50. El gozo de aprender a disfrutar
24 de julio, 2019
📬 ¿Te gusta este podcast? Suscríbete a la Newsletter y obtén ofertas especiales
Hablando y filosofando sobre la vida, el aprendizaje y el propósito del mismo.Transcripción del episodio
Leer transcripción completa
Esta es la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, episodio 50.**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Sabemos que nadie más que tú es responsable de tu salud, que nadie más que tú tiene poder para decidir su destino y que tú eres la persona más adecuada para cuidar de tu vida. Creemos que si cedes tu responsabilidad, estás renunciando a tus derechos y a tu libertad. Y es por esto que hemos decidido ofrecerte información, conocimiento e inspiración que te puedan ayudar a tomar las decisiones más acertadas sobre tu salud y la de los tuyos.
Entendemos la salud desde un punto de vista muy amplio, así que no te extrañe encontrar información sobre los muchos aspectos que afectan a la vida y que no se suelen vincular con la salud, aunque para nosotros lo están. Y si nos vas siguiendo, pronto comprenderás esta visión.
Hoy vas a escuchar una grabación que hice con mi amigo Joan Contreras en el café-bar del Hotel Europa en Granollers, ciudad en que él tiene su consulta como psicólogo. Verás que se oye mucho barullo de fondo. Bueno, a mí me gusta que haya sonido de ambiente en las grabaciones, pero en esta se les fue un poco la mano a los clientes del bar. La verdad es que no pensé que se iba a oír tanto, pero bueno, creo que la charla es suficiente inspiradora para que la comparta con todo y eso. Y bien, pues eso: hablamos sobre todo del placer de aprender.
—Psicólogo de familia, ¿no? Sobre todo tu actividad es asesorar a educadores, padres, familiares…
—Me paso todo el día asesorando, pero me encanta, ¿eh? Es que es fascinante. El mundo de la familia es fascinante, el mundo de las emociones es fascinante, el mundo de cómo funcionan y la lógica que tienen… es genial.
—La lógica que tienen. Es un buen punto de vista, no me lo había planteado nunca. Lo podríamos explorar un poco: la lógica que tienen las emociones.
—Cuando un niño pequeño hace una rabieta, tiene su lógica. Cuando una mujer no quiere responder a las preguntas de un marido, tiene su lógica. Cuando un adolescente reacciona como reacciona, tiene su contexto. Otra cosa es que te moleste más o menos y que ahí te resuene de forma apacible o de forma que te requema, ¿no?, que es como agresivo. Y ahí el poder ver las relaciones que existen, las que se ven y las que están por detrás de las que se ven, es genial. Es muy, muy, muy bonito.
—Pero sobre todo cuando se trata de padres e hijos es una cosa que es muy visceral lo que surge, ¿no? No es una cosa que se pueda, por un lado, tomar conciencia fácilmente y mucho menos regular fácilmente, ¿no?
—Ahí has tocado el punto clave porque, claro, la gente en principio no… sí que piensa sobre lo que pasa, pero no se lo toma como un trabajo concienzudo o como un espacio de reflexión. Y cuesta mucho saber cómo funcionan las cosas a nivel emocional cuando estás totalmente implicado. Necesitas de alguien que te dé un feedback o que te dé su opinión desde fuera lo más objetiva posible, ¿no? Exacto. Se mueve tanto en lo que es, por ejemplo, la relación madre e hijo o madre e hija… es tan bestia, que claro, incluso el padre tampoco se lo imagina, ¿entiendes?
—Es un vínculo tan intenso, tan estrecho, no sé cómo decirlo, tan arcaico incluso, tan ancestral.
—Exacto, exacto, ¿no? Entonces estamos hablando de unos temas que en el momento en que te zambulles, que profundizas…
—Y bueno, creo que es un área que además está como muy dejada. Bueno, ahora a lo mejor a nivel de la educación infantil se empieza a poner un poco más de atención en el tema de las emociones, de la regulación emocional, ¿no? Pero hasta hace bastante poco era como una parte muy oscura que no se ponía casi atención, ¿no?
—Había vergüenza, o hay aún mucha vergüenza en expresar emociones. Queda incluso mal, por ejemplo, ser positivo o optimista; te tachan de iluso o de idealista. Por suerte, como decías, en los colegios están empezando en la educación emocional de forma bastante incipiente pero consistente también a la vez. Creo que es básico para poder avanzar como sociedad. Si empieza en los colegios, pues habrá un estímulo hacia las familias también, si no se lo hubieran planteado.
—Bueno, a mí lo que más me gusta es poder explicar a la gente las emociones que vive y que ella no se da cuenta. Porque por la sensibilidad que tengo, por la empatía que tengo, me es muy fácil conectar con las emociones, ¿no? Y en este sentido se puede hacer un trabajo en que la persona empiece a tener un método para ser consciente de qué es lo que le pasa. Y este ir dándose cuenta es súper chulo, es muy bonito. Activa lo que denomino la sabiduría interior. Y en ese camino de sabiduría interior en que todos estamos, yo creo que es realmente fascinante. Y cuanto más años tienes, más sabiduría puedes alcanzar, ¿no? Quiero decir que la edad va a favor nuestro. ¿Cómo lo ves tú?
—Yo es de las experiencias que más me gusta vivir: el darme cuenta de qué me está pasando. Por ejemplo, tengo una típica aplicación de móvil y a veces me ves ahí escribiendo, pero no estoy escribiendo a nadie, estoy escribiendo algo que me he dado cuenta en ese momento. Y el escribirlo me ayuda mucho a poder reflexionar sobre ello después, a poder ir haciendo tu propia biblioteca, ¿no? Y en las relaciones con los demás es algo que no se acaba, es que no se acaba. Tú vas a ir descubriendo cosas porque una persona porque tiene hijos y van creciendo, y a la vez eres hijo y la relación con tus padres, y a la vez eres hermano…
—Y resuena. La relación de los hijos y los padres resuena.
—¡Todo mezclado! Es que es algo fascinante. Es como meterte en un bosque de neuronas emocionales y saber dónde estás tú, dónde está el otro… Los sentimientos de amor, que lo inundan todo. Es el tejido conjuntivo de la relación. Es algo fascinante.
—Tejido… eso me ha gustado, ¿eh? El tejido conjuntivo de la relación. Eso suena muy bien. Es lo que da la estructura.
—La persona… lo que tenemos más fácil es autoengañarnos para seguir una inercia, para seguir una rutina, para no tener que enfrentarnos a la ansiedad del vacío. Porque cuando estamos en esta situación, lo primero que sentimos es como ansiedad, ¿de acuerdo? Y no tienes de dónde agarrarte, ¿no? Es como “¿y ahora qué?”.
—Entonces yo le digo a la persona: “¿Cómo sabe la oruga que se va a convertir en capullo y luego se va a convertir en mariposa? ¿Cómo lo sabe?”.
—Yo creo que no lo debe saber.
—¡No lo sabe! Pero está hecho un lío. Es una hipótesis, pero en principio vamos a pensar que no lo sabe. Y entonces, claro, ahí estamos en plan oruga y estamos en plan capullo. Es como el chiste aquel de los bebés que están en el vientre materno, que son gemelos y que hablan el uno al otro y le dice: “Dicen que ahí fuera hay algo”, “¡Ah! ¿Tú qué dices? ¡Qué dices! Ahí fuera no hay nada, solo existe esto de aquí dentro”, ¿no?
—Bueno, que es la metáfora de la caverna de Platón. Exacto. Es decir, que fíjate, con dos chistes hemos llegado al gran filósofo, a esa sabiduría. En que ponía el ejemplo de personas que estuvieran en una caverna encadenadas —también Platón iba a su aire, ¿eh?— y estas personas que estaban dentro de esa cueva encadenados solo podían ver las sombras de las personas que pasaban por encima, que había un fuego y se proyectaba la sombra sobre la pared. Entonces ellos se creían que eso era su realidad, las sombras. Que luego es un concepto que recoge sobre todo un gran psicólogo que se llama Jung, que habla de la sombra. Es muy profundo el mito de la caverna, pero simplemente para dar la pincelada para que la gente sepa un poquito de qué va, ¿no? El que no lo sepa. Y que a veces estamos nosotros en una caverna que vemos sombras y nos pensamos que es la verdad. Hay que indagar, hay que indagar para buscar la verdad.
—Y ahí está ese maravilloso proceso de descubrimiento que para mí es fascinante dentro de la gente a la que ayudo y dentro de mí mismo también. Yo lo primero que le digo a la gente es: “Si no sabes, es buena respuesta”. Cosa que en el cole esto, vaya, te fulminan. Tú dices en el cole “no sé” y te ponen mala nota. Y en cambio aquí el “no sé” es la fuente, el inicio de la creatividad y del desarrollo de ti mismo. Porque luego está aquella frase tan bonita que dice: “No esperes saber qué va a ser de tu futuro, invéntalo”. ¡Y tanto! Ahí estamos. Créalo, planifícalo. Y eso es lo que nos hace creadores. Somos creadores, nos hemos olvidado en general, ya no nos acordamos. Los niños, cuando juegan con barro, con plastilina, con maderas, con elementos que no son objetos hechos como juguetes, son creadores y continuamente están creando. Ahora es un castillo, este trocito de bola de papel es un planeta… y tenemos que quitarnos el sombrero ante este despliegue de creatividad.
—¿No crees que eso es un poco también el mantenerse vivo? El vibrar en ese aprender. Yo encuentro mucha gente que no le gusta aprender, pero por las experiencias del cole. Está condicionado. Sería natural en nosotros entonces. Yo creo que sí, yo creo que sí. Y luego hay gente que está más interesada en ver qué hace el fin de semana o dónde se va de vacaciones que en aprender cosas. Yo creo que es muy loable también, pero yo creo que eso es como haber perdido el foco en cierto modo. Porque en realidad yo me enfoco en ir de fin de semana a tal sitio, cuanto más extraño mejor, porque así podré tener experiencias más nuevas, más diferentes y aprender más. Pero estoy obviando que lo que en realidad yo estoy buscando es aprender cosas nuevas a lo mejor.
—Yo creo que es innato y que si rascas, todo el mundo tiene algo que le gusta aprender, yo creo. Alguna área del conocimiento que le gusta más que otra. Y hay una vibración de aprendizaje que te hace sentir vivo, te hace sentir niño o niña. Es aceptar que somos poca cosa, que nos creemos que podemos saber mucho pero en realidad…
—¿No te da la impresión de que a lo mejor, en cierto modo también, este amor por el aprendizaje de las cosas externas a nosotros, de aquello que pasa, de los condicionantes, de lo que hay a nuestro alrededor, no se da también porque aquello que nos envuelve, que nos rodea, nos muestra aspectos de nosotros mismos y en realidad ese es el aprendizaje que realmente nos llena?
—Y muchas veces no queremos verlos. Muchas veces no queremos afrontar lo que la realidad nos muestra, nos cuesta. Y es más fácil ponerte una tele, una película en la tele en el sofá y me olvido, y ver aquella característica en aquella persona de la tele o de la peli. Me olvido, empiezo a criticar y me siento a gusto criticando, y vivo de esa manera. Yo en cuanto veo a personas que me piden ayuda y me dicen que ven según qué programas de televisión, se lo prohíbo terminantemente. De raíz. Y si no, no quiero que vengan conmigo.
—Como detonante para empezar a trabajar: deja de ver Gran Hermano.
—Gran Hermano, Mujeres y Hombres y Viceversa… todo esto tiene que ser anulado de raíz. Con perdón para los productores del programa y los que asisten, con todos mis respetos, pero desde mi punto de vista no es que no aporte, sino que dificulta. Yo sé de gente que ha dejado de ver programas de estos y luego se ha sentido aliviado o aliviada. Cuando ves que puedes aprovechar el tiempo libre que tenemos en cosas que te hacen sentir bien, es tan diferente, ¿verdad? Pero hay una línea social de ocio masivo que hay que tener cuidado porque te descuidas y entras. Te atrapa muy fácilmente. Tienes que ir con mucho cuidado y tener un ojo crítico.
—Realmente sí, y valorar mucho si realmente te está haciendo bien o es un bien inducido como un concepto de lo que está bien. Porque está muy bien adornado. La mentira aceptada por muchos tiene mucha fuerza igualmente, tiene más fuerza que una verdad oculta. Claro, decía Oscar Wilde —no sé si era Oscar Wilde— que una mentira repetida mil veces llega a ser una verdad. Se puede comportar como si fuera una verdad, nunca llegará a ser una verdad pero puede comportarse. Entonces, bueno, el sentido crítico es importante tenerlo.
—En el trabajo con familias que decíamos al principio, retomando un poquito la conversación del trabajo psicológico terapéutico: cuando ves a una familia están todos reunidos —porque a veces trabajo con toda la familia a la vez— entonces se pueden ver las interacciones fácilmente sin que te las tenga que explicar una persona. Porque una persona viene y te dice: “Ah, es que yo con mi hijo o con mi hija me pasa esto o lo otro”, pero otra cosa es tener el niño delante y ver realmente lo que pasa. Porque una cosa es lo que yo me imagino que pasa y otra cosa es lo que pasa en realidad.
—Y además en las familias hay muchas dinámicas que tienen que ver con los ancestros y son completamente inconscientes. Esto sí que es muy difícil de tomar conciencia.
—Yo en este sentido trabajo con una persona que trabaja muy bien las constelaciones y a veces le derivo pacientes. Ahora que sale la terapia de constelaciones, yo soy fan de la terapia de constelaciones; para mí es científica 100%. Y si se hicieran estudios científicos lo comprobaríamos. Porque yo te diría que una gran mayoría, más del 90% de gente que ha ido a terapia de constelaciones que le he acompañado yo incluso en la terapia, ha funcionado. Ha funcionado por muy mágica que parezca. Si vas a enfocarte en un tema muy concreto, muy determinado, tal vez… porque es que si no es un mundo en el que te puedes perder. Si una persona va a “voy a hacerme una constelación a ver qué sale”, se diluye mucho todo y lo que puedes conseguir es poco.
—Sí, sí, yo lo trabajo así como parte integral de una terapia. A mí me gusta trabajar con diferentes profesionales que en un momento dado cada uno puede aportar a una persona, porque yo lo he hecho; yo en mi terapia personal he ido pasando por diferentes profesionales. Y creo que es lo bonito, alimentarnos de lo que te puede aportar cada uno.
—Y diferentes disciplinas, ya no saliendo también del ámbito psicológico digamos, porque muchas veces puede haber comportamientos que afectan a la psique o afectan a la respuesta emocional o afectan a la capacidad cognitiva de darte cuenta de las cosas, que están vinculados también a un aspecto más físico, que podría ser pues una disfunción de algún órgano, parasitosis de algún tipo… en fin, hay muchas cosas que también pueden estar induciendo pues un comportamiento psicológico determinado.
—El tema, por ejemplo, hormonal es muy importante. Yo ya le puedo hacer terapias a una persona hipertiroidea o hipotiroidea, que si no solucionamos el tema de hormonas vamos a tener unas repercusiones, y esa persona se puede sentir culpable o se puede sentir mal porque la terapia no funciona y hay una base orgánica. La persona y tú que estás conduciéndola. Claro, evidentemente.
—No sé, es fascinante. Es que, claro, estos temas cuando entras ya en la conjunción del cuerpo, de las emociones, los pensamientos, la historia familiar… te da idea de la amplitud de lo grandes que somos y que somos como un eslabón dentro de una gran cadena. De algo muy grande. Nosotros somos muy grandes pero aún formamos parte de algo mucho más grande.
—Y al principio de la conversación lo decíamos: el tema de la ley de la correspondencia, como es lo grande es lo pequeño, como es el átomo es la galaxia y como es el dibujo del niño son sus emociones —que esto lo utilizamos mucho los psicólogos— o como es el gesto de una persona también son sus emociones. Según los gestos que hace… y ahí, por ejemplo, están todas las artes terapéuticas: cómo el teatro puede movilizar, cómo el reír moviliza también. Yo a la gente que ayudo intento que rían en cada sesión. Si no ríen me siento un poco fracasado. Eso es un parámetro de esos de… bueno, a lo mejor no toca. A lo mejor no toca, pero intento que se rían, ¿no?
—A veces pienso que estamos en una sociedad demasiado cómoda y cuando nos fijamos en gente que lo pasa mal cerca nuestro, el mundo cambia. Al que le cuesta respirar, al que le cuesta caminar… empiezas a valorar cosas más sencillas de lo que en principio nos podríamos imaginar. Evolucionar hacia una cultura de la sencillez creo que sería una buena cosa. Estamos en una cultura de lo fascinante, de lo grande, de los grandes eventos… y lo sencillo… lo vamos a petar.
***
Muchas gracias por escucharme, gracias por participar, gracias por tus comentarios y sugerencias, gracias por estar dándole sentido a Vida en Salud. Gracias también a Kit Plus por la cesión de las melodías del programa. Comparte si te ha gustado. Si tienes niños, permite que escuchen el podcast; la información que compartimos puede ser muy útil para ellos desde cualquier edad. ¿Quieres ayudar a dar visibilidad al podcast? Pues dale likes en las redes sociales y en la plataforma desde donde estés escuchándolo: iVoox, iTunes… Ponle comentarios positivos, reseñas de cinco estrellas en iTunes. ¿Te gustaría recibir un aviso en tu correo electrónico cada vez que publique un nuevo episodio? Pues suscríbete en vidaensalud.es/suscripcion. Si quieres proponer un tema o exponer una pregunta, escríbeme a vidaensalud@dianavaleria.es o en el grupo de Facebook Vida en Salud Podcast. Si quieres apoyar al podcast para que pueda tener una larga vida y aportar cada vez mejores contenidos, suscríbete al Club Premium de Vida en Salud (vidaensalud.es/registro) o hazte mecenas en Patreon (patreon.com/dianavaleria).
Nos reencontramos hablando de “el frenazo”, un concepto curioso acuñado por Diego Conesa, practicante del eretismo desde hace muchos, muchos años y agricultor ecológico, claro. Y he de decirte que comprender este concepto es crucial para gestionar los procesos de desintoxicación del organismo. Que pases muy buenos días y excelentes noches. Hasta la próxima.