porque se quedan pegadas en las paredes del intestino. Ehret aseguraba que es imprescindible defecar tantas veces como comes. Que si comes tres veces al día y no cagas tres veces al día, vas con retraso y estás acumulando tus heces en el intestino. Y esto es origen de muchas patologías, incluso sin ser digestivas.
Para la eliminación de las heces, Ehret también recomendaba ayudas. En su sistema curativo por dieta amucosa, los purgantes y los enemas son imprescindibles, sobre todo en los ayunos. Por más que mejores tu alimentación y vayas consiguiendo comer más limpio, no te puedes imaginar que tu cuerpo está más limpio si no expulsas todas las heces que se pueden estar generando en tu colon. Estás manteniendo los tóxicos dentro y estás favoreciendo una autointoxicación cada vez con sustancias más antiguas en un proceso de descomposición cada vez mayor.
Y bueno, yo hasta aquí creo que te he explicado todos los puntos que son base del sistema curativo por dieta amucosa que creó Ehret basándose en sus propias observaciones y en los conocimientos que pudo ir recopilando. Este sistema curativo por dieta amucosa es lo que muchos creemos que propició su muerte, su misteriosa muerte en misteriosas condiciones justo después de haber escrito sus libros que eran de alguna manera el libro de lectura de los cursos en los que él tenía pensado transmitir este conocimiento que había alcanzado. Justo después de dar ese primer curso, Ehret nos abandonó en ese accidente. Ya solo por este detalle, yo creo que es evidente que este hombre descubrió algo que podía hacerle daño a alguien que tenía mucho poder, y era algo que seguramente era válido.
Y bueno, yo creo que con esta información ya tienes un poco más claro quién es Ehret, cuál es su legado y por qué lo considero tan importante. ¿Qué te parece? ¿Para ti el legado de Ehret es tan importante como lo veo yo? Me encantaría conocer tu opinión. Ya sabes que si te ha quedado alguna duda sobre lo que te acabo de explicar o hay algo que no hayas entendido bien, puedes preguntarme. Puedes usar la sección de comentarios de las notas del programa, el formulario de contacto dianavalería.eu/contacto o escribirme al email vidaensalud@dianavaleria.eu.
Y si quieres leer a Ehret, puedes escoger diversas traducciones y bueno, yo personalmente te recomiendo la traducción que ha hecho David Gil, porque es un convencido y experimentadísimo ehretista que lleva dedicado algunos años de su vida a la práctica de los postulados de Ehret y creo que es de las personas que yo conozco que más respeta lo que de verdad estaba transmitiendo Ehret. El libro se llama "Sistema curativo por dieta amucosa" de Arnold Ehret, traducido por David Gil.
Muchas gracias por escucharme, gracias por participar, gracias por tus comentarios, por tus sugerencias, por tu reconocimiento... gracias por darle sentido, todo el sentido al podcast Vida en Salud. Sin oyentes es que ni siquiera existiría. Muchas gracias también a Kitflus por haberme cedido las melodías del programa. Comparte este episodio si te ha gustado, permite a los niños que escuchen el podcast... Si quieres recibir un aviso en tu correo electrónico cuando publique, puedes suscribirte en dianavalería.eu/suscripcion.
Nos reencontramos hablando de diseño humano de nuevo. Os transmitiré la charla que dio Igor hace unas semanas en las Giordas del Montseny en que nos transmitió cómo eran los arquetipos de este año que acabamos de empezar según la visión del diseño humano. Que pases muy buenos días y excelentes noches. ¡Hasta la próxima!