49. Micobiota y salud integral
14 de julio, 2019
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El descubrimiento de la microbiota nos abre nuevas posibilidades en el campo de la salud, sobre todo en el campo del auto-cuidado de la salud. Conoce todos los detalles.Transcripción del episodio
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¡Claro! Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada por párrafos para facilitar su lectura:
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**Vida en Salud, episodio 49: Microbiota y salud integral**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Sabemos que nada más que tú eres responsable de tu salud y nada más que tú tiene el poder de decidir su destino. Tú eres la persona más adecuada para cuidar de tu vida. Creemos que si cedes tu responsabilidad, estás renunciando a tus derechos y a tu libertad. Y es por esto que aquí te ofrecemos información, conocimiento e inspiración que te pueden ayudar a tomar las decisiones acertadas sobre tu salud y la de los tuyos.
Nosotros entendemos la salud desde un punto de vista muy amplio, así que no te extrañe encontrar información sobre los muchos aspectos que afectan a la vida y que no suelen ser vinculados con la salud, aunque para nosotros lo están. Y si nos vas siguiendo, pronto comprenderás esta visión.
Tal vez el descubrimiento más disruptivo y revelador de la ciencia en los últimos años es el descubrimiento del verdadero papel que juegan los microbios en nuestra vida. Es un aspecto crucial para la preservación, el mantenimiento y la recuperación de la salud de forma integral, y no se ha podido estudiar hasta hace poco porque para ello son necesarias técnicas computarizadas. Es una información tan importante y fundamental para la preservación, el mantenimiento y la recuperación de la salud, que es imperante empezar a hablarte sobre el mundo microbiano interno. Por ahora el interno, porque microbios hay en todas partes y, además de vivir en nosotros, nos rodean.
En la charla sobre salud microbiana que colgué en el canal de YouTube hace un par de meses, ya avancé lo importante que es la microbiota. Hoy lo ratifico y quiero profundizar en ello. Hasta hace pocos años, los defensores de la evidencia científica, esa evidencia que sabemos que marca las tendencias del pensamiento desde los dos últimos siglos, pues tenían un discurso en que la descripción del cuerpo humano era puramente mecanicista. Es decir, el cuerpo se veía como una máquina que engranaba funciones que supuestamente se sucedían y trabajaban para un fin global. Y este fin era el mantenimiento de la vida en el cuerpo, claro.
Mira, una muestra muy ilustrativa, o al menos que me parece a mí muy ilustrativa de este paradigma, es la serie infantil de dibujos animados que, al menos en España, se tituló *Érase una vez el hombre* (o *Érase una vez la vida*). Esta recreación de la fisiología que da esta serie es la representación fiel de la visión que tenía la ciencia sobre la vida en el cuerpo humano: obreros y máquinas transportando sustancias de arriba abajo, ejércitos y malhechores, básicamente. Las reacciones químicas para esta visión son las responsables de todos los movimientos, y en base a esa idea fue creada la industria farmacéutica.
Un científico, el doctor Jeffrey Gordon, parece que debió intuir la existencia de algo más que este simple mecanicismo y orientó toda su carrera de investigación médica a la profundización en el estudio del sistema digestivo. En el año 2007, este doctor y su equipo iniciaron una investigación financiada sobre la población bacteriana del sistema digestivo y descubrieron, entre comillas, la existencia de microorganismos simbiontes en nuestro cuerpo. ¿Sabes por qué entrecomillo "descubrieron"? Pues porque yo dudo que lo descubrieran en realidad. Estoy segura de que esta evidencia fue detectada por otros investigadores anteriores y que en su momento fueron silenciados. La historia así lo demuestra, pero esto ya lo veremos en otro episodio.
Los microorganismos simbiontes son virus, bacterias, hongos y levaduras (que son un tipo de hongo) que viven en nosotros de forma que somos su hábitat, somos su casa. Y en su casa, dentro de nosotros, encuentran su alimento y las condiciones ambientales que necesitan para vivir y reproducirse. Y a cambio, ellos nos ayudan con nuestras funciones. Es una relación win-win, ganar-ganar. Y lo que se está viendo últimamente es que no solo nos ayudan, sino que son responsables de aspectos muy importantes para el mantenimiento de la vida, o sea, para el mantenimiento de la salud.
Hasta el momento solo habíamos oído hablar de microorganismos patógenos, seguramente te debe sonar. Y cuando se habla de microorganismos patógenos, se refieren a microorganismos que nos dañan y alteran nuestro equilibrio orgánico. Esto es porque se alimentan de nosotros (son parásitos) o porque generan condiciones en nuestro organismo que son necesarias para que ellos vivan pero nefastas para nuestra vida, para mantener nuestra vida. O por las dos cosas, pueden hacer las dos cosas a la vez. Y la creación de muchos de los productos que se fabrican industrialmente por la farmacoindustria se basa en esta definición o en la existencia de estos seres con estas características.
¿Y qué es la microbiota? Pues la microbiota son los microorganismos que habitan nuestro cuerpo, de lo que estamos hablando. Y como ya te he dicho, son imprescindibles para el mantenimiento de nuestra vida en condiciones. ¿Entonces por qué? Pues porque cumplen funciones muy importantes, como por ejemplo la descomposición de sustancias complejas presentes en los alimentos en sustancias más simples para que podamos asimilarlas. Aquello que se dice que es la digestión, ¿no? En el primer episodio de la serie "Empezando a comer mejor", el episodio 31 del podcast, explico un poco esto de la digestión y la descomposición de sustancias complejas. Entonces, ¿quién se ocupa de hacer esta descomposición? Los microorganismos que viven en nuestro sistema digestivo, o sea, la microbiota.
Y la microbiota no solo hace esto, sino también sintetiza sustancias a partir de lo que comemos. Sustancias como, por ejemplo, neurotransmisores de los que depende la actividad del sistema nervioso central (fíjate qué importante) y otras sustancias que participan en la producción de hormonas que mantienen en equilibrio nuestro organismo y promueven la homeostasis, que es la forma en que el organismo se equilibra a sí mismo. Así como están también sintetizando vitaminas, proteínas y otros agentes básicos para la vida.
En estos estudios de los que te hablo se ha descubierto que la microbiota juega un papel tan importante en nuestro organismo que dicen que es la base sobre la que funciona nuestro sistema inmunitario. Y esto es totalmente lo contrario de lo que llegó a afirmar Pasteur. Y hay que tener en cuenta que las teorías de Pasteur han sido el principio científico sobre el que se ha fundamentado la práctica médica desde los inicios de la medicina moderna. No sé si te das cuenta de lo que significa esto.
En fin, la microbiota es tan importante para el mantenimiento de nuestra vida que se la ha llegado a considerar un órgano en sí mismo. No sé cómo lo llamarán como órgano: el órgano microbiótico, el órgano microbial... no lo he visto referido de ninguna manera, solo que se considera un órgano, pero no me han dicho el nombre.
Y tenemos otro descubrimiento más que tira por tierra las teorías de Pasteur, que es una teoría a la que yo le tengo especial aversión, la verdad. Y este descubrimiento es sobre los microbios buenos y los microbios malos, sobre los virus y bacterias, hongos y levaduras patógenos. Mira, hay muchas familias y tipos de microorganismos que habitan en nosotros. A esto se le llama cepas microbianas, ¿vale? Muchas de ellas tienen fama de ser causantes de graves enfermedades, sobre todo antes del descubrimiento del funcionamiento de la microbiota y del microbioma humano.
Pero desde este descubrimiento se sabe que estos microorganismos patógenos a su vez cumplen funciones muy necesarias. Tanto que si no estuvieran, nuestro cuerpo carecería de un agente imprescindible para su óptimo funcionamiento. Pero a la vez, si está presente en demasiada cantidad o en la compañía inadecuada, también nos enferma. En realidad, lo que están demostrando las investigaciones es que no se puede considerar a cada cepa microbiana por separado; que la microbiota forma en sí un ecosistema, un único cuerpo, entre comillas, por decirlo de alguna manera, ¿no? Un único cuerpo que funciona como un equipo y su actividad se puede dar en sentido constructivo o en sentido destructivo. Y ambas direcciones son igualmente imprescindibles para el mantenimiento de la vida física.
Y a raíz de todo este estudio, se está haciendo muy evidente que el buen funcionamiento de nuestro organismo depende más de un equilibrio microbiano que de un tipo u otro de microbios. O sea, que no hay microbios buenos y malos; son microbios y ya está, y cumplen una función vital. Sabemos que son buenos en comunidad, trabajando en equipo y cuando la presencia de cada cepa específica está en la cantidad adecuada. Si esto se altera, entonces se altera la actividad microbiana y nos puede dañar.
Entonces resulta que para que haya este equilibrio es necesario tener una gran diversidad de cepas conviviendo en nuestro cuerpo. O sea, muchos tipos de microbios. Aunque tienes que saber que hay tres cepas que son mayoritarias y sostienen la actividad de toda la comunidad. Pero si esta diversidad y el equilibrio en esta diversidad se pierden, es cuando puede llegar a dominar una bacteria o un virus o un hongo que, aunque es beneficioso en la cantidad adecuada, si se multiplica en exceso llega a invadir nuestro sistema y hacer que nosotros, o sea, nuestro organismo, trabajemos para que él y su colonia mantengan la vida.
Entonces nos ponemos enfermos, tenemos síntomas desagradables porque el ambiente en nuestro cuerpo deja de ser el óptimo para nuestra microbiota (o sea, nuestra composición de microbios ideal) y pasa a ser ideal para solo un tipo de microbios. Exagerando, pero más o menos sería así. Y de hecho, si piensas cómo se comporta la naturaleza, es muy fácil entender esto. Uno de los principios de la filosofía hermética, aquella que no se daba a conocer a nadie porque era necesario ser muy erudito para entenderla, pues uno de los principios de esta filosofía es que como es adentro es afuera. O sea, que si observas cómo se comporta la naturaleza fuera de ti, tendrás una aproximación muy real de cómo se comporta la naturaleza dentro de ti.
Entonces mira, ¿qué pasa en nuestra naturaleza externa? Pues la cadena trófica mantiene a las diferentes especies animales en equilibrio, ¿no? Cuando falta un depredador de alguna de las especies, esta se multiplica demasiado y llega a devastar el ecosistema en que habita gracias a sus hábitos cotidianos continuados, ¿no? La forma en que se alimenta, cómo y por dónde se desplaza, su tipo, la composición y la calidad de sus defecaciones y orines, ¿no? Todo esto hace que la tierra se descompense, ¿no?
En cambio, si hay diversidad de especies, los hábitos que tienen son variados, la alimentación es diversa (o sea, no depredan solo zanahorias, por ejemplo, comen de todo) y el terreno no se intoxica con solo un tipo de desechos, sino que los diferentes tipos de desechos que producen las diferentes especies se compensan unos con otros. Por ejemplo, generan un tipo de flora específica cada uno porque alimentan un tipo de semilla cada uno, y cada tipo de planta a su vez atrae un tipo de insecto específico que también tiende al equilibrio. Normalmente, cuando tú no intervienes, por ejemplo, los desechos que segrega una sirven de alimento a la otra, a la otra especie de plantas, ¿no?
Y así es como la naturaleza se va equilibrando a sí misma y mantiene un ambiente en que todos los seres vivos que la componemos podemos convivir y sobrevivir. Y eso mismo es lo que sucede con la microbiota. Necesitamos muchos tipos de microbios que estén conviviendo para generar las condiciones adecuadas para que la vida se mantenga en un cuerpo físico. Si falta una cepa que ha de cumplir una función, será suplida por otra no tan específica que no lo hace tan bien. Y si la cepa que falta es sustituida por esta otra, esta última que a lo mejor está presente en el organismo porque su especialidad es una en concreto y tiene que multiplicarse más para cubrir una función que no es la que hace bien, pues va a haber más de las que necesitamos de este tipo.
Y entonces se va a producir una invasión, como pasa por ejemplo con la *Candida albicans*. Sobre todo en las mujeres sufrimos... bueno, porque las mujeres somos sintomáticas a la invasión por la cándida. Los hombres no dais síntomas cuando estáis invadidos por la cándida. O sea, cuando la cándida está en demasiada cantidad en vuestro organismo, no os molesta, no os da síntomas. En cambio, a las mujeres nos produce unos síntomas muy desagradables. Entonces bueno, esta cándida cuando está en demasiada cantidad en nuestro organismo, pues nos molesta, nos hace sentir mal porque por lo que sea ha empezado a tener que multiplicarse más de lo que la necesitamos y nos ha invadido.
A esto hasta ahora, con las teorías de Pasteur, de los antibióticos y de las vacunas, se le ha llamado infección. Va a costar mucho que este término cambie, o sea, que esta forma que tiene la medicina moderna de ver la enfermedad en base a una infección va a costar mucho que cambie, porque hay una industria multimillonaria que se sostiene en base a esta idea. Pero yo no voy a asegurarlo porque los científicos no lo aseguran, así que yo tampoco, pero intuyo que la infección no existe en realidad tal como se ha concebido hasta el momento, sino que se trata de un desequilibrio en la microbiota.
Vamos a ver, imagínate que haces un tratamiento de antibióticos que destruye una cepa de bacterias que produce vitamina K. Y esta cepa, estas bacterias que producen vitamina K, son sustituidas por otras que destruyen el triptófano cuando hay demasiado triptófano en tu cuerpo, ¿no? Este ejemplo no sé si es verídico, no sé si esta realidad existe. Podría ser, pero yo no lo sé. Pero te lo explico así para hacerme entender, ¿vale? Porque explicarte cosas que sí que se saben implicaría liarme en otro tipo de explicaciones que ahora no vienen al caso.
Entonces, si las bacterias que producen vitamina K ya no están en tu cuerpo y las bacterias que destruyen el triptófano pasan a sustituirla para intentar producir vitamina K (sí, pues se tienen que multiplicar y multiplicar más de lo que en realidad las necesitamos, o sea, están las que destruyen el triptófano cuando hay demasiado triptófano y además estas mismas bacterias tienen que sustituir, o sea, se doblan para intentar producir vitamina K o cubrir las funciones que cubren las que producen vitamina K). Entonces, ¿qué pasa? Pues que en tu cuerpo no se está produciendo vitamina K y bajarán mucho los niveles de triptófano porque sí que se está destruyendo más triptófano del que se debería destruir.
Entonces esto hará que cambie tu estado en todas las dimensiones de tu existencia: tu organismo no va a funcionar bien y tendrás malestares, sentirás ansiedad, estrés, tendrás insomnio, etc. ¿Y qué enfermedades están asegurando los científicos que están vinculadas (no voy a decir que sean producidas, pero sí que están vinculadas)? O sea, lo que dice la comunidad científica es que estas enfermedades están vinculadas o se asientan sobre el equilibrio de la microbiota intestinal además.
Y no son pocas estas enfermedades. Yo casi diría que todas, pero otra vez, como los científicos no lo afirman, yo tampoco lo haré. Entonces, bueno, te las voy a leer tal como las tengo apuntadas, ¿vale?: intestino permeable, todo tipo de alergias, asma, bronquitis e infecciones respiratorias, artritis, reumas, dermatitis atópica, dermatitis alérgica, enfermedades autoinmunes (entre ellas el cáncer), colitis ulcerosa, fibromialgia, enfermedades inflamatorias intestinales, apendicitis, colon irritable, diversos tipos de gastritis, intolerancias alimentarias y de todo tipo, infecciones de repetición, inflamaciones crónicas y agudas, tendinitis, dolores musculares y articulares, rinitis, enfermedades neurodegenerativas, pérdida de memoria, pérdida de la capacidad de concentración, autismo, Alzheimer, Parkinson, TDAH (o sea, el síndrome de la deficiencia de atención), demencia, depresión crónica, síndrome bipolar y otras etiquetas psiquiátricas, depresiones agudas sin causa aparente, dolores de cabeza, alteraciones metabólicas como la ganancia y pérdida de peso en exceso injustificadas, obesidad, ciertos tipos de diabetes, colesterol alto, desórdenes alimentarios... ¿Qué te parece? Son unas cuantas, ¿verdad?
Pero bueno, ¿cómo podemos regular este equilibrio de la microbiota? Y pues tenemos una buena noticia: en principio, solo cambiando algunos hábitos, la salud de la microbiota puede mejorar. Podemos alimentar a nuestros microbios, nuestras pequeñas mascotas internas, para que estén sanos, fuertes y sean muy diversos. Tomando conciencia de nuestros hábitos alimentarios y no alimentarios y adaptándolos a las necesidades de la salud de la microbiota, nuestro estado general de salud va a mejorar, y esto está comprobado.
Entonces te quiero listar ahora los alimentos y otros estímulos o actos que alteran la salud microbiana. Porque igual que hay hábitos que regeneran la microbiota, como pueden haber hábitos alimentarios, hay otros que la degeneran. Entonces, para cuidarla, para que puedas saber cómo cuidarla, me parece esencial que sepas primero cómo no dañarla. Entonces te voy a listar estos hábitos que pueden dañar el equilibrio de la microbiota: pues serían alimentos hormonados (carne y derivados animales que, a no ser que tú estés comprando con garantía y conozcas al ganadero que te está vendiendo la carne y sepas cómo la trata, son todos los alimentos hormonados, o sea, la carne y los derivados de animales: la leche, los huevos, etc.).
Productos tratados con antibióticos (que son también todos los derivados de animales, a no ser que estés segura de que el ganadero que está vendiéndotelos no está usándolos). Alimentos pasteurizados, homogeneizados o sometidos a cualquier forma de desnaturalización (la leche se suele homogeneizar, por ejemplo, y la práctica totalidad de alimentos envasados se pasteurizan). También los alimentos ultraprocesados de producción industrial, el azúcar y los edulcorantes artificiales (o sea, el azúcar artificial de inversión química y los edulcorantes artificiales). Los desequilibrios en la dieta también pueden alterar la microbiota. El gluten, algunos tipos de almidones y la leche animal.
Hay personas que son más sensibles que otras a estos alimentos. Por ejemplo, por poner un ejemplo muy típico, el gluten: hay quien solo con probarlo su cuerpo reacciona negativamente y en cambio hay quienes lo toman cada día y no reaccionan de una forma inmediata, aunque se sabe que a la larga todos ellos deterioran la salud intestinal. Y también hay cosas que nos afectan fuera del plato, claro, como por ejemplo el nacimiento por cesárea. ¿Por qué? Porque cuando naces por vía vaginal, la madre te transfiere su microbiota, la microbiota que está en el moco intestinal y cervical. En cambio, al nacer por cesárea, solamente heredas la microbiota que hay en la piel, o sea, tienes muchas menos bacterias y mucho más débiles porque las bacterias en la zona cercana del intestino son mucho más resistentes, mucho más fuertes y cumplen muchas más funciones. O sea, trabajan mucho más por nuestra salud.
Además, al nacer por parto vaginal, la proximidad entre el ano y la vagina hace que gran parte de la microbiota intestinal también pase y así es como la madre le cede a su bebé su inmunidad, además de a través de la leche materna. Y otra de las causas que afectan a la salud intestinal, a la salud de la microbiota, es la falta de lactancia materna. Otra es la toma de antibióticos (tanto de síntesis como naturales, ya te lo digo). La toma de medicamentos de síntesis química también afecta al equilibrio de la microbiota. Las infecciones mal recuperadas, las vacunas (te pongas como te pongas si eres pro-vacuna). Los tratamientos de sustitución hormonal también afectan. El consumo de vegetales tratados con agrotóxicos. El uso de plásticos. El uso de productos de higiene personal y doméstica con sustancias que provocan disrupciones endocrinas (y ya te avanzo que son casi todos, digan lo que digan). También el uso de cosméticos (incluso los infantiles) con sustancias que provocan disrupciones endocrinas también. Y también te avanzo que son casi todos, digan lo que digan. Es más, casi que cuanto más verde es la propaganda a través de la que te los venden, peor. Y también afectan al equilibrio de la microbiota, la salud intestinal, según qué tipos de estrés.
También te interesa saber que entre la microbiota y los estados del ser se establece una relación recíproca. O sea, tanto puede ser que una mala salud intestinal te produzca estrés nervioso como que un episodio de presión emocional y estrés altere tu microbiota. Bueno, en este sentido tenemos mucho que hablar y de hecho es el enfoque sobre la salud que tenemos en Vida en Salud y es lo que vamos a ir tratando siempre. Entonces, a estas alturas, después de todo lo que he dicho, ya te puedes estar imaginando que el estado de salud de la microbiota en nosotros, los habitantes de por lo menos el primer mundo de la sociedad civilizada, no es muy bueno, ¿no? Estamos expuestos a muchos de los factores que debilitan y empobrecen nuestra microbiota. Tenemos muy poca diversidad y además estamos en desequilibrio.
Y según los resultados de las investigaciones, esta es una gran parte de la causa del crecimiento exponencial de muchas de las enfermedades que son tristemente famosas en nuestros días, porque se sospecha que nuestra mala salud intestinal está afectando a la salud de forma integral. Y un gran número de las enfermedades que se están diagnosticando en hospitales y en clínicas que tienen esta información (que como es muy nueva hay muchas que no la tienen), pues se están tratando en base a la salud del sistema digestivo, del colon, de la microbiota.
¿Y qué necesita la microbiota para estar sana entonces? Pues por supuesto presindir en lo posible de la mayoría de los elementos listados en el apartado en que te explicaba qué es lo que daña la microbiota. Pero también es bueno que tengas presente algunas otras cosas, como por ejemplo que los microorganismos están en todas partes y en tu cuerpo se encuentran sobre todo en los accesos, entre comillas, ¿no? que tienen algún contacto con el exterior, como por ejemplo los ojos, los oídos, la boca, todo el sistema digestivo, la vagina, el ano, el conducto urinario y todo el sistema respiratorio.
Pero se concentran en mayor número y en mayor diversidad en el intestino grueso, en el colon, la última parte del sistema digestivo previa al recto, previa a la expulsión. En el colon tenemos como una central de producción de sustancias importantísimas para la vida, y son los microorganismos que habitan la microbiota los principales actores de esta fábrica, entre comillas, de vida. Tanto es así que la salud de partes de tu cuerpo que están muy alejados del colon depende de la salud de la microbiota de este tramo del intestino, como por ejemplo la salud cerebral. Pero ya profundizaremos más sobre esto en otro episodio, otro día.
Y ahora que ya sabes que lo que necesitas es una gran diversidad de microbios que mantengan en equilibrio la actividad de tu microbiota, es fácil comprender que necesitas crear el ambiente propicio para que estas mascotitas se sientan a gusto y puedan vivir y reproducirse en tu intestino, en tu colon. ¿Y para esto qué necesitas? Pues hacerles llegar el alimento, mantener el ambiente de humedad, temperatura y pH adecuados que les ayuden a mantenerse vivas y en plena actividad. O sea, todo esto en el intestino; no estamos hablando de sangre ni de ningún otro lugar. Necesitas que la humedad, la temperatura y el pH del intestino sea el adecuado para que la microbiota se mantenga viva y en plena actividad.
Entonces, uno de los factores que más se utilizan para mejorar la salud de la microbiota es la dieta, aunque también se han desarrollado complementos y técnicas más complejas y específicas para regenerarla, pero esto se usa cuando está demasiado dañada y no puede responder a una mejora en los hábitos alimentarios. ¿Y cuáles son los alimentos y los hábitos que ayudan a mejorar la salud de la microbiota? ¿Verdad que quieres saberlo? Bueno, pues los investigadores dicen que los microorganismos intestinales necesitan fibra para reproducirse. Entonces, es muy importante comer vegetales. Las hojas verdes son los vegetales más ricos en fibra buena para alimentar a los microbios. Así que un buen hábito podría ser empezar tus comidas con una buena y sabrosa ensalada de hojas verdes combinada con otros vegetales crudos que te gusten.
Además, los vegetales también contienen microorganismos que son propios a su estructura y, al comerlos crudos, nos aportan una mayor diversidad microbiana que apoya la actividad de los grupos que ya habitan en nosotros. La fruta también tiene una fibra muy suave que alimenta las bacterias, si bien cuanto más resistente es la fibra parece que es mejor alimento para ellas. Además, tienes que tener en cuenta con la fruta que si la microbiota está invadida por un tipo de bacteria que se alimenta de glucosa, cosa que es bastante corriente... cuando hablábamos, por ejemplo, de la cándida pues es una de ellas, ¿no? pues en estos casos la fruta les aportará más alimento haciendo que todavía se reproduzca más y haya mayor desequilibrio y empeoren los síntomas y la salud de la microbiota.
Lo que yo personalmente ahora mismo no te recomendaría es que comieras crudos vegetales muy ricos en almidón, como la col o la coliflor, la calabaza o el calabacín, por ejemplo. No sé cómo se llaman en el español que se habla en América Latina, lo siento, busca en el diccionario si no te suenan a nada estos vegetales que he nombrado.
Y luego otra cosa muy importante que añadir a tu dieta son los fermentados. Hay más cosas, pero ya iremos entrando poquito a poco. Este episodio se está alargando demasiado y no voy a profundizar ya más, y en los fermentados tampoco. Hablaré de la fermentación en otro episodio especialmente dedicado, que además lo merece porque es importante. Por ahora te voy a decir que los fermentados son, por ejemplo, los lácteos como el yogur o los bífidus (que son dos cepas bacterianas), o el kumis que se come en América Latina, los quesos frescos y secos, las cuajadas, el kéfir. Los vegetales: el chucrut, el kimchi, el tofu, el tempeh, el miso, la umeboshi. No importa si no los conoces, toma nota del que conoces y ya está.
Hay también bebidas fermentadas como el kombucha, el kéfir de agua, las gaseosas producidas con cereales o vegetales que son raíces o tubérculos sobre todo, las aguas minerales naturales con gas (son producto de una fermentación natural de la propia tierra), la cerveza, el vino, el champán, el cava, el tepache, el vodka, el sake, el coñac, el whisky, etc. Estos últimos son fermentos que han llegado a pasar un proceso muy largo de fermentación y se han llegado a destilar. Son fermentos de destilación alcohólica y no valen para regenerar la microbiota, pero sí para promover su equilibrio en algunas circunstancias concretas.
Si quieres saber más sobre alimentos fermentados y estás en la zona cercana al Maresme, en Cataluña, tal vez te interese saber que voy a dar un taller sobre los principios de la fermentación. Será el sábado 21 de julio de 2019 (esto lo digo por si alguien se cae en este episodio el próximo año o cualquier otro) y será en Vilassar de Dalt. Si quieres más información sobre este taller, envíame un email a vidasalud@dianavaleria.es. Mi intención es grabar el taller en vídeo y poner un curso completo sobre fermentación a tu alcance en la web vidasalud.es. Pero si no vas a poder venir al taller o no vas a poder esperar a que lo publique, te dejo el enlace al canal de YouTube de Katita Williamson, que se llama "Yo soy fermentista", y en él encontrarás muchos vídeos para iniciarte en esta práctica.
Y todos los enlaces que están relacionados con este episodio, con todo lo que he estado hablando, los encontrarás en vidasalud.es/podcast/49. En él te dejo dos enlaces a dos documentos científicos (dos papers científicos) que hablan sobre la investigación de la microbiota y del microbioma humano, el enlace al canal de YouTube de Katita Williamson ("Yo soy fermentista"), una noticia sobre el Nobel que ganó el doctor Jeffrey Gordon (que es el impulsor del proyecto del microbioma humano), una lectura sobre el microbioma humano en Wikipedia, un mapa del microbioma humano (una imagen), el enlace a la web del Centro de Análisis de Datos y Coordinación del Proyecto Microbioma Humano y, bueno, creo que con esto tendrás suficiente información para ampliar todo lo que te he estado diciendo, ¿no?
También te dejo los enlaces internos de Vida en Salud, como el Instagram, el grupo de Facebook, el canal de YouTube, la cuenta de Patreon para apoyar al podcast y la suscripción al Club Premium Vida en Salud.
Pues en conclusión, la forma que entendemos el cuerpo humano, su tratamiento y su curación está sufriendo una transformación que va a ser un antes y un después. Los descubrimientos frente a los que nos estamos encontrando van a hacer difícil que se pueda sostener la medicina como se ha estado entendiendo hasta ahora, al menos la medicina moderna, la medicina de estos dos últimos siglos: la ortodoxa, la imperante, digamos. Y la microbiota intestinal y su equilibrio es el factor más importante sobre la salud que se ha descubierto desde que los médicos clásicos y románticos resaltaron la importancia del higienismo.
Muchas gracias por escucharme. Gracias por participar, gracias por tus comentarios y sugerencias, gracias por estar dándole sentido a Vida en Salud. Gracias también a KidsLuv por la cesión de las melodías del programa. Comparte si te ha gustado. Si tienes niños, permite que escuchen el podcast; la información que compartimos puede ser muy útil para ellos desde cualquier edad. ¿Quieres ayudar a dar visibilidad al podcast? Pues da likes en las redes sociales, en iVoox, reseñas de cinco estrellas en iTunes, comenta las publicaciones en las redes sociales.
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Nos encontramos hablando del placer de aprender con Juan José Contreras, licenciado en psicología. Que pases muy buenos días y excelentes noches. ¡Hasta la próxima!