70. Celebraciones navideñas y conflictos sistémicos. Con Diana Valeria
18 de diciembre, 2019
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Estamos a punto de entrar en la recta de las fiestas navideñas y vamos a encontrarnos con la representación de nuestro sistema familiar en vivo y en directo. ¿Cómo podemos beneficiarnos de esto?Transcripción del episodio
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¡Claro! Aquí tienes la transcripción literal del episodio 70 de *Vida en Salud*, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, episodio 70: Celebraciones navideñas y conflictos sistémicos.**
Bueno, ya tenemos las navidades a la vuelta de la esquina y nos vamos a reunir de nuevo con los miembros de nuestro sistema familiar. Así que, tal como os dije, vamos a hablar de constelaciones familiares; nada más adecuado. Pero aprovechando que ya dentro de pocos días vamos a estar rodeados de una muy buena representación de nuestra familia, pues nos enfocaremos en cómo podemos aprovechar esta circunstancia para trabajar nuestro árbol. ¿Qué te parece?
Ya de por sí, estas celebraciones son una excelente oportunidad para la sanación de conflictos provenientes de nuestro árbol familiar, y a lo largo del episodio verás por qué. Quiero deciros que estoy empezando a desarrollar una idea, una idea para estrechar la comunicación entre nosotros y poco a poco voy empezando a establecer una línea de comunicación por email. Si te suscribes en vidaensalud.es/subscripcion, pasarás a formar parte de una lista en la que voy enviando mensajes con reflexiones, consejos, ideas, historias que colaboran a acercarte a esta visión de la salud en la que tú tienes el control. Por lo menos todo el control que se puede tener sobre la salud, que al formar parte de la vida, pues controlar, lo que se dice controlar, no se puede demasiado, pero sí podemos acercarnos a, por lo menos, respetarla, y eso viene de la comprensión.
Y si es la primera vez que escuchas este podcast, recibe una cálida bienvenida a *Vida en Salud*, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Aquí tenemos una forma diferente de entender y vivir la salud; apostamos por una visión en que tú eres protagonista, protagonista de tu salud y de tu vida. Esto te convierte en la persona más adecuada para cuidar de ti y nadie sino tú debe hacerlo, o debería hacerlo. Para eso te ofrecemos información, conocimiento, inspiración y motivación que te acerquen a ser capaz de tomar las decisiones más acertadas sobre tu salud y la de quienes dependen de ti. Tenemos un punto de vista muy amplio de la salud, así que no te extrañe encontrar por aquí información sobre los muchos aspectos que afectan a la vida y que no se suelen vincular con la salud, aunque para nosotros sí que lo están.
Pues me apetece mucho compartir contigo esto ahora, a pocos días de las celebraciones vinculadas a la fiesta católica de Navidad, porque es la religión oficial de todos los países hispanohablantes y, como tal, forma parte de la educación de casi todos. Así que es un nexo de unión que es común a todas nuestras culturas. Y me parece muy adecuado porque la familia es un centro de atención importante en estas celebraciones. Nos reunimos con nuestros familiares cercanos y lejanos, volcamos mucha atención en agradar a los niños y en compartir todo lo que tenemos, sobre todo con nuestra familia. Nos agasajamos y obsequiamos y damos a todos muestras de afecto y reconocimiento.
Como comentamos con Jordi en el episodio anterior dedicado al elemento agua, del invierno, en estos días van a emerger no pocos conflictos sistémicos que están sin resolver y habitan en el subconsciente de todos los miembros de la familia. Aunque los tengamos normalizados y se haya desarrollado el hábito de pasar por esa energía de puntillas, como si no existiera, como si no le afectara a nadie... en definitiva, como si no fuera un problema, cuando no es así. Es algo que afecta a todos los miembros de la familia y algunos de ellos incluso de forma muy personal y perturbadora. Yo no sé cómo tú lo vives, pero por mi experiencia y lo comentado con otras personas, es así. Y de hecho son ya un chiste tradicional los patrones que nos encontramos en estos encuentros familiares.
Porque de hecho es eso: un patrón de comportamiento que yace en el fondo del sistema familiar. Un patrón al que nadie se le puede resistir y en el que todos cumplen su papel. ¿Y sabes qué? Que habiendo tanta energía sistémica en estos encuentros, se convierten en una bendición para quienes quieren disolver conflictos que están atascados en el árbol familiar. Y dirás: "¿Pero qué dices, si es un coñazo?". Y sí, claro que es un rollo ese patrón que en realidad es molesto y no gusta a nadie. Pero es una bendición que emerja, que se haga visible de forma evidente.
Lo importante es reconocerlo, al menos lo pienso así yo. Reconocerlo, aceptarlo, observarlo para detectar el origen y así disolverlo. Porque por lo menos, y como poco, podemos tomar conciencia de su existencia. Y en lugar de ignorarlo, hacer que no existe, normalizarlo o pasarlo por alto, podemos observarlo. Ver cómo emerge, a quiénes implica, intentar intuir por dónde afecta a cada miembro y de qué forma le afecta, qué papel cumple para cada quien ese patrón y qué papel cumple cada quien en ese patrón y, sobre todo, qué papel cumple ese patrón en el sistema. Ver qué servicio cumple el patrón en el sistema.
A veces es muy difícil. Es difícil porque puede ser un patrón adquirido por una experiencia vivida por algún antepasado lejano, incluso muy, muy, muy lejano. Alguien que no tuvo la oportunidad o la circunstancia favorable para superar una culpa, o la enquistación del odio generado por una experiencia frustrante, humillante o limitante, el dolor por la pérdida de algún ser querido en una circunstancia difícil de asimilar... Son muchas las vivencias que puede guardar un sistema familiar en su subconsciente experiencial. Y muchas más veces de las que nos imaginamos, algunas de estas experiencias no resueltas por alguno de nuestros ancestros se han convertido en un bloqueo que no deja fluir la energía por el sistema hacia abajo, hacia las nuevas generaciones. El no haber comprendido o superado una circunstancia adversa puede quedarse ahí, reclamando ser resuelta por alguno de los miembros que están vivos.
Porque quienes están vivos tienen la oportunidad de resolverlo en el plano material, algo que los muertos no pueden hacer ni que quisieran, ni suponiendo que quisieran. Es una responsabilidad que va pasando de una generación a otra en la familia y alguien tiene que tomarla. Por ejemplo, la necesidad de venganza de un abuelo o tatarabuelo que fue aprisionado o torturado, o ambas cosas, en un conflicto bélico, puede ir pasando de una generación a otra como odio y sed de venganza y ser proyectada en cualquier experiencia del presente. O el dolor no superado de una tatarabuela que perdió a todos sus hijos en una catástrofe natural, que emerge en alguno de los tataranietos como si fuera propio. En fin, son muchas las experiencias que nuestro sistema humano ha dejado en el pasado sin resolver.
Porque en el fondo del fondo, todos somos familia. Pertenecemos a un único y mismo sistema familiar, y ya ves si tenemos conflictos. Y muchas heridas no sanadas siguen abiertas y palpitando en todas las familias, porque la historia de la humanidad está llena de horrores que nos hemos infligido unos a otros. Y porque en muchos casos no se dieron las circunstancias favorables para sanarlo. Tal vez las prioridades morales de ese momento no lo permitieron, tal vez no se pudo comprender o darle sentido a la experiencia, o tal vez realmente fue una experiencia que se requiere más de una vida para ser superada y espera encontrar a alguien en el sistema que se haga cargo de transmutarla.
Y al menos yo, personalmente, considero que es importante que observemos si esto también se da en nuestras vidas, porque si nos damos cuenta de que es así, vamos a vivir un proceso de sanación. Hacernos conscientes de esta posibilidad nos libera de culpas, de impotencias y de responsabilidades que no nos corresponden. Porque tomando conciencia de cuál es el conflicto podemos poner solución. Y si no podemos llegar por el momento a poner solución, podemos saber de dónde procede y adjudicarle el lugar que corresponde. Y esto muchas veces ya resuelve el conflicto. Pues esta posibilidad es la que se nos pone enfrente durante estas celebraciones.
Solo hemos de poner atención sabiendo que esto es así y observarlo. Al observarlo tomamos conciencia. Al tomar conciencia nos acercamos a su comprensión. Y al acercarnos a su comprensión estamos más cerca de su resolución. Y si has empezado a hacer tu árbol genealógico te será de mucha ayuda, especialmente en estos días, observarlo y tomar conciencia de su estructura y de sus componentes. Y cuando veas o te encuentres con lo que intuyas como un patrón, puedes hacer un ejercicio con la intuición observando tu árbol e intentar colocarlo ahí. Ya sé que la intuición es un hecho no científico, pero no podemos negar que es un hecho. Así que es, así que hablo de ello y lo uso igual que lo puedes usar tú como un recurso que tu propia naturaleza tiene. Faltaría más. ¿Y qué importa que vengan una legión de científicos de academia a decirme que no es científica y por tanto no existe, si es real en mí? Y también es real en ti, ¿no? ¿Tienes tu intuición?
Como ya comenté en el episodio que grabamos con Mireia sobre genealogía viva, hace dos episodios atrás, el 68, cuando abres las puertas de tu sistema familiar y de tu árbol, ocurre la magia y todas las cosas vienen como obedeciendo a tu llamada. O al menos así ha sido para mí. O sea que te lo digo porque a mí me ha pasado así. Si reconstruyes tu árbol y quieres compartir conmigo cómo ha sido tu experiencia, te lo voy a agradecer mucho. Si quieres escríbeme a dianavalería@vidaensalud.es y me explicas, me compartes.
Bueno, y además he de añadir que yo sé que hay por el mundo haters que dicen que las constelaciones familiares no tienen ninguna base científica y además incluso dicen que suponen un peligro. Son los mismos que atribuyen argumentos científicos sesgados a aquello que les interesa validar. Así que para mí sus afirmaciones tienen la misma validez que las que se otorgan a aquello que no se conoce. O sea, ninguna, porque ellos hablan sin conocer. Porque para opinar creo que uno ha de zambullirse en el conocimiento de aquello sobre lo que quiere opinar, ¿no? Una consigna repetida muchas veces y por muchas personas no la convierte en verdad, ¿verdad? A mí me parecen peligrosos los medicamentos que se dan de por vida a personas que diagnostican alegremente de depresión crónica, la verdad. Las constelaciones pueden resolverte el problema o no, pero no suponen un peligro. No te envenenan ni alteran tu sistema nervioso ni tu capacidad cognitiva como hacen los medicamentos. Y es lo que digo siempre: que hay algún poder que vive de manipularnos y que no tiene ningún interés en que nosotros tengamos ni el más mínimo ápice de conciencia. ¿Por qué? Pues porque cuando tienes conciencia dejas de ser manipulable. Y tomar conciencia del lugar que ocupas en tu sistema familiar y cuáles son las dinámicas que se dan en tu sistema familiar, de dónde vienen y a dónde van, es tomar conciencia, es adquirir un grado de conciencia. Por eso.
Pero bueno, bien, aquí y ahora yo te estoy hablando de una experiencia personal, porque yo estoy capacitada como guía en terapia de constelaciones familiares y tengo una experiencia en ello. Aunque no ejerzo como guía, porque no es mi función —mi función es hacer lo que estoy haciendo ahora, dártelo a conocer—, sí que me interesé por esta metodología y durante la capacitación participé en muchas constelaciones y comprendo su mecanismo y que me parece de lógica además. Pero bien, cada uno que vea lo que quiera. Si quieres saber más sobre estas afirmaciones que hacen los haters interesados en desacreditar esta metodología, te dejo el enlace en las notas del programa a un artículo del blog de *Vida en Salud* en el que hablo de esto.
Y bueno, lo que te quiero decir es que tal vez sea bueno e incluso necesario convocar al sistema familiar mediante una constelación en alguna ocasión para poder enfocarnos en la resolución de un problema concreto que puede tener su origen en algún componente de nuestro árbol familiar, ¿por qué no? Pero es que durante las reuniones familiares de las celebraciones de la festividad de la Navidad ya están ahí. No tienes que convocarlo, se hace presente. Tal vez con demasiada intensidad, pero allí está. Ahí está tu sistema repitiendo su patrón cada año. Es tu constelación viva.
¿Qué relación tiene esto contigo? ¿De qué manera resuenan en ti cada uno de los componentes de tu familia? ¿Cómo te hacen sentir las conversaciones que tienes con los diferentes miembros? ¿Qué imagen de ti proyectas sobre ellos? ¿Qué imagen tienes de ellos? Que es lo mismo que la imagen que ellos proyectan sobre ti. ¿Qué papel dirías que desempeña cada uno? ¿Qué relación crees que estos papeles desempeñan en el sistema? Pues estas son preguntas que te puedes hacer para aclararte a ti y aclarar el contenido humano de tu árbol.
Otra cosa curiosa que se da en el sistema familiar es la necesidad de obediencia al clan. Verás, un sistema familiar es un clan. Un clan que tiene sus costumbres y secretos que quedan dentro del clan. Muchos hábitos de comportamiento y muchas de nuestras conductas son heredadas de nuestro clan. Y es que además el clan parece exigir que esto sea así. Parece esperar que tú dignifiques tu pertenencia a ese clan extendiéndolas, reproduciendo conductas y comportamientos intrínsecos a él. Las conductas y comportamientos están basados en convencimientos, en formas de ver, entender y explicarnos la realidad. Y a veces el mandato sistémico tiene tanta fuerza que cuando nos encontramos en una situación en que un convencimiento proveniente del sistema se tambalea, encontramos muchas resistencias para transitarla. Como si el clan nos tironeara para que no nos encontremos con nada que le pueda hacer cambiar ese legado.
Por ejemplo, tal vez una persona joven de una familia en que todos son abogados siente el llamado como artista y quiere aprender artes escénicas y desarrollar su capacidad como cantante. Pero esa tendencia no es bien acogida en la familia, que durante generaciones ha optado por la misma profesión: la de abogado. La persona joven se siente presionada, muy presionada, más allá de lo que sería natural. En definitiva, su familia es su familia y cada uno ha decidido por su vida, así que no tendría por qué suponer una presión insostenible el hecho de que a su familia no le gustara que se dedicara a cantar. Es más, tampoco tiene mucha lógica que su familia se ponga de morros porque esta persona quiere cantar; es su vida, es su destino personal, a la familia en realidad no tiene por qué afectarle. Pero el aspirante a cantante siente una presión insostenible, siente culpa, mucha tristeza y se identifica como una traidora para con su familia. ¿Por qué pasa esto? Porque tiene sobre sus espaldas lo que se llama un mandato sistémico. Esto es como eso, una orden que va pasando de generación en generación a todos los miembros de una familia.
Y este mandato puede estar ahí escondiendo algo vergonzoso para la familia, y la aspirante a cantante con su anhelo por salir de un patrón que lo protegía está poniendo en peligro de ser expuesto. Algo en el subconsciente de este sistema, de este clan, sabe que es peligroso que ella remueva estos fundamentos y ella misma también lo sabe. Y lo viven todos de esta manera, como una traición. Sin saber por qué ni de dónde viene, lo tienen normalizado que esto sea así y es su vivencia. Y en principio nadie se cuestiona hasta qué punto es lícito que exista esta tensión en la familia por la elección de uno de sus miembros. La buena noticia es que es muy probable que el motivo por el que la familia podría quedar expuesta a vergüenza pública haya caducado, ya no sea así. Hay muchas cosas que en el pasado se vivían como avergonzantes que ahora no se ven así. No sé, por ejemplo, un divorcio o una infidelidad o una relación previa al matrimonio o una boda estando embarazada, o incluso tener un hijo con síndrome de Down era avergonzante hasta el extremo que el niño crecía encerrado en la casa y no le permitían salir para que no fuera visto por nadie. Son convencimientos que forman parte de un pasado lejano pero que infligieron mucho sufrimiento a algún miembro y se queda en el recuerdo sistémico. Esto puede estar dificultando la vida de alguien en el presente.
Porque hay otro curioso patrón al que parece ser obedecen los sistemas familiares, y es que tienden a delegar en personas concretas los destinos de los que murieron sin resolver un conflicto que les causó mucho sufrimiento. No es poco común que un sistema familiar cuente con suicidios, por ejemplo, en más de una generación. O que haya miembros que se casen o emparejen con personas que llevan los mismos oficios o nombres de sus tatarabuelos. O que un desequilibrio de la personalidad o lo que llaman una enfermedad mental se repita en varias generaciones. O las profesiones se repitan en una y otra generación, o las profesiones que compensen a la otra. Por ejemplo, si un abuelo ha trabajado en un matadero, que uno de los nietos o bisnietos o tataranietos sea veterinario, por ejemplo. O patrones como el alcoholismo también pueden estar pasando de generación en generación, o el que compense: un bisabuelo alcohólico y una biznieta psicóloga entregada, especializada en recuperar a personas del alcoholismo. Son cosas que se pueden dar. Y en fin, que tu sistema familiar guarda muchos secretos que forman parte de ti y que tenerlos en cuenta puede ser un factor que mejore tu vida. O no, quién sabe.
Pero yo sigo pensando que es bueno dar una mirada a nuestro sistema y detectar experiencias que pueden haber quedado abiertas, inconclusas o fuera de contexto, para ver si podemos cerrarlas y devolver paz a nuestros antepasados y a nuestros presentes familiares con ello. Porque en la sociedad actual además yo puedo identificar muchos patrones colectivos que podrían tener que ver con esto que os estoy explicando hoy. Y bueno, en definitiva, lo que quería transmitiros en este episodio es eso: que ahora con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina es un buen momento para desvelar estos secretos que esconde tu sistema familiar, o al menos empezar a mirarlos. Observarlos sin juicio para no interferir su comunicación y poder recibir todo el mensaje que traen para ti, puede ayudar a equilibrar muchos aspectos de tu relación con tus familiares y de la familia en sí.
Y venga, pues no te cortes y pégale una mirada a tu familia desde el punto de vista sistémico, porque vete tú a saber igual la tristeza que te inunda en algunos momentos del año y que no sabes cómo explicar tiene que ver con una experiencia no resuelta de alguna de tus parientes que se proyecta en ti. ¿Sabes, por ejemplo, cuando tu abuela te habla de su hermana que murió joven y te explica cómo era y a ti ese personaje no sabes por qué te despierta una profunda simpatía? ¿Hay personajes en tu familia que ya faltan y que incluso no has llegado a conocer pero sientes muy próximos? Pues puedes haber heredado su conflicto y el sistema confía en ti para que le liberes de eso.
Cuando te explican las hazañas de alguno de tus antepasados, ¿te das cuenta de que él vivió situaciones que tú también has vivido? O sin ir más lejos, ¿reproduces el patrón relacional de tu padre o de tu madre? ¿Ves que tienes una relación con tu pareja muy parecida a la de tus padres? ¿O te sorprendes a ti mismo reproduciendo una conducta de tu padre, de tu madre o de alguno de tus abuelos? Las conductas comunes tienen activadores comunes y destinos comunes. Difícilmente tú y tu padre habéis vivido las mismas circunstancias que os hagan reproducir los mismos comportamientos. Bien pudiera ser que tuviéramos destinos comunes que son activados por voluntades sistémicas provenientes de nuestros ancestros.
Genética... todavía no se sabe qué es la genética y hasta qué punto influye en aspectos tales como el destino, el comportamiento, la voluntad, las emociones. No se sabe, científicamente no. Tampoco se sabe científicamente que pueda haber un legado familiar de este estilo que yo te estoy hablando. Yo no creo que solo exista lo que explica la ciencia. Es más, la ciencia no deja de descubrir cosas nuevas, incluso no deja de tener que corregirse a sí misma sobre afirmaciones que han llegado a imponer como verdades absolutas más de una vez. Así que es cierto que no sabemos científicamente si este tipo de conflictos que se dan bajo estos patrones provienen de conflictos no resueltos por nuestros antepasados, pero tampoco sabemos de dónde provienen. Y el caso es que si no existe un producto que la industria te pueda vender y que utilice esa visión, se niega, es negado, no sirve. Si tuvieran una pastilla para resolver el dolor que alguien siente por la experiencia de pérdida que tuvo su bisabuela al morir su hijo recién nacido, entonces te la venderían y esta visión se aceptaría.
Bueno, bromas aparte o no tan bromas. Yo sinceramente prefiero explorar, observar y ver por dónde tengo la oportunidad de resolver aquello que me supone una dificultad. Y bueno, si tú también eres de la misma opinión y prefieres explorar a dar por sentado lo que se repite como cierto, te invito a observar tu sistema familiar. A mí me aporta siempre mucha información; a veces puedo gestionarla, a veces me supera, no te voy a engañar. Pero siempre gano en conciencia, y ganar en conciencia me acerca a poder gestionar cada vez más y mejor mi vida. Pero cuando digo gestionar no me refiero a controlar, a tener bajo control... no, no. Me refiero a comprender y aceptar, o incluso aceptar sin llegar a comprender todavía, acercándome poco a poco a verlo claro. A eso me refiero.
Muchas gracias por escucharnos, gracias por participar, por tus sugerencias, por tus likes y comentarios, por compartir los episodios del podcast. Gracias por estar dándole sentido a *Vida en Salud*. Muchas gracias a María Martínez por todo el conocimiento sobre genealogía, movimientos sistémicos, constelaciones familiares y biodescodificación que ha compartido conmigo cuando me enseñó sobre esto que he estado hablándote ahora. Y gracias también a Kithflus por la cesión de las melodías del programa; un día lo vamos a traer.
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