54. SIBO (Trastornos Intestinales II)
25 de agosto, 2019
📬 ¿Te gusta este podcast? Suscríbete a la Newsletter y obtén ofertas especiales
El SIBO es uno de los trastornos más comunes de la microbiota y está subyacente a muchas causas de enfermedad. En este episodio lo conoceremos un poco más.Transcripción del episodio
Leer transcripción completa
Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, episodio 54: Trastornos intestinales, parte 2: SIBO**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Nosotros pensamos que nadie más que tú es responsable de tu salud, que tú eres la persona más adecuada para cuidar de tu cuerpo y de tu vida. Queremos evidenciar que si cedes tu responsabilidad, estás renunciando a tus derechos y a tu libertad.
Y hemos decidido ofrecerte información, conocimiento e inspiración que te ayuden a tener la capacidad para tomar las decisiones más acertadas sobre tu salud y la de los tuyos. Como entendemos la salud desde un punto de vista muy amplio, que no te extrañe aquí encontrar información sobre los muchos aspectos que afectan a la vida y que no se suelen vincular con la salud, aunque para nosotros sí lo están.
Vamos a seguir en este episodio con nuestro viaje por el conocimiento de la microbiota. La microbiota humana, específicamente, porque en realidad todos los seres vivos tienen microbiota, pero son distintas a la nuestra. Sin ir más lejos, el reino vegetal tiene su microbiota exotérica, o sea, externa a su organismo, aunque de la microbiota de las plantas ya hablaremos en otro episodio. Hoy quiero explicarte otras formas en que la microbiota te puede estropear lo que se conoce como SIBO, que es el acrónimo de *Small Intestinal Bacterial Overgrowth*, o sea, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. ¿Vamos a ello?
En el episodio 52, si recuerdas, te expliqué cómo la microbiota se enferma y entra en disbiosis, que quiere decir que su composición microbiana se altera y se desequilibra generando síntomas que producen diferentes grados de molestia, desde leve a insoportable. Te hablé del problema que se genera en el organismo cuando la microbiota es pobre y le falta diversidad, ¿recuerdas? Hoy, como ya te he comentado, voy a hablarte de otra forma en que la microbiota se puede desequilibrar. Te voy a hablar del SIBO.
¿Qué es el SIBO? Si no has escuchado los episodios 49 y 52, para ponerte en antecedentes te diré que un intestino sano, tanto el delgado como el grueso, tiene una enorme diversidad de microbios en las paredes internas de su piel. Cada tramo del intestino tiene que cubrir unas necesidades digestivas específicas y por eso en cada tramo proliferan un tipo de microorganismos sobre otros, o sea, los más adecuados para la función que tienen que cumplir en ese tramo. Pero se sabe que más o menos tenemos las mismas cepas en todo lo largo de los intestinos, aunque suele variar su densidad según el tramo en que están.
En el intestino delgado, que es la primera fase del intestino justo después del estómago, se descomponen los alimentos, como vimos en el episodio 52. Por eso han de permanecer más tiempo que en el intestino grueso, donde solamente están de paso y quieren ser expulsados lo más rápidamente posible, ya que allí, al intestino grueso, llegan solamente los residuos. Entonces, en el intestino grueso hay más cantidad de bacterias irritantes de las paredes del intestino.
Estas bacterias tienen la finalidad de hacer que los músculos circulares del intestino se contraigan para empujar las heces hacia abajo. En el intestino delgado hace falta menos movilidad, por lo cual estas bacterias están en menor cantidad en el intestino delgado que en el intestino grueso, donde se requiere una gran motilidad para que lo que ya son heces se mueva rápido hacia fuera. En catalán tenemos un dicho que reza: "*Cosa dolenta, fora del ventre*", que viene a querer decir algo así como "lo que es dañino, echarlo fuera del vientre".
Pues bien, estas bacterias en el intestino delgado están en menos cantidad porque el bolo alimenticio por allí no tiene que ir tan rápido. Tiene que permanecer más tiempo porque allí necesitamos descomponerlos en moléculas más simples que puedan ser absorbidas por las paredes del intestino y puedan llegar a la sangre para ser distribuidas hacia las células para alimentarlas.
Entonces, que la microbiota sea equilibrada y esté poblando de forma que favorezca las funciones del organismo requiere que las bacterias irritantes estén en mayor proporción en el intestino grueso, donde están las heces, y en menor proporción en el intestino delgado, donde se da la descomposición y la asimilación de alimentos. Si en el intestino grueso hay millones de este tipo de bacterias, en el intestino delgado han de haber solamente cientos de ellas. Así están en equilibrio.
El problema que se genera con el SIBO es que las bacterias que son necesarias en gran cantidad dentro del intestino grueso se establecen en el intestino delgado en una proporción casi tan alta como en el colon (el intestino grueso). Estas bacterias suponen una interferencia en nuestro proceso digestivo. El alimento que no se mantiene en el intestino delgado el suficiente tiempo para ser descompuesto no puede ser asimilado y, además, están los daños que la irritación produce en la membrana y la mucosa de la piel del intestino.
¿Qué consecuencias tiene esto? Mira, si te han diagnosticado, por ejemplo, un síndrome de intestino permeable que está muy de moda (tristemente de moda), puede ser que tu condición no mejore porque en realidad ese problema está producido por el SIBO. Al dañar a las bacterias residentes en el intestino, sucede lo que te explicaba en el episodio 52 con la estructura del biofilm intestinal y el resultado es que se cuelan hacia el torrente sanguíneo sustancias complejas que intoxican tu organismo.
Pero además, las bacterias propias del intestino grueso, cuando son demasiado abundantes en el intestino delgado, se alimentan de lo que nosotros ingerimos usurpando esos nutrientes que ya no están disponibles para nosotros. Así que producen deficiencias de aquello que ellas comen, como por ejemplo hierro y la vitamina B12. Entonces, te diagnosticarán anemia o unos niveles bajos de ferritina, entre otras carencias.
Como las paredes del intestino delgado están dañadas, no pueden absorber algunos nutrientes que quedan a disposición de estas bacterias que se sobrealimentan y se hacen más fuertes y numerosas todavía. Y es por este mismo motivo que, como al intestino delgado le falta la protección del filtro eficiente que supone tener el biofilm en buenas condiciones, pasan al interior del cuerpo partículas de alimentos demasiado complejos generando reacciones orgánicas. Entonces desarrollamos intolerancias alimentarias de diversos tipos.
Las bacterias, como todo ser vivo, excretan también y lo hacen en forma de toxinas y de gases. Y como están en mayor proporción de la que fisiológicamente deberían estar, el intestino delgado no puede gestionar todo lo que excretan produciendo hinchazón abdominal, después de las comidas sobre todo, y entonces tenemos síntomas como pedos (o sea flatulencias), un abdomen muy hinchado y dolorido, estreñimiento o diarrea, náuseas, eructos y diversos síntomas de intoxicación.
También pasa que la grasa que comemos ya no se absorbe adecuadamente porque la bilis se ve alterada y esto, además de producir deficiencias en vitaminas A y D, hace que las heces sean grasas. Y lo notarás porque el exceso de grasa hace que se queden pegadas las heces en las paredes de la taza del váter. Incluso las bacterias mismas pueden llegar a penetrar en el cuerpo a través de esas paredes intestinales tan deterioradas.
Entonces el cuerpo reconocerá estas bacterias como toxinas y parece ser que se ha asociado que la respuesta que da el organismo en estos casos produce la fatiga crónica, el dolor corporal (fibromialgia) y además sobrecarga el hígado. Entre estos desechos que excretan las bacterias (o sea sus cacas y sus pipís) hay ácidos muy fuertes que pueden afectar también al sistema nervioso y provocar síntomas neurológicos y cognitivos, o neurodegenerativos incluso.
El tema es que cuando el problema es SIBO y no está detectado, es difícil que haya una mejoría si no se trata como tal. Entonces lo que sucede es que tenemos unos síntomas que no remiten por más que nos sometamos a tratamientos de todo tipo. Muchas veces incluso pueden llegar a empeorar bajo según qué tratamientos. Y no son pocas las ocasiones en que se diagnostican trastornos intestinales que en realidad tienen detrás un SIBO y solo mejoran al abordar el SIBO, al tratarlo.
El problema no es el diagnóstico, sino el tratamiento, porque de hecho al trastorno puedes llamarlo como quieras. Si te diagnostican colon irritable o celiaquía, por ejemplo, te tratan para compensar la irritación de tu colon o te ponen una dieta muy estricta cien por cien libre de gluten. Pero si el problema de fondo que está produciendo ese trastorno es el SIBO, este tratamiento no será la solución.
El tratamiento adecuado que mejorará tu salud ha de estar orientado a equilibrar ese sobrecrecimiento bacteriano. Cualquier otra cosa no será más que un parche que no solucionará tu problema. Solamente mantendrá los síntomas bajo un cierto control con bastantes inestabilidades que aumentarán con el paso del tiempo además; o sea, durante tanto tiempo como te retrases en abordar la verdadera causa: el SIBO.
¿Qué síntomas tiene el SIBO? Te estarás preguntando, ¿verdad? Bueno, ya te he hablado de algunos, pero hay muchos más. Y es que resulta que los síntomas que tiene el SIBO son idénticos a los de otros muchos trastornos que ya están tipificados, ya están etiquetados como una enfermedad. Y es por eso que se confunde muy fácilmente; se termina en ese primer diagnóstico sin ver que detrás hay un SIBO.
Por ejemplo, de los que llevan la hinchazón abdominal: pues los eructos, la flatulencia, el dolor abdominal, los calambres, el estreñimiento o la diarrea, acidez estomacal, el reflujo, las náuseas. Cuando el intestino es permeable: sensibilidad alimentaria (o sea las cosas no te sientan bien, tienes intolerancias), dolores de cabeza, dolor articular, fatiga, síntomas de la piel como eczema o erupciones cutáneas, síntomas respiratorios como asma, síntomas del estado de ánimo (como por ejemplo depresión) y síntomas cerebrales como autismo.
De la mala absorción se da esteatorrea (que son las heces grasas de las que te he hablado antes), la anemia de hierro o de vitamina B12 y la pérdida de peso. Consultando diversas fuentes, he llegado a poder elaborar una lista (que por cierto es muy, muy extensa) de las situaciones ambientales, emocionales, físicas, fisiológicas y clínicas que se detectan junto con el SIBO. Estas asociaciones derivan de los estudios que se están haciendo constantemente en ámbitos científico-médicos y que se actualizan muy a menudo, además.
Porque al ser la microbiota un descubrimiento muy reciente, todo lo asociado a su disbiosis está despertando mucho interés, sobre todo debido a las asociaciones que se están encontrando. Muchas enfermedades raras de las que se desconocía el origen empiezan a ver respuestas cuando son observadas bajo el prisma del SIBO. Así que es estudiado minuciosamente en sus detalles y se observa detenidamente su presencia asociada a multitud de síntomas y trastornos de la salud. Quiero nombrarte estas condiciones que van asociadas al SIBO porque pienso que te pueden ayudar a identificar un SIBO no diagnosticado previamente.
Porque hay muchas enfermedades que se diagnostican que están asociadas al SIBO y que al tratar el SIBO los síntomas empiezan a remitir. Pero aún así no hemos de perder de vista que la visión global de lo que representa la microbiota en nuestro organismo, en el mantenimiento de la salud, la longevidad e incluso la vida plena, es lo que realmente nos importa. Dar demasiada importancia a los detalles puede hacer que nos desorientemos y perdamos la rigurosidad.
Tómate tu tiempo porque la lista es larga. No la voy a nombrar aquí; la dejo en las notas del programa. Si te interesa, entra en la web vidaensalud.es/podcast/54 y ahí la tienes, puedes consultarla. Los últimos avances científico-médicos afirman que es obligatorio considerar el SIBO en todos los casos de quejas dispépticas inespecíficas, complejas, como son distensión abdominal, molestias abdominales, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, en trastornos de motilidad intestinal (o sea del movimiento del intestino), en anomalías anatómicas del intestino delgado y en todos los síndromes de mala asimilación, mala absorción o mala digestión.
¿Y qué es lo que provoca el SIBO? ¿Cómo llegan las bacterias del colon a invadir el intestino delgado? Pues la respuesta es que hay varias formas por las que estas bacterias que trabajan mayormente en y para el colon pueden llegar a ser demasiado numerosas en el intestino delgado. Algunas son mecánicas, algunas biológicas y algunas químicas. Entre las mecánicas está el síndrome de falta de motilidad intestinal, que es como el intestino paralizado que no se contrae para que el bolo alimenticio y las heces puedan ir bajando hacia abajo.
También está la incompetencia de la válvula ileocecal. O sea, hay una válvula, la válvula ileocecal, que cierra el paso del contenido del colon (o sea del intestino grueso) hacia el intestino delgado, que es como esas puertas que solo puedes empujar al abrir y que si intentas tirar de ellas pues no se abren. Pues esto es la válvula ileocecal: solo se abre en dirección del intestino delgado al intestino grueso. En general no puede retroceder, no puede abrir hacia arriba. Pero si hay alguna lesión o alguna malformación, pues esto puede cambiar y tener alguna fuga y por ahí las bacterias pueden pasar del intestino grueso al intestino delgado. Este tipo de lesiones pueden ser producidas por una cirugía o puede ser una malformación congénita de nacimiento.
También puede haber una alteración de los ciclos circadianos porque el intestino delgado aprovecha las horas de descanso del cuerpo para limpiarse de las bacterias colónicas, porque siempre se cuela alguna. Pero bueno, el intestino delgado se contrae para empujarlas hacia el colon y mantenerse limpio; se hace una limpieza cuando tú estás descansando, cuando tu cuerpo está en descanso. Si tu ciclo de descanso está alterado y no dejas el espacio que el intestino necesita para hacer esta labor, pues no puede limpiarse y se van acumulando allí estas bacterias.
De las causas biológicas tendríamos la debilidad y la alteración de la microbiota como consecuencia de una infección que haya afectado directa o indirectamente al intestino; infección o infestación por parásitos también podría ser. O el haber tomado antibióticos que de por sí ya producen una disbiosis porque matan a las bacterias que viven en tu intestino y cambian completamente su fisiología y biología.
Y el suministro de vacunas, aunque esto ningún científico que ame su profesión y quiera seguir ejerciéndola por mucho tiempo puede ni siquiera sugerirlo. La verdad es que no se invierte capital en investigar la relación que tiene el suministro de vacunas en la evolución de la microbiota. Esta es la verdad. Por más que la intuición científica nos indique que tienen todos los números de ser agentes que afectan a la microbiota y que pueden estar relacionadas con muchos de los trastornos que sufrimos en nuestro tiempo, no se puede comprobar. Nadie que pueda va a invertir fondos en estas investigaciones porque el lucrativo negocio de las vacunas pone medidas para que así sea.
Luego está la función del apéndice. Si te han extirpado el apéndice, has de saber que es más que probable que lo que te está pasando tenga que ver con el SIBO. El apéndice es un trozo de tripa que cuelga del ciego, el tramo del intestino en que se conectan el intestino delgado y el intestino grueso. Hasta hace poco se pensaba que no tenía ninguna función el apéndice. La medicina moderna argumentaba que se debía tratar de un resto de algún otro órgano ya en desuso perteneciente a la anatomía del hombre primitivo y que en algún momento fue útil, en algún momento de la evolución del ser humano le fue útil, pero que ahora ya no sirve para nada.
Pero ahora, desde el descubrimiento de la microbiota, se sabe que la función del apéndice es muy importante. Su cometido es el de preservar la naturaleza de la microbiota. Toda la diversidad microbiana de tu intestino está allí guardada y protegida del mundo, escondida en ese rinconcito, en esa pequeña tripita. Cuando hay una infección que afecta al intestino, el apéndice guarda una muestra de toda tu microbiota como el Arca de Noé allí y se agazapa en esa tripilla. Entonces, cuando pasa la infección, empieza a sacar sus regalos y empieza a repoblar el intestino. Pero si la recuperación post-infección o infestación no es buena, la microbiota queda alterada.
Luego entre las causas químicas estaría la consecuencia de la toma de tóxicos en forma de medicamentos o de drogas o de agroquímicos o de químicos presentes en los productos de limpieza y cosméticos para la piel y la higiene personal. Bueno, en muchos focos de tóxicos que hay en nuestra sociedad actualmente. Y además, este tipo de bacterias son más resistentes a las condiciones adversas que otras bacterias que también habitan en nuestro intestino. Se aletargan para aguantar como jabatas la falta de nutrientes esenciales para ellas y así sobreviven a casi cualquiera de sus compañeras.
Así que si en algún momento han migrado del colon al intestino delgado, tienen toda la capacidad para resistir y reproducirse allí a pesar de que la naturaleza se lo ponga difícil. También está el factor del estrés o los factores emocionales, porque no vamos a olvidar que el sistema nervioso y la microbiota están comunicados, que interactúan intensamente y constantemente están afectándose el uno al otro. Esto hace que un problema en la microbiota, como por ejemplo el SIBO, puede producirnos estrés, depresión o incluso otros problemas etiquetados por la psiquiatría, pero también al revés.
Si sufrimos un exceso de presión vital, esto puede alterar a la microbiota y desencadenar un SIBO o cualquier otro tipo de disbiosis. Si por ejemplo tienes cuatro hijos y te quedas sin empleo y la situación se agrava con que no te dan un finiquito decente y además no has tenido la oportunidad de ahorrar ni de invertir para que tu dinero produzca por sí solo, esta presión vital puede ejercer cambios drásticos en tu microbiota también.
Tenemos tres importantes sistemas que están íntimamente relacionados: la maduración y la salud de la microbiota está directamente vinculada con la maduración y la salud del sistema nervioso y del sistema endocrino (el que produce las hormonas). El equilibrio de todo el cuerpo depende de esta relación a tres bandas en que están implicados estos importantes sistemas que se afectan mutuamente de forma multidireccional.
El estrés afecta al equilibrio de la microbiota y a la producción y el equilibrio hormonal. La microbiota disbiótica (desequilibrada digamos) afecta el equilibrio hormonal y a la respuesta nerviosa, al sistema cognitivo, al carácter y a las emociones. El desequilibrio hormonal afecta al equilibrio y la salud de la microbiota y al funcionamiento del sistema nervioso en un ciclo sin fin. Tanto es así que el sistema digestivo contiene el sistema nervioso entérico, que es el primero en formarse en el feto y es la conexión directa entre el cerebro, la producción de hormonas y la microbiota.
Bueno, creo que por hoy ya tienes suficiente información. No quiero saturarte. Es importante que comprendas y que puedas identificar cualquier desbalance en tu microbiota que ya te aviso (tal como he hecho en todos los episodios dedicado a la microbiota) que seguramente lo tienes. El tema sería identificar qué tipo de disbiosis te afecta. Sé que lo que más te interesa es conocer el tratamiento, pero ya sabes que no existe un buen tratamiento a una causa que se desconoce. Ya me entiendes, ¿verdad? El SIBO es un desequilibrio bioorgánico que está detrás de muchos de los problemas que se manifiestan en nosotros, pero es necesario conocer de dónde viene para saber cómo tratarlo.
Te dejo los enlaces a las fuentes de consulta que he utilizado para la realización de este episodio, los enlaces a los otros episodios en los que hablo de la microbiota en vidaensalud.es/podcast/54 y te doy las gracias por estar escuchando. Muchas gracias por participar, gracias por tus comentarios y sugerencias, gracias por estar dándole sentido a Vida en Salud. Gracias también a Kidflus por la cesión de las melodías del programa.
Si quieres recibir un aviso en tu correo electrónico cada vez que publique un nuevo episodio, suscríbete en vidaensalud.es/suscripcion. Si quieres apoyar al podcast para que pueda tener una larga vida y aportar cada vez mejores contenidos, hazte mecenas en patreon.com/dianavaleria. Nos reencontramos hablando con el Dr. Miquel Samarra sobre cómo adelgazar desde una mirada integrativa. Que pases muy buenos días y excelentes noches. Hasta la próxima.