57. El Elemento Tierra
21 de septiembre, 2019
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Dani Suárez, hombre de empresa, nos propone a través de su libro, Sócrates y la econología una fórmula filosófica para ayudar a la resolución de los problemas de nuestro tiempo, que no son pocos.Transcripción del episodio
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Aquí tienes la transcripción literal del episodio:
**Vida en Salud, episodio 57: El elemento Tierra, con Jordi Gutiérrez.**
Jordi va a describir el elemento tierra y te va a dar buenos consejos para adaptarte al periodo de su influencia y conseguir una mejor gestión de tu estado de salud. Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Aquí te ofrecemos información, conocimiento e inspiración que te pueden ayudar a tomar las decisiones más acertadas sobre tu salud y la de los tuyos. Nosotros pensamos que nadie más que tú es responsable de tu salud, que tú eres la persona más adecuada para cuidar de tu cuerpo y de tu vida. Y dado que entendemos la salud desde un punto de vista muy amplio, no te extrañe encontrar por aquí información sobre los muchos aspectos que afectan a la vida y que no se suelen vincular con la salud, aunque nosotros creemos que sí que lo están.
Y bien, ya regresamos esta vez un poco tarde con nuestro repaso al elemento del momento, según la visión taoísta de la salud. Hoy nos toca el elemento tierra. Si acabas de llegar o quieres hacer un repaso, te voy a dar un pequeño recordatorio de dónde puedes encontrar los episodios previos de la serie sobre salud taoísta. Si no has oído ninguno o si necesitas repasar algún contenido, te va a ir muy bien. En el episodio 12 tienes la introducción a la visión taoísta de la salud, y este es básico para comprender cualquiera de los siguientes. En el episodio 14 tienes la primera parte del elemento metal; en el episodio 22, la primera parte del elemento agua; en el episodio 37, la primera parte del elemento madera; y en el episodio 46, la primera parte del elemento fuego. Y ahora, con Jordi, vas a escuchar la primera parte del elemento tierra.
—Hola Diana, aquí estamos otra vez, ¿qué tal?
—¿Qué tal? Bien, bien, con ganas de escucharte hablar sobre el elemento tierra.
—Sí, este nos faltaba. Ya prácticamente teníamos todos los elementos y, bueno, nos hemos dejado este para el final, que casi no requiere una estación del año para colocarlo. Es decir, el elemento tierra, como no es ninguna estación, pero está dentro de todas, pues bueno, siempre es buen momento, en cualquier cambio de estación, para hablar de él.
Ya habíamos hablado de los cinco elementos, de que representaban los cuatro elementos anteriores que vimos: el agua, el fuego, el metal y la madera. Son cuatro puntos cardinales, representan cuatro estaciones del año, cuatro tipos de clima diferentes, cuatro momentos de la vida. Cuatro elementos representan cuatro puntos cardinales y, para que existan los cuatro puntos cardinales, tiene que haber alguien en medio, es decir, el ojo del observador. Eso es el elemento tierra: el centro desde el cual se delimitan los cuatro puntos cardinales. Así que, en taoísmo, en feng shui, en medicina china, el elemento tierra representa la energía que viene del centro de la tierra, es decir, el lugar donde yo estoy.
El elemento tierra en la rueda de los cinco elementos se coloca después del elemento fuego, al final del verano, porque un poquito se representa por... el elemento tierra es un reposo de la naturaleza, es cuando la naturaleza está absolutamente quieta. En primavera hay un inicio de expansión; en verano hay una expansión absoluta; en otoño hay una contracción, empieza el frío; en invierno, una contracción máxima. El elemento tierra es cuando la naturaleza no se está expandiendo ni contrayendo. Por eso representa el estío, por ejemplo, al final del verano, cuando la naturaleza está quieta. Son esos días que tenemos tanto calor que no podemos ni casi ni utilizar la mente, que nos dejamos cocer al sol, que no tenemos ganas de ninguna actividad y eso fructifica. Es decir, el fruto de ese reposo final después de haber recibido la luz del sol durante el verano es lo que nos da los frutos en septiembre, durante el otoño.
Así que, bien, el elemento tierra es el centro, es un momento de quietud. Es una estación del año que dura 72 días, igual que las otras, según el taoísmo, y está compuesta por los 18 días que hay alrededor del cambio de estación. Por ejemplo, pues nueve días antes y nueve después del 21 de marzo, esos 18 días no es ni invierno ni primavera. ¿Para qué sirve esto? Para desacelerar el invierno, es decir, que no haga tanto frío, y comenzar a iniciar la energía primaveral. Es una época que se puede llamar interestación y sirve pues para que no pasemos de estar a dos grados de golpe a estar a 18. Es decir, para que el cambio estacional se produzca con una transición, porque eso es lo que garantiza la vida en el planeta Tierra. El funcionamiento de los cinco elementos así no entra dentro de las leyes del universo; entra dentro de las leyes del planeta Tierra, que está diseñado para que se cree vida dentro de él y que esa vida se pueda perpetuar durante el suficiente tiempo como para que pueda evolucionar.
Desarrollarse primero, ser buen superviviente; después tener objetivos más allá de la inteligencia, desarrollar unos objetivos de desarrollo espiritual, básicamente, y llegar hasta el máximo punto posible de evolución. En principio, espiritualmente pues venimos aquí abajo a desarrollar la compasión y el desapego, a pesar de tener aquí abajo en la tierra el miedo y el apego. Entonces, desarrollar la compasión teniendo miedo es un gran mérito, es una evolución espiritual. Desarrollar el desapego teniendo tantas cosas a las que apegarte, tanta cosa material y tantos afectos, pues es un gran mérito y aquí venimos a hacer méritos, es decir, a trabajar, a crecer, a aprender, a aprobar asignaturas.
Bien, pues esos 18 días que hay entre cada una de las estaciones, esos cuatro huecos que se llenan durante el año, son 72 días, igual que el resto de las estaciones que se cuentan por meses lunares. Así que, ¿qué hacemos dentro de esos 18 días? La cura del cambio de estación. Es decir, te preparas para la estación siguiente. Por ejemplo, pues ahora nos encontramos en el momento de transición verano-otoño; pues bueno, la cura de nueve días antes y después del 21 de septiembre es encontrar un par de días dentro de esas fechas para estar dos días comiendo lo mismo. En este caso, uvas, si puede ser. Va a ser el fruto de la estación, es decir, de la próxima estación, es el que nos va a preparar para tener energía, ya que el otoño, como habíamos comentado en el elemento metal, el otoño te desacelera, te hace bajar los niveles de energía. La uva te llena el depósito energético, te llena de nutrientes y, a la vez, esos dos días de cura hacen que descanse el aparato digestivo bastante y limpias un poquito el colon también, que es el compañero del pulmón que rige el otoño. Así que es un buen momento para eso.
Eso cuando estás sano; si tienes resfriados, ya tienes síntomas otoñales, sobre todo resfriados, rinitis, entonces puedes hacer la cura de higos secos, que tienen grandes dosis de hierro y vitamina C, te ayudan a combatir el resfriado y, de paso, te sirven de cura de otoño. —Porque, claro, al ser secos absorben el exceso de humedad que tenemos. —Exacto, y sobre todo la flema. Y parece ser que la síntesis de hierro y vitamina C es más alta en el higo seco. Entonces es mucho más útil para curar el resfriado. Y yo no sé si una cura de higos frescos de dos días le sentaría bien a una persona; yo no lo he probado.
Bien, pues esto es lo que hacemos en el elemento tierra: es decir, detenernos para dejar que ocurra algo, para dejar que venga una estación nueva, para dejar que venga un elemento nuevo. El elemento tierra se encuentra entre todos los elementos, entre uno y el otro. Lo que pasa es que en la rueda de los cinco elementos, para aplicarla al feng shui, la ponemos después del elemento fuego y antes del elemento metal. Esto se usa para la medicina china y para, sobre todo, para el feng shui. Entonces, repitiendo cada uno de los dos elementos, por ejemplo, el elemento agua, agua yang más agua yin y un elemento tierra en medio, y así con todos los elementos, salen 12, que son los 12 signos del horóscopo chino. —Los 12 meridianos. —También, los 12 meridianos de acupuntura, que cada uno tiene un punto que corresponde a un animal del horóscopo chino. Está todo como muy cuadrado en el taoísmo, ¿no? Todo es muy geométrico, muy encajado. Al final casi todo se puede encajar bastante bien.
Bien, la tierra representa el centro, es la inmovilidad, la inmovilidad productiva. Es cuando te paras a razonar, a pensar, a asimilar cosas, cuando te paras a hacer la digestión. En nuestro organismo el elemento tierra actúa desde el bazo, el páncreas, como órganos, y el estómago como víscera. Así que el elemento tierra se encarga de gestionar la linfa; sobre todo se ocupa de mover los líquidos de cintura para abajo, en la zona reproductora y piernas es donde, sobre todo en la mujer, se retiene más líquido de tipo linfático cuando hay fallos en el elemento tierra. Y se ocupa también de la gestión de los azúcares. Los azúcares y el estómago, sobre todo, afecta mucho a los músculos. Así que cuando tenemos fallos en el elemento tierra, pues nos puede fallar la circulación linfática, la gestión de los hidratos de carbono o los músculos. Podemos tener falta de tono muscular, mucha delgadez y debilidad en los brazos y en las piernas, sobre todo, y esa sensación de que no tienes capacidad para levantar peso o para correr o caminar mucho. Sensación de que tus músculos no te van a responder.
Ahora viene cuando me preguntas por qué se puede estropear el elemento tierra. —¿Qué es lo que lo estropea? —Ahí está. Pues nada, dos cosas que a lo mejor es una sola: o lo que somos o lo que comemos. Es decir, o lo que piensas o lo que comes. —O el programa que llevas, diríamos. —Exacto, sí, el programa de vida que te estás montando y... —O el que te viene heredado. —Sí, el que tú aceptas. ¿Y qué comes para seguir manteniendo ese programa de vida? O sea, al elemento madera ligado, pues le afecta la agresividad. Para ser agresivo, pues comes carne, que es adrenalina, carne y sal que te mueven mucho los riñones, las suprarrenales. El elemento tierra, que sirve para la reflexión, necesita mucho de la mente para aprender de la experiencia, porque el elemento tierra es un parón en el que tú piensas, analizas fríamente y te preparas para lo que te venga, después de cada experiencia. Por ejemplo, pues yo qué sé, tienes que salir a un circo a cruzar una cuerda con una pértiga en las manos; pues después de haber hecho eso, con toda la adrenalina que te ha supuesto, terminas, te quedas quieto, tu mente se queda en blanco y lo que estás haciendo es asimilar la experiencia y aprender para la próxima vez hacerlo mejor, o quizá para la próxima vez no hacerlo, si te ha resultado muy desagradable.
—Es como el elemento que cierra y abre ciclos. —Sí, sí, cierra el anterior y te prepara para el siguiente. Es el aprendizaje, ¿no? Es lo que te sirve para cada vez hacer las cosas de una forma diferente intentando que sea mejor. —Bueno, como es cíclico, es como una espiral; vas pasando siempre por los cinco elementos, bueno, por los cuatro elementos y entre medio ese quinto elemento, la tierra. Como que cada vez ya tienes motivación para hacer un esfuerzo para aprender algo porque sabes que lo vas a volver a encontrar. —Exacto. Mira, en verano aprendes a ser feliz; luego hay una interestación en la que te paras, no eres ni feliz ni infeliz, y así puedes en otoño albergar la tristeza dentro de ti y que sea para ti un aprendizaje y no un sufrimiento. Es decir, para saber gestionar la melancolía. Así que cada elemento te lleva al siguiente y te lleva a ser una persona más completa, mejor superviviente.
Así que, en principio, el elemento tierra nos sirve para reflexionar, así que lo que necesitamos es cerebro. Para que nos funcione mucho el cerebro, ¿qué necesitamos? El incendio de un hidrato de carbono. Entonces, si los hidratos de carbono que comemos no son los adecuados, son azúcares blancos, hidratos refinados, son azúcares de asimilación rápida que caen en tu cuerpo y necesitas gastarlos inmediatamente. —Y además combustionan un montón de minerales y de oligoelementos porque no aportan nada más. —A veces te dejan sin calcio simplemente para hacer la combustión. Así que, ¿eso qué hace? Te activa mucho la mente, con lo cual te conviertes en una persona momentáneamente hiperactiva, en una mente hiperactiva. Entonces empiezas a crear muchas asociaciones de ideas o proyectar muchas cosas que quieres hacer durante esa hiperactividad. Cuando te baja el azúcar, no tienes fuerzas para resolver todas esas puertas o enigmas que has abierto, así que necesitas más azúcar. Esa sería la primera adicción al azúcar, al hidrato de carbono rápido.
Luego hay muchas más adicciones, desde la del sabor, que el azúcar es muy dulce; cuando se te acaba en la boca te deja un regusto amargo y le echas más dulce para tapar ese regusto. Luego la asimilación, las cadenas de moléculas de azúcar siempre dejan una molécula libre que necesita asociarse con otra, así que te está pidiendo continuamente más azúcar para seguir haciendo enlaces. Es decir, hay un montón de adicciones que se crean desde ese tipo de hidrato de carbono rápido; te activan mucho la mente y tienes que estar alimentándola continuamente, como puede hacer pues un chaval que está delante de un ordenador horas y horas y días, pues a base de refrescos con azúcar, que es lo que le mantiene despierto. Eso a la larga produce fallos en el páncreas por agotamiento, básicamente. Así que llega un momento que ya no puedes gestionar los hidratos de carbono y te vuelves diabético. A la larga también falla el compañero del páncreas, el bazo, así que vas a tener un montón de problemas para eliminar pues los cadáveres de los glóbulos rojos que se albergan en el bazo, mover la linfa del cuerpo y es probable que tengas retención de líquidos. Y luego empezarás a tener problemas en el estómago como úlceras o proliferación de *Helicobacter pylori* y otras bacterias patógenas que se quedan enganchadas en el estómago pidiendo más azúcar.
Claro, es que a ver, en el juego de tronos del aparato digestivo, allí hay una serie de reinos y todos tienen que estar en equilibrio. Si uno de ellos prolifera sobre los otros, se crea una dictadura. Ese bicho que ha proliferado, toda la colonia se comunica entre sí, pero la colonia entera se comunica con tu cerebro, con tu cerebro reptiliano, así que te va a decir "azúcar, azúcar" y tú vas a pensar que a ti te apetece el azúcar cuando es el bicho el que lo está pidiendo desde la parte de atrás de tu cerebro como si te hubieran puesto un altavoz en la cabeza. Esa es la gran adicción a los hidratos de carbono simples.
Claro, esa es una de las razones por las que te puede fallar el elemento tierra. La otra, que sería casi lo mismo, es tu actitud. ¿Qué promueve el azúcar? Actitudes de exceso de pensamiento. ¿Qué provoca eso? Pues una actitud obsesiva-compulsiva. Es decir, pensar demasiado te daña el elemento tierra. —O sea, si estás preocupado por algo, fácilmente te vas a dañar el elemento tierra porque vas a tener tendencia a estar dándole vueltas a ese problema que te preocupa. —Sí. Yo claro, tengo una teoría que es mía, entonces no puedo avalarla con citas de nadie más, pero así como el dolor postural tarda aproximadamente 12 minutos en instalarse en el cuerpo, es decir, cualquier postura de trabajo repetitiva a los 12-15 minutos a lo sumo provoca una tensión muscular que se queda fija y entonces de ahí empezamos a tener la contractura, el dolor postural por trabajo, pues yo he visto que entre 10 y 15 minutos de pensar en lo mismo, de darle vueltas a la misma cosa sin resolverse, la mente entra en bucle.
Y lo he visto con mucha gente, incluso conmigo mismo ya puestos, y veo que las actitudes obsesivas se quedan cuando tienes un problema, ese problema no lo consigues resolver en 10-15 minutos y no lo sueltas. Porque bueno, yo me he ido a la cama con un problema de contabilidad en la cabeza, me he puesto a dormir y por la mañana el problema estaba resuelto. Es decir, el balance cuadrado a las 6 de la mañana con el despertador. Esa es la manera de resolver las cosas: cuando no puedes con ellas, las dejas; a los 10 minutos las dejas, te vas a hacer otra y luego vuelves. De esta manera le das al inconsciente la posibilidad de trabajar eso, de resolver eso que tú no puedes arreglar. Ahora bien, cuando lo que quieres resolver en tu cabeza es por qué tu madre le daba los mejores melocotones a tu hermano y a ti los peores, en 10 minutos no solucionas eso.
Es decir, cuando una cosa es del pasado, ya no tiene arreglo; cuando son cuestiones emocionales (pues por qué fulanito no me quiere, pues qué más da, no te quiere, ya está, déjalo en paz, o sea, no insistas; por qué en el mundo tiene que haber gente tan mala, pues sigue pensando que vas a necesitar un cuarto de hora y un poquito más... y unos años y una vida para sacar una solución). Es decir, cuando nos ponemos planteamientos o silogismos irresolubles, es evidente que vamos a necesitar más de 15 minutos y varias vidas para resolverlos. Ahí empiezan las contracturas mentales. Es decir, nuestra mente se queda como enganchada, contracturada, encabezonada en mirar fijamente una frase, un problema, sin poder solucionarlo pero sin querer soltarlo. A partir de ahí empieza a sufrir el elemento tierra, y a partir de ahí, para seguir alimentando esa mente que está en bucle y que no descansa, podemos hacernos adictos a los monosacáridos. Con lo cual se cierra el ciclo en el que una de las cosas ha provocado la otra. De todas maneras, casi siempre, casi siempre, primero viene el pensamiento obsesivo y luego los azúcares. —Casi siempre es una condición interna la que produce el desequilibrio. —Sí.
Si al niño... antes se decía mucho, ahora no se acuerda uno tanto de las lombrices, pero sigue habiendo un montón de lombrices en los intestinos y en otras partes del cuerpo. "Niño, no comas tantos caramelos que te van a salir lombrices". Las lombrices hacían que el niño se pusiera muy nervioso, y ese mismo nerviosismo le hacía comer más caramelos. Así que una cosa alimentaba la otra. Entonces es cuestión de a qué tipo de parásito quieres alimentar cuando comes dulces. Puedes preguntarte de qué te estás sirviendo, porque siempre sirven para algo. El de alimentarse de cosas que tienes que comerlas continuamente, o cacahuetes, o chocolate, o caramelos, es evidente que estamos tapando algún tipo de carencia, de necesidad; pues bueno, pregúntate qué, ¿no?
En principio romper eso solo se consigue meditando, que es la única manera de dejar de pensar conscientemente. —O sea, centrar la mente en aspectos de la existencia que nos conectan con el cuerpo, con la vida, con... —O poner a la mente a tocar palmas. Es decir, dice: "Vas a hacer [sonido de palmas: clap, clap-clap]". Por ejemplo, y mientras tanto intenta pensar. Pues a lo mejor vas a tardar un buen rato en poder pensar algo. A la mente hay que darle un trabajo tonto, como cuando tienes un niño ahí que te está molestando en el trabajo y no sabes qué hacer con él, pues le das un trabajo que no tenga mucha importancia, que no tenga que romper nada y que lo tenga entretenido. Que a veces son trabajos repetitivos, que les gusta hacer muchas cosas muchas veces. Así que cantar mantras o hacer una meditación tocando el tambor como la meditación Nembutsu de Kioto Kitayama, o todas aquellas en las que la mente tenga que ocuparse de varias cosas a la vez. En el Nembutsu te tienes que ocupar de seguir un ritmo tocando el tambor de madera suavemente, tienes que recitar un mantra a la vez, tienes que mirar de llevar tu respiración y tienes que llevar la postura y además tienes que seguir el ritmo del tambor del monitor que lleva la meditación. Así que ahí a la mente le quedan muy pocas posibilidades de meterse en tu cabeza.
—Claro. Bueno, también bailar, por ejemplo, intentar seguir una coreografía podría ser una cosa más. —Sí, el sonido del elemento tierra es el canto. Así como en el elemento fuego es la risa, en el elemento madera es el grito, en el elemento agua es el gemido, en el elemento metal es el llanto, pues el del elemento tierra es el canto. Es decir, cantar es bueno para el bazo, el páncreas y el estómago. Cantar con letra, es decir, con toda la conciencia, te impide hacer cualquier otra cosa. Por lo menos a tu mente le impide cualquier otra cosa. De hecho, a veces tú estás pensando, quieres llevar un hilo de pensamiento, se oye una canción al lado tuyo y te es imposible seguir el hilo de tus pensamientos; la canción se sobrepone a ti. Esto pasa sobre todo pasa según en qué hercios están grabadas las músicas. Músicas que tienen tal perfección, tienen tal ritmo, que se apodera del ritmo irregular de tus pensamientos y se sobrepone a él. Normalmente lo perfecto se sobrepone a lo imperfecto, así que una canción bien cantada o bien construida se va a superponer a todo lo que tú estás pensando. Tiene que ser cantar con letra. En principio cantar es bueno para el bazo; tararear es un indicio de que la zona bazo-páncreas no funciona bien. Uno a veces está obsesionado, sus pensamientos dan muchas vueltas y se pone un poco a tararear para quitarse el nerviosismo, pero solo tarareas porque así puedes seguir con el hilo de tus pensamientos. Es decir, si pones la música pero no pones la letra, puedes seguir pensando. Lo que estás haciendo es anestesiar esos pensamientos para que no te hagan daño, pero no los quieres soltar. Podríamos decir que la mayoría de gente que está tarareando o murmurando o silbando está en un momento obsesivo. Es decir, que por dentro su mente está demasiado ajetreada dándole vueltas a cosas que está preocupada la persona. La mayoría de veces es así.
Y sí, cantar es perfecto para optimizar nuestro elemento tierra, y bailar más todavía porque incluye la música y el hecho de llevar una coreografía vamos, te dificulta bastante el llevar un hilo de pensamiento en la cabeza o un hilo de conversación. Es muy difícil. Eso que hacen en las películas de estar bailando un tango y hablar al mismo tiempo solo lo puede hacer James Bond porque es James Bond, pero la mayoría de gente no puede estar llevando una conversación mientras lleva pasos de baile difíciles y la música está sonando de fondo. Entonces esa sería la forma perfecta de ir sanando nuestro elemento tierra. Lo otro es meditar, que eso no habría que dejarlo, es decir, llegar a disociarte de tus pensamientos. Que estés meditando y que venga un pensamiento a instalarse delante tuyo y que tú lo mires desde fuera. Ese es el momento en que ocurren dos cosas: una, que el pensamiento se va porque lo has sorprendido, ¿no?; otra es que te das cuenta de que sois dos: tú observando a tu mente y tu mente ahí pensando. En ese momento te das cuenta de que eres más que un cerebro, eres mucho más que un cerebro, estás descubriendo casi tu parte divina. Y bueno, el hecho de meditar va haciendo que crees espacios en los que no hay estrés en ti porque tus pensamientos te han dejado en paz y la verdad es que ganas años de vida. Las épocas en las que meditas bien sientes que te está haciendo efecto, te notas que rejuveneces y que ganas energía para hacer muchísimas otras cosas. Es un tiempo muy bien invertido que te ahorra luego perder el tiempo en pensamientos inútiles.
Así que, bueno, pues básicamente tenemos la alimentación, tenemos la música y tenemos la meditación. En cuanto a alimentación pues bien, ya sabemos lo que nos hace daño; el azúcar simple pues nos pasamos al azúcar complejo, es decir, tomamos el que necesitemos gastar, desde luego. O sea, si no necesitas gastar azúcares... el azúcar es un combustible, la desgracia es que está muy bueno. Claro, se come por apetencia, por paladar más que nada, pero es un combustible; te tomas el que te haga falta. Así que bueno, pues los hidratos de carbono complejos, las harinas integrales te aportan esa energía que necesitas en los tiempos en que la necesitas, no se te vuelcan todas de golpe, no te producen hiperactividad y no te producen bajón. De esta manera pues empiezas a ser una persona más reflexiva, que piensa las cosas antes de hacerlas, que piensa las cosas después de haberlas hecho también. Es decir, cuando terminas algo, cuando dices algo, cuando acabas un trabajo, pues reflexionas a ver qué tal ha ido, objetivamente, si lo puedes hacer mejor la próxima vez. Y si lo haces desasosegadamente, o sea sin acritud, sin nerviosismo, no vas a necesitar culpar a nadie. "Es que lo he hecho mal porque fulanito me ha distraído". No, es que simplemente la próxima vez voy a evitar esto, esto y esto. La mente sirve para eso, para la reflexión desapasionada, que es la que nos da el verdadero aprendizaje.
En realidad todos los síndromes en medicina, en acupuntura japonesa, todos los síndromes se tiene en cuenta el hígado. Por ejemplo, si el elemento tierra, que es la reflexión, está mezclado con el elemento madera, que es el hígado, que es la agresividad, entonces la reflexión no es objetiva y al final solo vas a necesitar un culpable, matar a alguien, decapitar a alguien, condenar a alguien. Con lo cual, al final se trata de eso que se oye a veces en los centros de trabajo: "¿Quién ha sido que se ha dejado la puerta esta abierta?". Bueno, lo importante es que la puerta está abierta; el "quién ha sido" pues es relativo, ¿no? Pero parece que lo más importante es el "quién ha sido". ¿Por qué? Porque esa persona está desahogando un cabreo que tiene simplemente. No estamos yendo a optimizar el funcionamiento del centro de trabajo, sino que solamente estamos buscando un culpable para desahogarnos con él porque él es culpable y nos sentimos legitimados para hacer escarnio de esa persona. Entonces pues es tan fácil como eso, es separar el hígado de todo lo demás. La mente tiene que funcionar exenta de emociones para funcionar bien y, si tienes emociones de por medio que te están haciendo daño, no pienses. —¡Qué fácil es decir esto! —No, pues corre, nada, pégale puñetazos a un saco, échate agua fría en la cara, pero no te pongas a pensar. No te quedes quieto pensando y con un cabreo encima, porque te va a dañar el bazo, el estómago, el páncreas y de paso el hígado y la vesícula biliar. —Y la relación con las personas con las que estás conviviendo. —Y la relación contigo mismo.
Y bien, ya ves lo importante que es el elemento en el que vivimos ahora, el elemento tierra. Nos protege y tal vez es por esto que en muchas culturas ha sido considerada como la madre, la que nos cuida, protege y alimenta, la que vela por nosotros. Y sabes también lo importante que es no dejar que la cabeza se embale y piense demasiado en cosas que no puede resolver en poco tiempo. Pues bueno, ahora ya tienes unos cuantos conocimientos más para cuidar mejor esta conexión con el elemento tierra. Te dejo todos los enlaces que hemos nombrado en este episodio en las notas del programa: vidaensalud.es/podcast/57. Muchas gracias por escucharme. Gracias por participar, gracias por tus comentarios y sugerencias. Gracias por estar dándole sentido a Vida en Salud. Gracias también a Kitplus por la cesión de las melodías del programa y gracias a Jordi por su aportación en este episodio. ¿Te gustaría recibir un aviso en tu correo electrónico cada vez que publique un nuevo episodio? Pues suscríbete en vidaensalud.es/suscripcion. Si quieres apoyar al podcast para que pueda tener una larga vida y aportar cada vez mejores contenidos, hazte mecenas en patreon.com/dianavaleria. Nos reencontramos hablando sobre el elemento metal, que corresponde al otoño. Y hasta que nos volvamos a encontrar, recuerda que si cedes tu responsabilidad también estás renunciando a tus derechos y a tu libertad de elección. Que pases muy buenos días y excelentes noches. Hasta la próxima.