24. Las explotaciones ganaderas
21 de diciembre, 2018
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Analizamos los productos "alimenticios" procedentes de las explotaciones ganaderas. Ejercicio imprescindible para llegar a ser un habitante modelo de este planeta.Transcripción del episodio
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¡Claro! Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
Vida en Salud, episodio 24. Las explotaciones ganaderas. Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una forma de vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Varela. En este podcast nos proponemos aumentar la conciencia de que la salud es una responsabilidad personal, de que únicamente tú eres responsable de tu salud y nadie más lo es.
Entonces te ofrecemos información y conocimiento que te puede ayudar a tener seguridad para ofrecer y tomar esta responsabilidad. Desde aquí entendemos la salud con un punto de vista muy amplio y hablamos de los muchos aspectos que afectan a nuestra vida y que demasiadas pocas veces se vinculan con la salud. Pero lo están.
Como ya avancé en el episodio 21, la comida sana, vamos a ir desgranando la cualidad de los alimentos a los que tenemos acceso desde nuestras sociedades civiles. Hoy quiero revisar la cuestión de la alimentación basada en los productos cárnicos y derivados de la ganadería. Como ya hemos empezado a vislumbrar, hemos de tener en cuenta que nuestra dieta no es solo una cuestión dietética.
Hay una expresión que me parece muy descriptiva de la situación económica que vive el primer sector en los mercados actuales. Esta es: "costes ocultos". La primera vez que la oí fue en boca de mi amigo Pere Ardévol y le agradezco sinceramente esta aclaratoria aportación. Y es que la forma de vida que tenemos en la actualidad está plagada de costes ocultos. Las explotaciones ganaderas son el origen de alguno de los costes ocultos que quedan detrás de los hábitos de alimentación establecidos.
Hay algo de lo que ninguno de los pueblos que poblamos la tierra nos libramos, y esto es la contaminación. Respiramos grandes cantidades de tóxicos que están incorporados en el aire. Los alimentos que digerimos los contienen también. El agua que usamos para hidratarnos y lavarnos también está intoxicada. Los contenedores en los que vivimos y trabajamos están construidos con materiales tóxicos que albergan actividades tóxicas. La ropa y el calzado que llevamos está confeccionado con materiales y actividades tóxicas. Y la misma tierra, el suelo que nos sostiene y que es origen de nuestros alimentos, contiene una buena carga de este tipo de sustancias.
Y nosotros, los humanos, vivimos inertes, flotando en esta realidad, como si fuera algo sin importancia, como si no estuviera sucediendo algo verdaderamente importante que requiere de una reacción apropiada. Pero, ¿qué vamos a hacer?, ¿verdad? No está a nuestro alcance cambiar este tipo de cosas. Pues permíteme que te diga que no, que no es verdad. Sí que puedes hacer muchas cosas, no te engaño. Pero primero has y hemos de pasar por el período de frustración que conlleva la toma de conciencia de qué está pasando realmente.
Y esto es para lo que te falta preparación. No puedes mirar a la realidad cara a cara porque no te han preparado para ello. Pero sí que puedes prepararte tú. Vivir la frustración no es tan grave, sobre todo porque sabes que esa sensación pasará. Porque al otro lado de esa sensación, de ese sentimiento de incapacidad e impotencia, está la solución. O por lo menos deberías saberlo. Detrás de ese sentimiento que preferirías no vivir está tu capacidad para superarlo y tu capacidad para reaccionar a aquello que lo produce.
Así que sigue escuchando y permite que los niños lo escuchen también. Porque solo si eres plenamente consciente de dónde estás puedes empezar a caminar para alejarte de allí, si no estás a gusto en esta realidad. Así que déjame que te dé un baño de realidad y vive en el mundo que sí que existe, tal como existe. Y yo misma más adelante te daré la mano para que juntos podamos salir de aquí. Juntos haremos una rueda y saldremos de aquí, pero hemos de pasar por la visión de qué está pasando realmente. Qué está pasando. Y este es el propósito de este episodio.
Vale, pues como te decía, la cantidad de sustancias tóxicas que nos rodea y nos penetra va aumentando. Esto es debido a dos circunstancias que se me ocurren ahora. Una es que la propia actividad humana las libera constantemente en el ambiente, estas sustancias tóxicas. Y otra es que esta misma actividad tiene como consecuencia la desertización progresiva de la superficie terrestre. Nuestro planeta se va despojando regularmente y de forma exponencial en el tiempo de un gran número de especies vegetales que conlleva la pérdida de sistemas boscosos que son los encargados de generar, albergar y mantener la vida en su óptimo equilibrio. Y esto no es poco.
Los vegetales que crecen de forma natural al abrigo de los bosques son los encargados de procesar los tóxicos del aire y de la tierra. En sus procesos metabólicos, las plantas absorben a través de sus raíces lo que encuentran en el suelo y lo transforman en otras sustancias que han de servir de sustento a numerosas formas de vida además, tanto vegetales como animales, como minerales. Todos sabemos, porque es materia contenida en el sistema educativo mundial, que las plantas tienen una respiración complementaria a la nuestra. Pero además, a través de las hojas y de las mismas raíces, liberan los excedentes de su anabolismo y el resultado de esto es un intercambio entre el suelo y la atmósfera. Es decir, mediante su respiración, hacen de intermediarias entre los compuestos del suelo y los de la atmósfera.
Este proceso, además de aportar componentes imprescindibles para el equilibrio medioambiental, neutraliza los venenos, mejorando tanto la calidad del aire como la del suelo. Además, el elemento agua, el agua del planeta, está transcurriendo constantemente por el suelo y se filtra entre las diferentes capas freáticas de la tierra. Al mejorar la calidad del suelo también mejora la calidad del agua. Y el agua, que es el elemento mayoritario en nuestro planeta y se mueve por toda su masa, va enjuagando y limpiando todo lo que toca. Cuanto más se limpia, más se limpia. La limpieza es una prioridad en los procesos naturales. Casi podría decir que todos los procesos que desata la naturaleza tienen el objetivo de eliminar residuos. Si a ti se te ocurre alguno que no, dímelo, por favor.
Y además, además de tener como objetivo eliminar residuos, estos procesos tienen la característica de implicar a todos los seres vivos y todos los elementos y ecosistemas. La dinámica de limpieza y regeneración se transmite entre todas las formas de vida y estas, como quien toma un relevo, siguen transmitiendo el proceso, acrecentándolo exponencialmente y optimizándolo. De esta manera, la naturaleza mantiene la vida y el equilibrio vital en nuestro hermoso planeta.
La toxicidad hace lo mismo e intoxica a todo lo que existe. Cuando es abundante se transmite y expande por todas partes. Y aunque la prioridad del equilibrio terrestre es la limpieza, los mecanismos naturales se hacen insuficientes para transformar en alimento para las especies la creciente cantidad de residuos y son acumulados en el suelo, en el agua y en el aire, intoxicando una cada vez mayor superficie planetaria.
La ganadería es una de las industrias de nuestro tiempo que contribuye y no poco a los procesos de intoxicación del planeta en su totalidad. La actividad ganadera es responsable, tanto directa como indirectamente, de un porcentaje altísimo de los tóxicos ambientales. Si no dejamos de financiarla, las siguientes generaciones humanas no dispondrán de los recursos mínimos necesarios para el mantenimiento de su vida en salud. E incluso, tal vez muchos de nosotros vivamos esta realidad antes de que nuestra vida toque a su fin. Al ritmo que vamos, en breve podría dejar de haber agua potable, aire respirable y tierra fértil. Y si no cambiamos de hábitos, seguro que estos imprescindibles recursos llegarán a ser tan escasos que no serán suficientes para cubrir las necesidades no solo de las personas, sino de la totalidad del planeta.
Los animales que son confinados en las granjas de la industria ganadera malviven de forma extrema. Una vez tuve la oportunidad de visitar una granja de vacas lecheras, así que te puedo dar un testimonio de primera mano y te lo voy a dar. Salí a pasear con un amigo y nos encontramos con la granja. ¿Te acuerdas, Javier? En esas granjas, las vacas son separadas de sus cachorros al nacer y ya no vuelve nunca más a haber contacto entre ellos. La lactancia es mantenida por máquinas ordeñadoras desde el parto y los terneritos no llegan a probar la leche que el cuerpo de su madre produce de forma exclusiva para ellos. Los terneros machos se envían al matadero y su carne se vende en las carnicerías para que los humanos podamos llevar esa dieta omnívora que dicen que es imprescindible para nosotros, para estar sanos.
Las terneritas hembras tienen suerte, no son sacrificadas de inmediato. Se quedan en la granja. Allí son alimentadas con leche en polvo y alimentadoras mecánicas hasta que puedan comer pienso, que será el único alimento del resto de su vida. Las vacas adultas, las madres lecheras, son confinadas todas las horas del día frente a comederos rellenos de pienso, que nada tienen que ver con su alimento fisiológico, la hierba. Y además son forzadas a transitar dos veces al día por la cadena de extracción, donde se las ordeña mecánicamente de forma despiadada. Debido a la rudeza del método de ordeño y a la propia debilidad de los animales a causa de la vida infame que llevan, las mamas se les infectan y el ordeño les resulta muy doloroso. En la granja las tenían que doblegar bastante duramente porque los animales no querían pasar por esa experiencia y se negaban a entrar en la fila que las dirigía hacia las ordeñadoras.
El único motivo por el que las terneritas hembras no son sacrificadas al instante, como les pasa a sus hermanos machos, es que tienen que sustituir a las madres cuando estas se quedan secas. La visión de esta pesadilla, de esta crueldad sin límites, me impactó verdaderamente. Y sinceramente, más me impactó que hubiera personas que pudieran gestionar esa cruel actividad sin despeinarse, sin empatizar con el profundo dolor de los animales. Y que conste que me parecieron buena gente, pero no podía entender que no sufrieran con esa cruel actividad.
Bueno, pues por lo que tengo entendido, las explotaciones porcinas son aún más impactantes. Además del triste, despiadado y degenerado panorama que presentan, el problema de estas explotaciones es la alta concentración de residuos corporales de los animales que se acumulan allí. Residuos de cuerpos enfermos, sufrientes. Los piensos que les sirven como único alimento les producen graves problemas digestivos que las debilitan enormemente, aunque nadie que esté profesionalmente vinculado a una explotación ganadera lo quiera reconocer. Ni siquiera los que atienden la explotación desde la sanidad. Los animales son enfermizos y además están enfermos.
La ínfima calidad de vida que tienen los animales allí es el caldo de cultivo de multitud de problemas de salud, de infecciones, parasitaciones y graves daños orgánicos. En el intento de mantener controladas las muy adversas condiciones de salud que desarrollan estos animales, se ha creado una estricta normativa sanitaria que obliga a los granjeros a suministrarles grandes cantidades de medicamentos, hormonas, vacunas. Esta medida no consigue erradicar los problemas sanitarios e higiénicos que se producen en las granjas de ordeño, pero sí que aumentan, como siempre, el lucrativo negocio de la industria médico-farmacéutica. En este caso veterinario-farmacéutica sería.
Bueno, las medidas sanitarias tienen supuestamente la intención de que esos problemas de salud atribuidos a virus y bacterias que se contagian no sean transferidos a los humanos que consumen su carne, su leche y otras partes de su cuerpo que van camufladas en muchos de los productos que se venden como comida para las diferentes especies, entre las cuales la nuestra. Bueno, este es el funcionamiento de las granjas que se encargan de proveer a nuestra dieta la carne, la leche y otros derivados de animales. Y este funcionamiento tiene sus consecuencias en el panorama sanitario global que nos incluye a nosotros y en el medioambiental que también nos incluye.
En el siglo XIX, los animales de granja vivían en condiciones relativamente libres y estaban hasta cierto punto saludables. Los residuos orgánicos de estos animales servían para mejorar la tierra porque aportaban materiales que ayudaban a mejorar la descomposición de la materia dentro del ciclo natural del ecosistema y se integraban en él. Necesitábamos menos animales entonces. La vida natural, por lo menos más natural que la vida de ahora, no requería de tantos sacrificios para el mantenimiento de la vida humana. No se comía tanta carne ni derivados como ahora. Tampoco había una industria que necesitara de partes de sus cadáveres para fabricar sus productos. Antes, todos los agricultores valoraban y agradecían las defecaciones de los animales sobre la tierra, porque la mejoraban y la tierra se llenaba de microorganismos provenientes de la materia vegetal procesada en el estómago de las vacas, y esto mejoraba las cosechas.
Ahora nadie quiere los residuos que producen estas granjas porque cuando tocan la tierra matan todo lo que vive en ella. Porque actualmente, debido a la ingente cantidad de animales que viven para ser sacrificados en vidas hasta su muerte a manos de matarifes y por toda la carga contranatura que acarrean —los piensos antifisiológicos, la enfermedad que acidifica sus fluidos corporales, los medicamentos, hormonas y vacunas—, sucede que los orines y las defecaciones de estos animales son altamente tóxicos. Tanto que queman la tierra en la que se depositan, la despojan de toda cualidad para la generación y regeneración de la vida.
Los residuos de los animales de explotaciones agrícolas, purines, envenenan la tierra y también el agua. Hoy en día, por lo menos en la zona donde yo vivo, hay muchas de estas morbosas explotaciones y se generan muchísimos de estos residuos letales. En la sección de enlaces te dejo un vídeo que lo explica. Hay zonas de Cataluña que cuentan con muchas fuentes naturales en las que los vecinos se abastecían de agua buena y saludable. En estos lugares ahora solo quedan fuentes no potables gracias al exceso de explotaciones ganaderas por la zona.
Las políticas desarrollistas de la Generalitat de Cataluña han permitido y promovido la existencia de una ganadería intensiva a muy gran escala. Si vives en Cataluña, has de saber que ahí se produce la carne de cerdo que abastece a varios países europeos. Por lo tanto, se producen residuos altamente tóxicos, cáusticos y corrosivos —las cacas y pipís de los cerdos— para abastecer a toda Europa con ellos también. Pero nadie en Europa quiere destruir su tierra ni los bosques ni sus aguas con eso. Pero se quedan aquí. Amamos tanto a nuestra tierra en Cataluña que no nos importa destruirla con estos residuos.
Entonces resulta que buscando una solución global, aquellos que piensan cómo tienen que ser las cosas en nuestra sociedad, han convertido los desechos de estas granjas en mercancía. Y con ello ha surgido una actividad económica para la nueva generación de terratenientes sin ética, que es aceptar dinero a cambio de invadir sus terrenos con esta sustancia asesina que envenena todas las capas terrestres, el agua subterránea y la que fluye por la superficie, distribuyendo y expandiendo todos los tóxicos que transporta. Pan para hoy y hambre para mañana.
Porque estos residuos contaminan seriamente el suelo y así el agua que transcurre por cualquiera de sus niveles freáticos también. El aire también es receptor de la sustancia tóxica, las volátiles que además huelen muy desagradablemente, mucho. Estos residuos van dejando un rastro tóxico que envenena las aguas y quema la tierra, eliminando la vida de la superficie, convirtiéndola en un desierto. Y perdón que me repita, pero es que quiero que nos quede grabado que esto es así. Solo desde la comprensión y la visión de lo que es real podemos empezar a movernos hacia otra realidad.
Y dada la magnitud del daño que está causando esta actividad, lo más coherente sería que quienes aceptan en sus tierras estos venenos fueran sancionados con multas equiparables al daño que producen en los ecosistemas, ¿no? Equiparables al peligro en que ponen la perpetuación de la vida sobre la tierra. Pero no. Nuestros políticos, que tienen tanta vocación por el bien común como un cazador por el bien de la fauna en el bosque, permiten que haya lucro con este crimen ecológico, por favorecer a una industria que trafica con la muerte a todos los niveles.
Y es que donde hay transferencia de dinero, hay impuestos con los que mantener al Estado, los privilegios de los políticos, a los militares que nos reducen —digo militares pero también es policía y nos reducen—, cobran un sueldo para reducirnos a nosotros. También se financia a los funcionarios que comen de la mano de estos políticos. Y lo siento si tu trabajo es alguno de estos, pero formas parte de este engranaje. Sé que de algo has de comer, sé que tienes que pagar los estudios y la educación de tus hijos, sé que todos necesitamos dinero. Pero la realidad es la que es y solo tomando conciencia de la realidad pues nos podemos mover hacia otra. ¿Para qué quieres pagarle educación a tus hijos si en el futuro no va a tener aire para respirar? ¿No?
Yo creo que hemos permitido que las dinámicas contrarias al beneficio de todos se instauren de tal forma que tienen una inercia muy potente. Esto, como otras muchas incoherencias que afectan directamente a nuestra salud y nuestras vidas, es muy difícil de cambiar mediante los mecanismos de la propia democracia, entre comillas. Además que los mecanismos que ha generado la democracia, entre comillas, los ha generado para tomar el control absoluto de toda la actividad.
Entonces la pregunta, siguiendo el discurso que abrimos, la pregunta sería: ¿el producto de la ganadería intensiva se puede considerar un producto alimenticio saludable? ¿Qué opinas? Bueno, vamos a desarrollarlo. Pues si tenemos en cuenta la destrucción que conlleva esta actividad, deduciremos que es contraria a la vida. Que en lugar de apoyar la vida, la limita y deteriora, llegándola a hacer incluso imposible en algunos de los espacios sobre los que inciden los residuos purines y la actividad ganadera misma.
Llegado a este punto yo creo que no importa la composición nutricional que pueda tener un alimento, porque si es tan dañino en general, a nivel global, lo es también para ti. Tu cuerpo no puede necesitar esto de verdad. Tal vez estos nutrientes que se supone que nos aporta estos alimentos, entre comillas, es mentira que los necesitemos. ¿No? Podría ser. ¿Cómo vamos a necesitar todo esto que te he explicado? ¿No? ¿Cómo lo ves tú?
Bueno, como he dicho, esto tiene muchísima inercia por eso. Entonces tendríamos que poder remontarnos a todo esto, ¿no? ¿Y qué podemos hacer desde aquí? Bueno, primero verlo, tenerlo en cuenta, tenerlo presente, saber que esto es así y no mirar hacia otro lado. Esto es lo primero. Y a partir de ahí nuestra propia creatividad irá encontrando salidas. Y la verdad es que está pasando. Cada vez hay más personas que no quieren consumir las brutales cantidades de carne y derivados de animales que se nos presentan como imprescindibles en una dieta sana que nos presentan los medios de adoctrinamiento masivos, ¿no? Como la televisión, la prensa, la radio, la publicidad, la educación infantil y juvenil, la educación más avanzada, en la formación sobre nutrición también nos explican cada cosa que alucinas, ¿no? En fin.
Pero bueno, por suerte hay cada vez más personas que se han ido formando en las diferentes materias vinculadas a la alimentación y a la ciencia médica y nutricional que se cuestionan su veracidad, que no quieren, no las pueden aplicar tal cual se las han enseñado, que buscan y encuentran información contrastada y pueden llegar a ser realmente buenos consejeros en este aspecto. Y me parece muy bien que estemos cuestionando todo esto.
Bueno, he estado explicándote cosas terribles en realidad en este episodio, pero la buena noticia es que aunque lentamente algo se está moviendo. Y esto a pesar de las evidentes y poderosas dificultades que hay, porque hay muchos intereses creados en base a estas industrias que están vinculadas a la alimentación. Bueno, espero que después de haber escuchado todo esto te quede claro que consumiendo estos productos estamos promoviendo la enfermedad y que esta enfermedad tarde o temprano va a llegar hasta nosotros.
Enfermedad que inunda todas las formas de vida en nuestro planeta, y nosotros somos una forma de vida más dentro de este planeta, dentro de Gaia, de este sistema terrestre tan precioso, tan bien pensado, tan exacto. Pero tan vulnerable que parece ante nuestra mano. Pero bueno, no lo creo en realidad que sea tan vulnerable. Creo que ya empieza a revelarse y el día que realmente esté harta de nosotros, pues ya veremos lo que pasa con la humanidad.
Bueno, esto es lo que quería señalar hoy. Quería que bueno, promover esta reflexión. Te quiero pedir disculpas porque sé que no ha sido agradable, pero no he exagerado ni un poquito. Y te estimo lo suficiente para saberte capaz de sobrellevar una verdad por dura que sea. Pasará. Si tomamos conciencia de esto, si lo tenemos presente, conseguiremos deshacerlo.
Te dejo los enlaces al episodio 21 en que hablo sobre las características que hacen que la comida sea sana aquí en las notas del episodio. Te dejo también el enlace al episodio 3 que se titula "Algunas falsedades sobre la alimentación saludable". Te dejo también dos vídeos que hablan sobre el impacto ambiental de la industria porcina. Y nada, espero que realmente todo este rato que he estado hablando contigo sea muy nutritivo.
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