74. Las grasas alimentarias en la dieta
17 de enero, 2020
📬 ¿Te gusta este podcast? Suscríbete a la Newsletter y obtén ofertas especiales
No son pocas las enfermedades que se relacionan al tipo, o al exceso, de lípidos que comemos. Veo que hay muchísima confusión en torno al consumo de las grasas y voy a hablarte de lo que he podido comprender yo en base a mis estudios e investigaciones. Tal vez mi conocimiento encaje con el tuyo y podamos ir desgranado el hilo y entendiendo todos mejor lo que pasa realmente.Transcripción del episodio
Leer transcripción completa
Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, Episodio 74: Las grasas comestibles en la dieta.**
Hoy te voy a hablar de uno de los grupos de nutrientes más controvertidos de las últimas décadas. La conveniencia de las grasas en nuestra dieta ha sido demonizada, ensalzada, incluida o excluida según los paradigmas médicos y de salud de la época; o lo que para mí es lo mismo: manipulada a conveniencia para que se adaptara a la idea de saludabilidad de cada momento.
Aunque, la verdad es que usar el término "grasa" aquí no es lo correcto, porque la grasa es uno de los tipos de lípidos que forman parte de la dieta humana. Así que, si te parece bien, voy a usar "lípido" también para referirme a lo que comúnmente se entiende como grasa. Y bueno, no son pocas las enfermedades que se relacionan al tipo o al exceso de lípidos que comemos.
Como veo que hay muchísima confusión creada en torno al consumo de las grasas, voy a hablarte de lo que he podido comprender yo en base a mis estudios e investigaciones, de mi propio paradigma, que tal vez encaje con el tuyo y podamos ir desgranando el hilo y entendiendo todos mejor lo que pasa realmente. Porque con tanto fake y tanta manipulación de la información que hay en este momento, seguramente unir el conocimiento entre nosotros de forma transparente es la única garantía que tenemos de obtener información de calidad.
Si esta es la primera vez que escuchas este podcast, te doy la bienvenida a Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Nosotros tenemos una forma diferente de entender y vivir la salud: apostamos por una visión en que tú eres protagonista; protagonista de tu salud y de tu vida. Esto te convierte en la persona más adecuada para cuidar de ti, y nadie sino tú debería hacerlo. Por esto, te ofrecemos información, conocimiento, inspiración y motivación que te capaciten para tomar las decisiones más acertadas sobre tu salud y la de quienes dependen de ti. Tenemos un punto de vista muy amplio de la salud, así que no te extrañe encontrar por aquí información sobre los muchos aspectos que afectan a la vida y que no se suelen vincular con la salud, aunque para nosotros sí que lo están.
Habiendo dado la bienvenida a los nuevos miembros, empecemos por el principio y respondamos a una pregunta: ¿Qué es la grasa alimentaria? Ya te he explicado que la forma correcta de llamarlo es lípido, en lugar de grasa, y a lo largo de este episodio vas a entender el porqué. Como sustancia nutritiva, los lípidos forman parte del grupo de los macronutrientes que ya hemos visto en anteriores episodios, cuando he hablado de proteínas y de azúcares complejos, carbohidratos o almidones.
Se llaman macronutrientes porque están formados por varias moléculas encadenadas formando una estructura algo compleja; de ahí lo de "macro" del nutriente. Las proteínas están formadas por cadenas de varios aminoácidos; los carbohidratos están formados por cadenas de varios azúcares simples, y los lípidos están formados por cadenas de varios ácidos grasos. Nuestro organismo ha de hacer un esfuerzo extra para aprovechar los nutrientes de los macronutrientes: ha de convertirlos en sustancias útiles para la alimentación de la célula rompiendo los enlaces que mantienen unidas estas cadenas.
Esto mismo, en lenguaje científico, lo diríamos más o menos de la siguiente manera: para que los nutrientes puedan intervenir en el metabolismo celular, es necesario que los enlaces entre sus moléculas principales se descompongan en el intestino y se conviertan en moléculas de menor tamaño que puedan atravesar la pared del intestino hacia el torrente sanguíneo y ser transportadas por este hasta las células y formar parte de su función metabólica. Te digo esto para que te vayas familiarizando con este lenguaje y tú también puedas leer este tipo de documentos que hablan de esta manera.
Y bueno, ahora me gustaría hacer un repaso sobre de qué forma hemos estado usando las grasas para alimentarnos a lo largo de la historia de los humanos. Porque la humanidad ha tenido diferentes formas de incluir la grasa en su alimentación en los diferentes estadios de nuestra evolución. Por ejemplo, las comunidades recolectoras: es de suponer que la grasa que comían la obtenían básicamente de semillas y frutas. Yo creo que la humanidad en sus primeros tiempos fueron recolectores porque me parece que recolectar en un planeta como el nuestro —que en su forma natural no hace más que generar y ofrecer comida siempre— ha de haber sido la forma más eficiente de obtener el alimento necesario para unos animales que no están preparados biológicamente para la caza, como somos los humanos. ¿No te parece?
Sigamos con lo nuestro. Las frutas contienen lípidos en su composición; algunas más, otras menos, pero es una sustancia presente en todas ellas. Al menos, no se me ocurre a mí ahora ninguna fruta que no contenga absolutamente ninguna proporción de lípidos en su composición. Las naranjas, la piña, los limones, el tomate... todas las frutas tienen algo de grasa. Claro que nuestros ancestros también cazaban. Parece ser que en diferentes momentos de la historia del planeta Tierra, su geología y su climatología han ido cambiando, y los seres que en él habitaban tuvieron que adaptarse a estos cambios.
Si de un clima cálido que daba multitud de alimento vegetal pasaron a periodos en que las temperaturas bajaban tanto que las plantas no podían sobrevivir —como nos indican los estudios paleontogeológicos—, seguro que empezaron a cazar y a comerse a sus hermanos, como la historia nos indica que ha pasado en muchas ocasiones. Me refiero a hermanos animales irracionales, aunque también la historia nos indica que nos hemos comido a hermanos animales racionales. Bueno, dejemos el carnivorismo para otro momento. Sigamos con lo nuestro. Entonces, para los cazadores, la grasa provenía de eso, de la carne de los hermanos; bueno, de la que se almacena entre los grupos musculares, bajo la piel, en las articulaciones y las vísceras de los animales.
Después de esto empieza la civilización, y con ello los aportes lipídicos cambian también. Desde los tiempos de los cazadores hasta ahora, el hábito de comer productos de caza no solo se ha mantenido, sino que se ha civilizado. Hace miles de años ya se empezaron a domesticar algunas especies. La domesticación sirvió para que no tuviéramos que hacer el esfuerzo de cazar cuando quisiéramos comer y para dejar el nomadismo propio de la vida de nuestros antepasados recolectores. Nos especializamos entonces en las nuevas tecnologías: la agricultura y la ganadería, que se complementaban la una a la otra. Nos asentamos en núcleos locales que fueron el origen de las urbes y poblados. ¿Ves qué bonito?
Claro que los animales extraídos de su medio natural llevan otra forma de vida, y esto hizo que la cualidad de sus grasas también cambiara. No es lo mismo comer un animal que ha luchado siempre por su vida y al final lo da todo en una cacería corriendo y escondiéndose, viviendo emociones intensísimas, que un animal que vive sosegadamente, que se lo dan todo hecho y que es sacrificado plácidamente al final de su vida. No, no lo es. No voy a hablar de si está bien o mal, pero son realidades que se han constatado que son.
Y bueno, después de esto, haciendo una rápida carrera, llegamos a la era en que estamos ahora compartiendo este caos en que vivimos: la era postindustrial o la era industrial (esperemos que pronto sea postindustrial). Aquí ya se riza el rizo y nuestra especie empieza a hacer verdaderas filigranas que rozan la más terrorífica de las locuras. En cuanto a alimento se refiere, se empieza a tratar con procedimientos mecánicos, químicos y biológicos para conseguir una perdurabilidad que no tienen en su estado natural. Los lípidos que ahora nos ocupan son los que más sufren con esta transformación. Bueno, mejor dicho, sufrimos nosotros las consecuencias de comer unas grasas procesadas que nos dañan profundamente.
Tenemos muchos diferentes tipos de grasas. Las grasas que contienen los vegetales y las grasas de los cuerpos de los animales tienen diferencias; no son el mismo tipo de grasa. La que está almacenada en el cuerpo de los animales es grasa vegetal, pero procesada por el organismo animal, porque nosotros siempre comemos animales vegetarianos; no comemos animales carnívoros. Por lo menos yo no conozco ninguna cultura que tenga platos tradicionales cocinados con león, o con águila, o con cocodrilo, por ejemplo. Si tú conoces, dímelo; me gustará saberlo. Pero si me baso en mi conocimiento, para mí esto es así. Ojalá alguien me lo pueda desmentir y aprenda cosas nuevas.
Bueno, pues eso. Cuando comemos morcilla, por ejemplo, estamos comiendo grasa vegetal procesada en el organismo de un animal, ¿vale? Es una forma de verlo, ¿pero a que es verdad? Esto no es bueno ni es malo, ni es mejor ni es peor para nuestra salud. Sí es peor para la salud del animal que ha de morir para entregarnos ese alimento, y actualmente, y gracias a la industrialización de la ganadería, también incluye que el animal tenga que vivir una vida de encierro y esclavitud. Así que es bastante malo para la salud del animal, sí. Pero aunque ambas grasas son de origen vegetal, no tienen las mismas características y tampoco suponen el mismo nutriente para nosotros. Verás.
La grasa procesada naturalmente en el cuerpo de un animal se convierte en una grasa saturada, y la grasa vegetal directamente la encontramos en muy diversas formas; por ejemplo, la forma insaturada. Te voy a explicar la diferencia entre unas y otras simplificando mucho con una especie de cuento, a ver si consigo que lo entiendas de una forma que te sea útil. Al menos a mí esta es una explicación que me sirve.
Imagínate que vienen cinco moléculas de oxígeno jugando al corro de la patata y se encuentran con una molécula de hidrógeno que quiere ligar con ellas para juntas componer una molécula de agua (H2O). Aunque el hidrógeno solo necesita que se le unan dos moléculas de oxígeno para formar una de agua, como las cinco moléculas están dentro de un corro cerrado, todas tienen las manos ocupadas y el corro que forman tiene una fuerza electromagnética específica que hace que las moléculas de oxígeno no tengan fuerza para separarse y combinarse con el hidrógeno. Así que el plan de generar agua que tiene el hidrógeno se va a ir al garete.
En cambio, si esta misma estratagema la aplica cuando se encuentra con unas moléculas de oxígeno jugando al baile de las parejas —que van cogidas de la mano de dos en dos— y les propone su plan, ellas pueden decir: "Mira, como cada una de nosotras tiene una mano libre, dos de nosotras podemos dárselas al hidrógeno y formar la molécula de agua", que tiene mucha más fuerza electromagnética porque forma un enlace cerrado también, forma un corro de la patata. Formar enlaces de mayor fuerza electromagnética es algo que les gusta mucho a las moléculas y partículas. Así que el hidrógeno tendrá muchas más probabilidades de éxito.
Entonces se ponen dos moléculas de oxígeno a jugar al corro de la patata con la molécula de hidrógeno y ¡voilà!, "nous avons de l'eau", o sea, tenemos agua. Pues las moléculas jugando al corro de la patata son como grasas saturadas, que no pueden incorporar ninguna molécula más en su composición porque tienen las dos manos ocupadas. Y las que juegan al baile de las parejas y tienen una mano libre son como las grasas insaturadas, que se pueden combinar con otras moléculas para formar nuevas sustancias. Espero que se entienda esta comparación infantiloide que me he inventado.
Bueno, y la información que nos ha llegado es que hay grasas buenas y grasas malas. Aunque esto es verdad, pero como siempre, está muy tergiversada. Y esto es lo que me propongo aclarar en este episodio. Ojalá lo consiga. Vamos a empezar con las grasas saturadas. Esta grasa es más densa y más estable. Como he dicho, como es un corro de la patata, tiene mucha más fuerza electromagnética, se deshace con más dificultad e incorpora nuevos ingredientes con más dificultad, y cambia menos en su composición. Y esto hace que se estropee con más dificultad porque es más íntegra; se mantiene más tiempo en buenas condiciones si las condiciones de almacenamiento la acompañan también. Porque si las sometes, por ejemplo, a mucha humedad o mucho calor, pues harán hongos y se estropearán igualmente.
Este es el tipo de grasa que más mala prensa se ha llevado en las pasadas décadas. Esos tiempos en que el colesterol se convirtió en el enemigo número uno —que aún se arrastra esto—, el enemigo número uno del sistema cardiovascular, y cualquiera que comiera grasas saturadas corría peligro de morir de un infarto, por lo menos. De un infarto cardíaco o cerebral; da igual, cualquiera de los dos. Así que se han patentado y distribuido gratuitamente —es decir, financiados con dinero público— multitud de medicamentos para regular los altos índices de colesterol que había en nuestra sangre por culpa de este tipo de grasas. Los huevos, que durante siglos han sido un manjar exquisito y muy nutritivo que nos aportaba muchos de los componentes que nuestro cuerpo necesitaba para cumplir sus funciones, se empezaron a considerar poco menos que veneno. La carne estofada con verduritas de temporada pasó a ser un atentado contra la salud. Lo que era bueno para no sufrir una invasión de colesterol malo era comer carne, ave o pescado deshidratados y medio quemados en la plancha con patatas fritas para poder tragar esa cosa.
La mantequilla, que desde los orígenes de la civilización había sido uno de los ingredientes más apreciados en la gastronomía, fue sustituida por la margarina, cuyas grasas desnaturalizadas no contenían colesterol malo. Por cierto, te dejo un enlace a un post que explica la curiosa historia de la margarina y de la mantequilla del blog "Gominolas de Petróleo" en el pie de las notas del programa. Vale, vamos por partes. Hablemos ahora de las grasas insaturadas. A estas se las ha galardonado con el título de las buenas de la película y son básicamente vegetales. Y aquí es donde te voy a explicar por qué no son grasas sino lípidos, porque las grasas son consistentes, densas, como el sebo; pero los lípidos incluyen también los componentes más líquidos como son los aceites, que son la mayoría de las grasas vegetales.
La textura de estos lípidos vegetales insaturados es mucho más líquida; son aceites, no sebo ni grasa. Y también son mucho más inestables. Como hemos visto antes, se desenlazan con facilidad, incorporan ingredientes como por ejemplo el oxígeno en su composición y se oxidan, se enrancian. Y esto hace que tengan un olor y sabor muy desagradable y, además, las convierte en tóxicas para nuestro organismo. Los aceites rancios producen una reacción orgánica que genera radicales libres para protegerse de este tóxico, de ese exceso de oxígeno que viene junto con las grasas combinado. Y los radicales libres aceleran la oxidación celular y, por lo tanto, el envejecimiento de las células que componen nuestro organismo. Por lo tanto, nosotros envejecemos más rápidamente y nuestro organismo se desgasta también más rápidamente. Así que no suponen un alimento de calidad para el metabolismo celular.
Los aceites vegetales que siempre se habían extraído de las semillas a demanda mediante prensado en frío y consumidos antes de que se oxidaran para evitar su alteración y pérdida de calidad, dejaron de ser producidos así. Para poder hacer rentable la forma de negocio de la industria alimentaria, se empezó a extraer el aceite con calor, que permite extraer más aceite de cada semilla, pero es algo que produce una saturación no natural y produce lo que se llaman grasas trans (transaturadas). Y luego, para que el sabor y olor a rancio no sea perceptible, han de ser procesados añadiéndole desodorizantes que no tienen la obligación de añadir en la información de la etiqueta, además. Pero quien sí lo percibe es el cuerpo, que sabe que está ingiriendo sustancias en mal estado.
Así como todas las grasas de origen vegetal procesadas por el cuerpo de un animal son saturadas (la mantequilla, el sebo, etc.), no todas las grasas vegetales son insaturadas. También las hay saturadas, poliinsaturadas y monoinsaturadas. Y esta diferencia de saturación son lo que hace que los aceites tengan diferentes densidades. Cuanto más cerca de la saturación, más densos son. Los aceites son insaturados, monosaturados, poliinsaturados, pero las mantecas son saturadas. Sí, mantecas, como la de karité, el cacao o incluso el coco. No son aceites, son más densos, sobre todo expuestos al frío.
Los vegetales pueden estar compuestos de grasas con diferentes grados de saturación, ¿vale? Por ejemplo, el coco tiene un 85% de grasa saturada y una gran parte de ella es de cadena media, que creo que no hace falta que te explique qué es porque si has entendido lo que te he explicado antes sobre los enlaces lipídicos, fácilmente deducirás qué quiere decir una cadena media que no es ni larga ni corta, ¿verdad? Las grasas vegetales tienen una amplia variedad de componentes lipídicos y por eso se han considerado las buenas. Y también porque, en principio, son más fáciles de procesar por el organismo y no se acumulan en los tejidos con demasiada facilidad. Al ser fácilmente combinables, el organismo encuentra muchas formas para expulsarlas cuando ha de hacerlo: las puede combinar con diferentes desechos para poder sacarlas. Pero esto es cierto solo a medias, porque como sus débiles enlaces las hacen muy inestables, la industria alimentaria las somete a procesos que evitan que se deterioren. Y para evitar la oxidación natural de las grasas insaturadas, las someten a hidrogenación, que creo que ya lo he dicho antes. No sé si tardarán mucho en reconocer públicamente que la hidrogenación es tan dañina para las grasas como la oxidación, pero yo no voy a esperar a que eso pase; yo no consumo grasas vegetales hidrogenadas y ya está. Por ejemplo, sin ir más lejos, la margarina.
Y esto me da pie a empezar a hablarte de las grasas trans. La margarina es un conglomerado de aceites provenientes de diferentes vegetales hidrogenados, porque la hidrogenación, como ya te he explicado antes, es un proceso que puede saturar las grasas vegetales y darles las mismas características que las grasas animales: las endurece, las hace más densas, les da consistencia. O sea, es necesario para poder untarla. Además, lleva químicos destinados a darle buen color y eliminar el desagradable olor de los aceites procesados. Yo personalmente la margarina no la consumo nunca, y cuando como fuera de casa escojo lugares que no la utilizan. Tal como comprendo las transformaciones naturales, los productos muy procesados no me inspiran la más mínima confianza, a no ser que sean procesados por mí o por alguien que yo conozca y sea de fiar. Y desconfío de los procesados de todo tipo, incluso de los pensados para dietas vegetarianas estrictas; para mí eso no es garantía de calidad, porque considero que ingerir grasas vegetales procesadas por la industria es más dañino incluso que consumir las procesadas por los animales.
Bueno, volviendo a la margarina. A las grasas trans que se producían durante la elaboración de la margarina en una de sus fases de comercialización se les adjudicó la responsabilidad de muchos problemas coronarios: infartos, obstrucción de las venas y arterias... enfermedades que fueron epidemia en una época y que aún hoy en día estamos viviendo las consecuencias de aquello. Todos los procesos que los humanos nos hemos inventado y que se han implementado como beneficiosos o inocuos, a la larga han demostrado no ser ni tan beneficiosos ni tan inocuos. Y esto ha tenido como consecuencia que se han tenido que modificar los métodos de fabricación para usar, en lugar de los métodos originales dañinos, como pasó con la margarina. Y te vuelvo a recomendar que leas el post que te enlazo al pie de las notas del programa hacia el blog "Gominolas de Petróleo", que realmente explica muy bien todo esto. Pero a pesar de todo, aunque cambien los métodos de producción, nada ni nadie nos puede garantizar que estos métodos de elaboración tan sofisticados que desnaturalizan todo lo que proviene de la tierra sean mejores que los que han venido a sustituir. Pero bueno, esto es así.
Otra forma de grasa transaturada que podemos encontrar y comer es la de los animales que, si es sometida a altas temperaturas —o sea, la cocinas a muy alta temperatura—, llega a quemarse y se transatura también. Así que si comes un bistec, por ejemplo, cocinado a la plancha usando aceite de girasol hidrogenado, estás agrediendo bastante tu salud, por más de moda que se pusiera entre los profesionales de la nutrición en su momento recomendarlo para no tener problemas de colesterol.
Entonces tú debes estarte preguntando qué tipo de grasa es la más saludable, qué grasa es la que debo comer, ¿no? Esta es la pregunta que te interesa contestar, así que vamos a ir a por ella ahora, ¿vale? Y mira, la grasa en tu cuerpo se distribuye por diferentes lugares. Los nervios y el cerebro son ácidos grasos en un porcentaje altísimo. De hecho, hay estudios que relacionan las enfermedades neurodegenerativas con el consumo inadecuado de lípidos (te dejo enlaces a estos estudios en las notas del programa). Después, la piel también contiene una buena parte de la grasa de nuestro cuerpo; el resto se reparte por las articulaciones y órganos vitales. Si bien los órganos vitales no son el mejor lugar para almacenar grasa, ya que las capas de grasa que envuelven en numerosas personas los riñones, el hígado, el corazón, etc., no permiten que estos importantes órganos realicen sus funciones correctamente: los limitan como con una camisa de fuerza. Así que en nuestro cuerpo grasa necesitamos, aunque no nos conviene acumularla demasiado.
Entonces, suponiendo que lo que compone nuestro cuerpo nosotros tengamos que ingerirlo para mantenerlo —que es la idea que tenemos y no voy a derrumbarla por el momento—, hemos de consumir grasa. Pero se ha comprobado que la grasa ha de estar en un equilibrio. Tenemos ácidos grasos esenciales, omegas, poliinsaturados, monoinsaturados, trans, de cadena corta, media, larga... y de todos ellos —menos en principio los trans— necesitamos tener una muestra en nuestro cuerpo, una cantidad de cada uno de ellos. Así que si dependemos de ingerirlos, debemos comer de todos ellos un poco; no solo de uno, de todos. Así que decir que el aceite de oliva es bueno y los demás son malos, o que el mejor es el aceite de oliva, tampoco es del todo cierto (pongo el de oliva porque se dice mucho, o cualquier otro aceite). Si los consumimos de forma equilibrada, además, mantendremos en buenas condiciones nuestros órganos vitales, que no acumularán gran grasa a su alrededor.
Y la forma adecuada de consumir estos lípidos es la proporción entre ellos. Y ahí ya entramos en una complicación en la que yo no te recomiendo que te metas, que son proporciones lipídicas: proporciones de omega-3 con omega-6, con omega-7, y si hay tanto de omega-3 tiene que haber tanto de omega-7 y tanto de insaturado y tanto de cadena corta y tanto de cadena media... Yo no me metería en esto. Disfruta de lo que comes sin comerte demasiado la cabeza, ¿vale? Solo valga, creo que es un buen dato, el hecho de saber que lo mejor que puedes hacer es consumir de todos según más o menos tu cuerpo te va pidiendo. Que a lo mejor un día puedes hacerte un huevo frito, si comes huevos, con aceite de coco en lugar de aceite de oliva, que además es una forma lipídica que aguanta muy bien la temperatura (o sea, es muy buena para cocinar este tipo de grasa), y otro día pues con otro tipo de aceite que también pues aguante la temperatura. Porque es lo que necesitamos: la variedad, como siempre; diversidad es lo que necesitamos.
Quiero hacer algunas advertencias sobre algunas ideas que tenemos, que nos han sido delegadas así por toda esta historia así tan manipulada, ¿no? Entonces, si a ti te gusta la carne muy hecha, muy cocida, ve con cuidado, porque si llega a quemarse se convierte en una grasa trans. Así que si te gusta la carne muy cocida, mejor la cocinas estofada, ¿vale?, que se cocine bien pero que no llegue a quemarse con el aceite. Porque esa combinación —sobre todo, como he dicho antes, si la cocinas con un aceite hidrogenado—, esa combinación es tóxica, es muy mala para tu organismo, de verdad.
Luego, los fritos que tienen muy mala prensa y no es para menos por cómo se hacen, ¿vale?, porque son una cocción a muy alta temperatura y, si usas aceites hidrogenados para su preparación, vas a comerte un alimento transaturado. Entonces tienes que utilizar un tipo de grasa, como por ejemplo el coco que he dicho antes, que no genere transaturación en las grasas cuando las sometes a alta temperatura. Y no es necesario comer muy a menudo, pero si comes de vez en cuando, si te gustan y comes de vez en cuando, pues no te van a hacer daño. Si te gusta la mantequilla, también es un tipo de grasa que puedes utilizar para freír o para cocinar así directamente en los alimentos, porque tampoco se va a transaturar siempre y cuando no subas demasiado la temperatura y se queme, ¿vale? O sea, para freír o incluso cocinar, para sofreír o pochar o como le quieras llamar, yo creo que es mejor utilizar grasas saturadas de cadena media o larga, ¿sí? Las insaturadas, monoinsaturadas o así son demasiado inestables y de cadena corta son demasiado inestables; se estropean enseguida.
Mira, voy a preparar una lista de grasas, mantecas y aceites saludables que puedes encontrar en el mercado y en qué alimentos las puedes encontrar, y así estimularé tu imaginación y empezarás a consumir fuentes de lípidos muy variados, ¿vale? La dejaré en las notas de este mismo episodio y ya avisaré cuando las tengas a tu disposición. Y también te dejo el enlace al post sobre la historia de la mantequilla y la margarina, que es muy interesante, y también unos enlaces a publicaciones científicas que corroboran lo que te he explicado en este episodio, que espero te sirva mucho y te aclare muchas cosas.
Muchas gracias por escucharme. Gracias por participar, por tus sugerencias, por tus likes y comentarios, por compartir los episodios del podcast. Gracias por estar dando sentido a Vida en Salud. Y gracias también a Kidflus por la cesión de las melodías del programa.
¿Te gustaría mantenerte en contacto con las novedades de Vida en Salud? Pues suscríbete en vidaensalud.es/suscripcion. Y has de saber que en esta suscripción recibirás mis boletines a través de un email y en él te explico historias que te ayudan a gestionar mejor tu salud en todas las dimensiones que contemplamos aquí en el podcast. Así que no es lo mismo que estar suscrito en iVoox, o en Spotify, o en iTunes o en el podcatcher que estés suscrito. Te animo a visitar vidaensalud.es/suscripcion y pasar al siguiente nivel de Vida en Salud.
Nos reencontramos la próxima semana hablando con Xavier Uriarte sobre el complejo mundo de las vacunas. Que pases muy buenos días y excelentes noches. ¡Hasta la próxima!