152. Los Algoritmos Y La Vida
31 de agosto, 2024
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Una conversación sobre el concepto de bioalgoritmos y sobre cómo se manifiestan en nuestra realidad.Transcripción del episodio
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Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, episodio 152. Los algoritmos y la vida.**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, un podcast creado para apoyar la actividad de la Escuela Vida en Salud, enfocada en el empoderamiento sobre la salud individual y pública. En esta ocasión, vas a escuchar la conversación que tuve hace unos pocos días con Alejandro, que es miembro de la comunidad Vida en Salud en Telegram. La plática de hoy va sobre algoritmos, concretamente sobre bio-algoritmos. Y si no sabes a qué me refiero con bio-algoritmos, escucha este programa y lo entenderás.
La idea de hacer este programa surgió de un documento que me compartió Alejandro, y este llevaba por título "El derecho a una vida libre de algoritmos". El mero título me voló la cabeza y le propuse que habláramos de esto en un programa. Este documento lo enlazaré en la publicación del episodio del podcast en la web Vida en Salud: vidaensalud.es/podcast/152.
Quiero hacerte saber ahora que este tipo de programas de este tipo de temáticas, que tratamos temas que son transversales con la salud y que la afectan, pero que no son explícitamente lo que todo el mundo entiende como temas relacionados con salud, voy a dejar de emitirlos por aquí en el podcast Vida en Salud. Este va a ser el último que publique de este estilo aquí. A partir de ahora, lo seguiré publicando porque yo no puedo renunciar a esta faceta de mi inquietud individual; los publicaré en el podcast "Conexión: un viaje a los límites de la realidad", con Diana Valeria.
Volviendo al episodio de hoy, resulta que, aunque el enfoque del estudio del documento que compartió Alejandro en esa ocasión era puramente tecnológico (es decir, el escrito se refería exclusivamente a algoritmos digitales), nosotros hablamos de algoritmo desde la visión de la vida, muchísimo más amplia, como verás. Yo deseo que sea de tu agrado y que lo disfrutes. Vamos a ello.
¿Qué son para ti los algoritmos? Yo me lo explico, cuando me cuento la historia de los algoritmos, me lo cuento así como los eslabones de una cadena. Entonces, los algoritmos, como yo los comprendo, son eslabones de una cadena, van encadenados uno tras otro, uno junto al otro. La idea es que interdependen entre sí. Uno da la orden para que exista el siguiente, y así secuencialmente. Me parece que es la manera más simple que yo he encontrado para entenderlos, porque es algo complejo cómo surgieron de la matemática y cómo se convirtieron en herramientas digitales o computacionales de información.
La manera simple para mí es esa, como una cadena similar al concepto del blockchain, que ahora es conocido por las criptomonedas. Es como un condicionamiento. En lógica se usa el concepto del "si y solo si". Entonces, comprendo a los algoritmos como el condicionante "si y solo si": esto, lo que sea, es "si y solo si" esto. Puntos suspensivos al principio y al final. Como los condicionantes en el lenguaje de programación: le das unas variables, le dices "bueno, si sucede esto, va a suceder esto otro". Exactamente, eso es.
Lo interesante es que el blockchain es lineal, es unidireccional; en cambio, los algoritmos funcionan multidireccionalmente, pueden tomar varias direcciones. Como en un diagrama de flujo: se inicia con una orden, esa orden puede llevar a dos, tres, cuatro, y cada una de esas lo mismo, a diez y hasta el infinito.
En la vida cotidiana, nuestra relación con los algoritmos está tan inmersa que pasa como normal, se ha normalizado. Tal vez no lo veíamos así, pero la relación con el lenguaje es algorítmica. Es como que, si hay una letra o una palabra, viene de un concepto, de un sentido, y va hacia otro sentido. Lo mismo el "si y solo si" en una palabra, en una oración. En el lenguaje está así condicionada la relación entre símbolos, porque recordemos eso: que el lenguaje es un símbolo o es un conjunto de símbolos (letras, números, en el idioma que sea).
Lo vemos ahí: lo que estamos hablando tú y yo ahora son algoritmos, es un tipo de intercambio de información. Lo mismo con los colores, lo que percibimos, los sonidos, el dinero es otra forma de algoritmos, el tiempo, el horario, el clima es un algoritmo. Por ejemplo, la relación entre las estaciones: el que sea allá verano y acá invierno sigue siendo algorítmico porque sigue un orden, sigue una secuencia.
Jacobo Grinberg decía que, en realidad, todo lo que existe es vibración y es una cualidad de la conciencia el identificarlo como luz y como sonido. Pero es solo vibración. Entonces, en realidad, el algoritmo vive en nuestra conciencia, en nuestra capacidad de percepción. Es como que nosotros estamos decodificando, a través de un algoritmo, esta realidad vibracional que nos rodea, y ese algoritmo le da una forma determinada. A veces esta realidad determinada es coincidente, por ejemplo, en un grupo de personas, sobre todo si tienen un origen cultural idéntico. Una cultura es un algoritmo determinado también que nos engloba a todos, es una forma de codificar esa realidad que es acordada para todos.
Los que tenemos el mismo algoritmo podemos decodificar la realidad de la misma forma, pero solo con que un individuo viva una experiencia completamente diferente a la del resto de los que pertenecen a la misma cultura, eso ya hace que su algoritmo cambie de alguna forma y pueda decodificar de otra manera la realidad. Y claro, eso nos pasa a todos. Todos tenemos experiencias diferentes y entonces hay cosas en las que podemos estar de acuerdo, pero hay cosas que vemos completamente diferentes gracias al algoritmo. Cada uno está decodificando desde un algoritmo propio que tiene que ver con su propia historia. Esas pequeñas variaciones en el algoritmo son las que producen mucho desentendimiento.
Me viene mucho el título de esta película que salió hace dos años: "Todo en todas partes al mismo tiempo" (*Everything Everywhere All at Once*). Creo que es una película arquetípica en este sentido de lo que mencionabas de Jacobo Grinberg, de la vibración, de la frecuencia. Cada vez creo que estamos entrando más a esa comprensión de que todo sucede en todas partes al mismo tiempo. No es blanco o negro, no es esto o aquello; es esto, aquello y todo lo demás, y a la vez nada. Todo es una interpretación al final. Igual que lo interpretamos así, podríamos interpretarlo de cualquier otra forma.
Creo que el desgaste humano viene mucho de ahí, de pelear tu interpretación con la mía y discutir y crear un debate y una polémica, y de ahí ya guerras y todo lo demás. Sería tan simple como entender el algoritmo como distinción nada más, como diferencia, como una interpretación. Al final es muy nutritivo, es muy rico, es muy abundante el que haya tantas diferentes interpretaciones, porque no estamos como presos de una sola realidad, de una sola interpretación; nos podemos mover entre todas ellas.
Mientras te escuchaba me venía a la mente esta idea de que incluso las ciencias que conocemos ahora, como la antropología, es el estudio de algoritmos. Es el comportamiento humano cómo ha ido desarrollándose en multiplicidad de líneas. La cultura es otro tipo de algoritmo, el arte, la filosofía, la música, la ciencia misma. El hecho de que ahora estemos hablando contigo, de que nos estemos conectando a través de internet, del idioma español... cómo nos conectan algoritmos es impresionante. Y hasta no solo a través de lo digital, sino en la vida misma: la imagen de una persona, la estética, cómo está vestida una persona lo cambia todo; el aroma, las feromonas... bio-algoritmos.
Al final todo es vibración, lo que percibimos es vibración y la decodificamos de una forma o de otra. Somos como antenas, más que mentes andantes somos antenas andantes. Yo en el curso de "Coordenadas Cuánticas" de lo que hablo básicamente es de nosotros como decodificadores de una realidad ya existente. Me viene a la mente la escena de la película Matrix en que Neo empieza a ver todo como código: todos los fantasmas, los enemigos, los agresores, los amantes... todo es código. Así lo podemos ver como un juego. Entonces es la vida más jugable y más entretenida, obviamente sin quitarle seriedad a lo que tiene, pero saber que existe posibilidades amplias y saber que podemos quitarle peso a eso que se ha convertido muy denso en la realidad.
Hay vibraciones más densas que otras, frecuencias más pesadas, pero todo forma la realidad igualmente. No hace falta que separemos o que generemos exclusión de "solamente quiero la vibración buena y la mala la descarto", sino, como en Matrix, ver el código y ver cómo lo equilibramos para que no sea ni tan denso ni tan sutil y encontrar los puntos medios, los grises. Aceptar que hay extremos y cada vez tender menos a esos extremos porque creo que los extremos son referenciales solamente. Son los límites de un algoritmo determinado: dónde empieza y dónde acaba.
Retomando el texto que compartí en el grupo, "El derecho a una vida libre de algoritmos", escrito por un abogado mexicano, es bien interesante. Por ejemplo, ¿dónde encontramos en la vida algoritmos? Yo veo algoritmos también en el nombre que usamos, en la edad que creemos tener, la nacionalidad, el color de piel, el sexo, el género. Como que cada uno de esos componentes de la identidad se convierte en un algoritmo. El nombre, el apellido... es cultural, no es algo negativo, simplemente es algo que hemos heredado. Parece como que tiene que ser así, como si fuese una obligación, y tal vez no es tan obligatorio tener un nombre y un apellido.
Yo estoy formada como guía de constelaciones familiares. Desde esta mirada lo que se dice es que el presentarte tú y el reconocimiento de tus apellidos lo que hace es reconocer de dónde tú vienes, que es como reconocer tu propia historia. Tú vienes del fruto de un hombre y de una mujer que a su vez vienen del fruto de otros, y así. Es el reconocimiento de todos esos algoritmos que han dado los resultados que tenían que dar para que tú puedas ser materializado en esta realidad. Decían que entra dentro de los "órdenes del amor" el reconocerlo en tu presentación.
Es diferente el concepto de decir "pues bueno, yo soy esto y lo voy a defender hasta la muerte" a decir "bueno, esto es lo que me ha formado hasta aquí y a partir de aquí yo puedo descubrir de mí mucho más". Contengo multitudes. No me hagan elegir quién soy, contengo multitudes. Me contradigo ¿y qué? Provine del poema "Canto a mí mismo" de Walt Whitman, de su famosa obra *Hojas de hierba*. Contenemos multitudes, y no solo como seres humanos; las plantas, árboles, animales, el cosmos es eso, es la vibración de multitudes. Y el cosmos somos nosotros también.
Jacobo Grinberg decía que todo tiene una cualidad holográfica, y una cualidad holográfica es que cada punto contiene la información de todos los puntos que configuran la realidad. Como el fractal: el todo contiene a la parte y la parte contiene al todo. Es parte también de esto que te decía, de que la vida es un juego y de que en el juego están estos algoritmos, estos hologramas, estos fractales justamente para que los decodifiquemos. No necesitamos pelearnos con la pantalla del cine, no necesitamos pelearnos con la vida. La vida es una pantalla de cine que nos está mostrando una proyección y lo interesante está en decodificarla.
Y ahí me gustaría entroncar esto con algo que llevo mucho tiempo intentando transmitir: la élite dominante es también un algoritmo, pero es un algoritmo que escribimos entre todos. No hay unos malos ahí fuera. Entre todos estamos escribiendo a esa élite y entre todos estamos sosteniéndola. Cada uno hace su parte. Es un programa que nos afecta a todos. Sería muy importante que nos diéramos cuenta de esto porque es de la única forma que podemos cambiar el programa que la élite está planificando para nosotros. La única forma es darnos cuenta de que cada uno está escribiendo su frase dentro de este algoritmo.
Y por otro lado también, da miedo que nos demos cuenta. Hay algoritmos que parecen estar estropeados, que parecen ser defectuosos. En cuanto a prioridades, no todos tenemos claras las cosas y todo el mundo lo máximo que quiere es comer en un restaurante y que le sirvan, que es como los emperadores romanos vivían sus comidas, y la gente narcisista que se cree que es mejor tener gente a tu servicio que, por ejemplo, organizar en comunidad una comida y entre todos prepararla. Son diferentes algoritmos que nos llevan a una experiencia humana determinada.
Y ahí tengo un conflicto porque tengo muy claro que hay una experiencia humana que es constructiva y otra que es destructiva. Hay una que no construye nada, que nos lleva a una realidad de parasitismo según cómo, y otra nos lleva a la comprensión de los potenciales que tenemos como grupo humano. Una nos lleva a una realidad muy limitada en la que podemos seguir repitiendo el mismo patrón donde unos se aprovechan de otros, y el otro nos lleva a descubrir vínculos con los demás, capacidades dormidas, capacidades conjuntas que sumando podemos llegar a lugares que solos no podemos. Nos aporta más comprensión y nos puede ayudar a llegar más lejos.
La vida se experimenta a través de los contrastes. Tan simple como que no hay día sin noche, no hay noche sin día. Lo seco requiere a lo mojado, la luz requiere a la oscuridad. Como el símbolo del taoísmo, el Yin-Yang o el Taichitu. El extremo constructivo es lo mismo que el extremo destructivo, aunque para la mente parezca irreconciliable. Tiene que haber el extremo de bueno para que exista el extremo de malo. Son nada más que referencias.
Para encontrar un punto de resolución, es como en la música: vas poniendo notas y llega un momento que necesitas que algo se resuelva, tiene que caer en alguna nota que te diga "ya se acabó". Pues igual, necesitamos que esté el blanco y esté el negro, y a partir de ahí la mayoría del tiempo seguramente vivimos entre los grises. Me surge este símbolo también arquetípico del Uróboros, la serpiente o el dragón que se muerde la propia cola. Los extremos se tocan. Todas las posibilidades están contenidas en lo mismo. Todo es lo mismo.
Como dicen aquí en La Paz, en Bolivia, hay esta frase que creo que está en el escudo de la ciudad: "Los discordes en concordia". Me gusta cómo suena la frase porque creo que es eso: somos discordes buscando encontrar la concordia y a la vez somos concordes discordando también.
Es interesante porque siempre hablamos de algoritmo y parece que sea digital, pero el hecho de que hay bio-algoritmos... y luego están los algoritmos digitales, que de hecho son una copia de los bio-algoritmos. No hemos inventado nada, hemos reproducido lo que somos. Tal vez en el caso de los algoritmos digitales la diferencia más notoria sea el excesivo condicionamiento, el hecho de tener que estar ante una pantalla para interactuar con esta red de datos. Y muchas veces pasa eso, que nos perdemos nadar en el mar, salir a caminar, experimentar el viento... el aire es otro algoritmo, los pulmones decodifican ese algoritmo.
La experiencia digital se convierte en algo muy absorbente y condicionante. Los algoritmos digitales pretenden modificar la conducta humana. Un poco sí me parece que va por ahí. Es que lo están haciendo. Esto que estamos haciendo tú y yo ahora, si no existieran los algoritmos digitales no lo estaríamos haciendo. Yo estaría nadando ahora mismo, o me habría ido a comer con los chicos. Estaría haciendo otra cosa. Y eso no tiene por qué ser algo negativo ni completamente positivo. Es una bendición poder estar conversando contigo ahora.
Se agradece al algoritmo digital que ahora nos conecta, y a los bio-algoritmos que somos tú y yo, a las multiplicidades que somos. Y la parte densa de los algoritmos digitales es la desmaterialización. Los algoritmos digitales, por la hegemonía que están cada vez cobrando, parece que desmaterializan la realidad, el mundo. Le restan valor a la experiencia de comer, de estar. Mi experiencia fue de mucho entregarme a los algoritmos digitales, tanto que pasaba como diez horas frente a una pantalla porque estudié diseño gráfico. Trabajaba en una empresa y era estar sentado, comiendo pan frente a la pantalla, y mi nutrición era estar en grupos de Facebook y en debates sin fin y viendo cosas que digo "¿qué me estoy haciendo a mí mismo?".
Eso es lo que me llama a investigar y a conversar de estos temas ahora contigo. Gracias por tu interés, por tu inquietud, por tu investigación y por aportar tu visión para todos, porque la estamos construyendo entre todos.
Muchas gracias por escuchar, gracias por participar en la comunidad Vida en Salud de Telegram y en las propuestas de la escuela para la autogestión de la salud que pronto va a volver a abrir la temporada de cursos. Gracias por hacer visible este podcast en la aplicación en que estás escuchándome, poniendo comentarios, "me gusta", estrellitas... Así el algoritmo propio de la app verá que es interesante y presentará el programa a más gente. Suscríbete para recibir por correo todos los programas, propuestas e iniciativas del proyecto Vida en Salud en vidaensalud.es/suscripcion o en el grupo de Telegram "Comunidad Vida en Salud". Y para el podcast "Conexión", suscríbete en dianavalería.es/suscripcion. Nos encontramos de nuevo en el próximo episodio. Que tengas muy buenos días y excelentes noches. Hasta la próxima.