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115. Microbiótica, ayuno y detox

25 de junio, 2021

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Quiero compartir las conclusiones a las que he llegado sobre la alimentación, el ayuno y la detox, ahora que estoy a pocos meses de cumplir 60 años y unos 40 años de investigación en el cuidado personal.

Transcripción del episodio

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Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:

**Vida en Salud, episodio 115. Microbiótica, ayuno y detox.**

Bienvenidos a esta confesión que voy a hacer hoy pública para quien quiera escucharla, porque últimamente me estoy dando cuenta de algunas cosas y bueno, tengo la necesidad de comentar cuáles son mis conclusiones con respecto a esto. Ayer comentaba con las compañeras por aquí que, de hecho, yo he intentado cuidarme desde que he tenido consciencia de que habitaba en un cuerpo que requiere de cuidados. Bastante pronto me he dado cuenta de que, en realidad, la información que había circulando por ahí con respecto al cuidado de uno mismo no era muy fiable en general y que requería de una revisión por mi parte antes de aplicarla.

He estado experimentando mucho y, si hubiera tenido más certezas, habría hecho las cosas mucho mejor. Es por eso que quiero compartir estas conclusiones a las que voy llegando ahora que me quedan tres o cuatro meses para cumplir 60 años. Realmente no hay muchas mujeres de 60 años que estén en mi forma física o que tengan un aspecto de salud como el que yo tengo. Normalmente, las mujeres con 60 años suelen tener un aspecto más envejecido, más deteriorado. Yo creo que es por el tesón que he puesto en cuidarme, en honrar esta existencia física que tenemos en esta encarnación.

Me he dado cuenta de que cada vez que atentas contra tu salud, esto tiene un precio, pasa una factura. Cada vez que no descansas las horas que tu cuerpo necesita, esto tiene una consecuencia. Cada vez que ingieres tóxicos, cada vez que te sometes a condiciones adversas para el equilibrio de este cuerpo, también tiene sus consecuencias. Siempre podemos compensar; cuando te das cuenta de que tomas demasiado alcohol una noche de fiesta y al día siguiente notas que estás muy mal, ahí te das cuenta de que has cometido un exceso que tu cuerpo no lleva bien. No es afín a tu biología. Puedes compensar eliminando el alcohol, tomando diuréticos, descansando más y haciendo una dieta que te ayude a reparar el daño.

Sin embargo, estamos viviendo en unas condiciones en las que nos encontramos muy fácilmente con tóxicos que no tienen consecuencias inmediatas. Tú puedes comerte un paquete de galletas procesadas y ni siquiera notarás un empacho. Te las comerás y ya está, no notarás absolutamente nada generalmente. O puedes estar usando para cocinar un aceite hidrogenado totalmente desnaturalizado y, en principio, no notarás ningún efecto adverso al momento. Pero eso no quiere decir que no sea un veneno. Son un tipo de venenos que no se manifiestan al momento, pero a medida que pasa el tiempo, llegará un momento en que todos estos excesos se van a manifestar en tu organismo de golpe, de una forma bastante dramática.

¿Qué es lo que hace que estas galletas, como la mayoría de cosas que llevan la etiqueta de alimento hoy en día, sean realmente venenos? Pues yo creo que es porque son alimentos desnaturalizados, totalmente desnaturalizados. O sea, que no son alimentos, son sustancias que no le aportan al organismo nada. No tienen ningún nutriente porque, aunque a lo mejor en un laboratorio tú puedas medir que tiene vitaminas, proteínas, aminoácidos, minerales o grasas, en realidad tu organismo no puede usar nada de todo eso.

Nuestro organismo necesita, he llegado a la conclusión, nutrientes vivos, totalmente vivos. Necesita que aquello de lo que nos alimentamos tenga los microorganismos que están presentes en la naturaleza, porque nosotros somos microorganismos. En un porcentaje incluso más alto que las células humanas que forman nuestro cuerpo, hay muchísimos más microorganismos que células. En realidad, al alimentarnos, yo diría que estamos teniendo una forma de sexo con el entorno. El sexo, entendido desde la visión biológica, no tiene que ver con la reproducción, sino con la combinación, con ese intercambio en que lo que te constituye a ti puede pasar a formar parte de lo que me constituye a mí. Si no están esos genes de los microorganismos, los nutrientes jamás pueden ser aprovechados ni utilizados. Ellos son los intérpretes de toda la información con la que entramos en contacto.

Fíjate que, por ejemplo, tú puedes tener plantas sobre las piedras, plantadas en un terreno pedregoso. Esas plantas se alimentan de los minerales que hay en la tierra. Si mantuvieras el ambiente completamente aséptico y no hubiera microorganismos allí en esa tierra, las plantas no podrían alimentarse a través de sus raíces. Porque si no están los hongos, las bacterias o las levaduras que conviertan esos minerales en una información que las plantas puedan procesar, las plantas igualmente morirían.

Estamos viviendo en una realidad en la que nutrirte realmente con los nutrientes que necesitas es cada vez más complicado. Gracias a la validación de la teoría de Pasteur, tenemos abierta una guerra contra los microbios. Se exige que haya más esterilización en los ambientes, cuando también se sabe que en los ambientes más estériles es cuando más resistencia se tiene al equilibrio y más fácil es que se establezca una infección. Al final, lo que nos mantiene en equilibrio a nivel biológico es la existencia de toda la diversidad microbiana. Los microorganismos tienen una capacidad de intercambio de información enorme y una capacidad de mutar también enorme.

Los científicos que les gusta aseverar cosas podrán decir que la microbiota tiene que estar constituida por tal tipo de microbios en tanta cantidad, pero siempre va a ser falso, porque precisamente la vida está en constante transformación y cambio. Nadie sabe realmente cómo funciona nuestro organismo porque jamás se han podido reproducir las exactas condiciones de nuestro organismo en un laboratorio. Se deduce, se imagina, pero en realidad no se sabe. Pero si observamos cómo funciona en la naturaleza, sabemos que es así.

Cuando la industria alimentaria creó la ficción de que la leche fresca (la leche de vaca sin procesar) era venenosa o tóxica, perdimos uno de los más importantes alimentos que tenía la humanidad, uno de los más importantes generadores de intercambio microbiano. Lo que hace la vaca a nivel biológico es magia; tiene una capacidad de regeneración de un ecosistema tan grande. La leche es un alimento que tiene unas cualidades impresionantes. Aquí en España está prohibido comercializar cualquier producto lácteo que no esté procesado previamente. Toda está pasteurizada, sometida a alta temperatura para matar precisamente esos microorganismos que son el beneficio más grande que tiene la leche.

No nos estamos nutriendo. Somos generaciones, desde que se impuso la industrialización en la alimentación, que no estamos obteniendo los nutrientes que necesitamos. Estamos débiles. Cuando yo era pequeña ya era así; mi generación ya no pudo beber leche de vaca natural, y a los que podían comprarla les habían programado para creer que era mala e infecciosa, haciéndoles hervirla antes de tomarla. Ancestralmente, la leche de vaca siempre se ha tomado dejándola fermentar uno o dos días antes de ingerirla, iniciando su proceso de convertirse en queso. Entonces esa leche te sienta bien porque tiene la capacidad de autodigerirse.

Yo, por lo menos en mi vida, durante un tiempo estuve casi obsesionada con el tema de la depuración y la detoxificación, y me olvidé de lo importante que es la nutrición. Si yo estoy bien nutrida, tengo suficiente energía para poder llevar bien esos procesos de desintoxicación. Pero si no tengo suficiente energía, estoy forzando mis órganos vitales, los órganos que se ocupan de eliminar y depurar. He conocido a muchos seres que han experimentado mucho con el higienismo y los ayunos y que, al llegar a cierta edad, han tenido muchos problemas con su dentadura y sus órganos vitales van más cansados.

Ten cuidado. Enfócate en un retiro de "detox" cuando te sientas bien fuerte y bien nutrido, si es que realmente crees que te puede ayudar porque has estado muy intoxicado. Desintoxicar es fácil; requiere un esfuerzo mucho mayor nutrirse que desintoxicarse por la dificultad que tenemos hoy en día para hacerlo. Todos los mensajes que recibimos de la sociedad nos impulsan a lo contrario. Las madres llegan a creer que los alimentos que compran en el supermercado son alimento para sus hijos, pero en realidad son tóxicos porque el organismo va a tener que procesarlos para eliminarlos sin obtener nada a cambio.

Por eso muchas culturas ancestrales tenían el hábito de la fermentación, que además de ser un sistema de conservación natural muy eficiente, ayuda a que haya este intercambio de información microbiana. Espero que esta información llegue a todo aquel que la necesite y que sea clarificadora. Si tenéis alguna pregunta, podéis hacerla en los comentarios. Si quieres mantenerte al día de todo lo que vamos haciendo en nuestra escuela Sendero Ikigai, puedes suscribirte en vidaensalud.es/suscripcion. Estamos en proceso de transformación, migrando a esa comunidad microbiana, esa comunidad viva. Pronto lanzaremos una campaña de crowdfunding para poder hacer un buen lanzamiento.

Hasta la próxima, muchísimas gracias, un verdadero placer estar con vosotros. ¡Que tengas muy buenos días y excelentes noches! ¡Hasta la próxima!