8. La salud pública
04 de julio, 2018
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Abordo la salud pública a raíz de haberme dado cuenta que cada vez se dan más diagnósticos de cáncer y otros desórdenes de salud graves en personas jóvenes, por debajo de la treintena.Transcripción del episodio
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Aquí tienes la transcripción del audio dividida en párrafos para facilitar su lectura:
Vida en Salud, episodio 8: La Salud Pública. Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una forma de vida saludable. Este proyecto es mi iniciativa y yo soy Diana Valerio. Este podcast tiene la intención de difundir información que nos inspire y ayude a reflexionar sobre qué es salud, preservarla o recuperarla y mejorar nuestra calidad de vida. Entendiendo la salud desde el punto de vista más amplio que te puedas imaginar, hablaré de lo que eres y de todo aquello con lo que, de una manera o de otra, mantienes contacto; es decir, que tocaré una amplia variedad de temas que son los muchos aspectos que afectan, influyen y están relacionados con tu salud.
Hoy tengo, quiero, tengo que hablarte de lo que es la salud pública y de cómo nos afecta a cada uno de nosotros. Y esto viene porque una chica muy joven, de como mucho 30 años, que es integrante de la comunidad WordPress España, ha sido diagnosticada de cáncer. Yo personalmente ni directamente no la conozco, pero he sabido de su situación a raíz de una movilización que se ha dado entre la comunidad de WordPress España.
Resulta que las personas que nos dedicamos a hacer páginas web solemos ser autónomos y cuando no estamos trabajando, cuando no tenemos un encargo, no tenemos ingresos. Así que todos los hacedores de páginas web que forman parte de la comunidad WordPress, o sea que son los que utilizan WordPress como gestor de contenidos para hacer páginas web, han empezado a difundir la noticia con la intención de organizar una colecta para que ella cuente con el soporte económico que necesita para centrarse en la recuperación de la condición de mala salud que tiene en su cuerpo. Esto es loable y dice mucho de la calidad humana de las personas que forman parte de esta comunidad y yo, sinceramente, me enorgullezco de formar parte de ella.
Y este episodio lo dedico a Carla y a otras muchas personas que, estando en la flor de la vida, ven sus objetivos boicoteados por un diagnóstico tan aplastante. Porque a mí, el hecho de que alguien tan joven padezca una enfermedad tan destructiva me sugiere muchas cosas que no quiero callarme. Ya sabes que llevo muchos años interesada en la salud y que me he informado y capacitado en diferentes campos relacionados con la salud. Así que tengo formada una opinión muy sólida en cuanto a salud se refiere y hoy quiero ser tajante. Quiero comunicar esta visión de forma clara y concisa, espero conseguirlo.
Le escribí a Carla en un tuit: "Cuídate, hermosa". Y hoy, en este episodio, quiero dejar claro a qué me refiero cuando digo cuídate. Por el año 1981 yo estaba estudiando en una academia de terapias naturales; estaba haciendo la carrera de medicina, pero de medicina natural. Esta medicina que tiene cientos de miles de años de existencia, pero que se considera pseudociencia porque la industria de la salud que desde hace 200 años decide los contenidos que han de haber en los estudios universitarios sobre salud, ha decidido que a esta ciencia enfocada en la preservación de la salud, emulando, apoyando y estimulando los mecanismos de la naturaleza, le está falta de rigor.
Para mí, la industria médica causante de la barbarie en que se está convirtiendo la medicina es uno de los mayores males de la sociedad y de la salud pública. La forma de medicina que promueve e impone ha surgido de las investigaciones para crear, fabricar y vender productos sanitarios. Esta forma de medicina no tiene más de 200 años, como ya he dicho, y está contra esos cientos de miles que tiene la observación del cuerpo humano y los protocolos desarrollados por la medicina natural. El único objetivo de la medicina oficial hegemónica es ser soporte de la venta en el mercado de los productos producidos por sus macabras investigaciones.
Más adelante, cuando empiece a hablar de la historia de la medicina, entenderás por qué califico de macabras a las investigaciones que han llevado a cabo o, o sea, que nos han llevado a tener toda esta mercadería sobre salud que nos invade actualmente. Bueno, quería aclarar esto porque esta es la medicina que controla la salud pública y este estrato de la salud es el que nos influye a todos y, por tanto, nos afecta a cada uno más o menos de la misma forma.
Mecanismos y herramientas de la salud pública son, por ejemplo, los hospitales, los centros de atención primaria, los medicamentos financiados con dinero público, la aparatología y protocolos establecidos para su uso. Pero también lo es la precariedad laboral, como por ejemplo la de depender de estar trabajando para poder tener dinero para subsistir y no poder ocuparte de cuidar de tu salud, por ejemplo. O, por ejemplo, la precariedad de vivienda que también es muy mayoritaria porque la vivienda está tan cara que es muy difícil que las personas podamos conseguir el dinero necesario para financiarla.
La contaminación ambiental es otro mecanismo de la salud pública que está... o bueno, no es un mecanismo de la prevención de la salud pública, pero es un mecanismo que influye sobre la salud pública, tengámoslo claro. Pues la contaminación aceptada que está aceptada como algo inevitable que conlleva el progreso, progreso que todos necesitamos, pues también influye sobre la salud. El aislamiento emocional a la que nos lleva la ética social. Pero sobre todo, la salud pública está influenciada por la educación obligatoria y sus programas de manipulación y por los medios de comunicación masiva junto con el paradigma cultural e ideológico que promueven tanto unos como otros como única alternativa válida de vida.
Se nos hace creer, por ejemplo, que beber alcohol moderadamente no hace ningún daño. Unas cervecitas con los amigos es lo menos que necesitas para tener una vida social plena, ¿verdad? Se nos hace creer que multitud de alimentos antifisiológicos son imprescindibles para el mantenimiento de la vida. Se nos hace creer que una actividad física vinculada a un gimnasio es algo saludable. Se nos hace creer que podemos vivir en ciudades completamente alienados de la naturaleza sin llegar a tener consecuencias por ello.
Vivimos en una sociedad que promueve unos valores que permiten que una persona pueda llegar a convertirse en alcohólica sin ni siquiera darse cuenta, que promueve que podamos estar destruyendo nuestra vida sin ni siquiera percibirlo. Hay multitud de formas de adicción y destrucción transcurriendo escondidas bajo cada uno de nuestros actos cotidianos o bajo la mayoría de nuestros actos cotidianos.
El cáncer, por ejemplo, es una de esas enfermedades que dan yuyo por lo agresiva que llega a ser. Pero resulta que hasta hace pocos años la mayoría de las veces que me llegaba a mí, por lo menos, la noticia de un diagnóstico de cáncer era sobre una persona con una cierta edad que pasaba los 50 por lo menos, o los 60 incluso. Una persona que había tenido suficiente tiempo para elaborarse unos objetivos, cumplirlos y vivir en base a sus preferencias; que había tenido tiempo de adquirir y mantener hábitos dañinos para su salud. Desde un tiempo reciente hasta parte, las noticias que me llegan sobre diagnósticos de cáncer o de cáncer u otras enfermedades muy graves son sobre personas muy jóvenes como Carla, de unos 30 años. Los jóvenes apenas han tenido tiempo de identificar sus objetivos vitales; a lo sumo empiezan a entreverlos. Tampoco han tenido tiempo de adquirir y mantener unos hábitos nocivos para la salud. Esto indica que han crecido ya con ellos, con estos hábitos.
Esto es una injusticia muy grande o, por lo menos a mí, me parece una injusticia muy grande. Nadie merece que justo cuando empieza a poder mirar hacia el horizonte para crear un proyecto sobre el que montar su vida le digan, y con fundamento, que tiene un alto riesgo de perderla, la vida. Mirad, no quiero aceptarlo y no quiero callarme. Por más que me llamen conspiranoica o lo que quieran llamarme, no voy a aceptar como saludable todo lo que la perversa formación en medicina transmite como saludable y todo lo que los medios de comunicación y el adoctrinamiento educativo escolar transmite sobre salud. Sobre todo porque mi experiencia personal es muy otra y voy a transmitir lo que he descubierto en el transcurso del tiempo porque creo que es necesario que todos lo sepamos.
Quisiera que mis palabras ayudaran a superar la indolencia y la inercia, que estimularan a todos a cuestionarse las respuestas que se dan de forma generalizada, que nos inspiraran a movernos de la silla y a buscar soluciones más allá de lo primero que te llega, que suele no ser lo más apropiado para ti por lo generalizado que es, básicamente o principalmente. Tú eres única o único, eres especial y mereces un trato exclusivo. No te sirve un protocolo que se establece para cualquiera, ya te lo digo.
Luego están las enfermedades que voy a denominar "de moda", aunque esta forma de denominarlo no deja de tener una connotación muy morbosa. Pero es que es como si fueran de moda. El cáncer ahora es una de ellas, pero también tenemos otras muy terribles como el ELA que también se diagnostica en gente muy joven. Mi hijo, que tiene no llega a 30 años, tiene un amigo que desde los 25 años le han diagnosticado un ELA, una esclerosis lateral amiotrófica que, para quien no lo sepa, es una enfermedad que va descomponiendo tu sistema nervioso y va paralizando tu cuerpo miembro a miembro mientras tú estás siendo presente de tu propia degeneración.
Hubo un tiempo que yo recuerdo en que fue el SIDA el que aterrorizaba a todo el mundo y hubo una comunidad que estaba ya definida por el sistema que era la que recibía el azote del SIDA y terminó con muchísimas personas mal informadas y también muy jóvenes. Pero es que no se trata de resfriados ni de anginas, no se trata de diarreas. No se trata de eso, son enfermedades que afectan seriamente la continuidad de la vida y la calidad de la vida. ¿Qué está pasando?, me pregunto de verdad, ¿qué está pasando? Hay algo que nos afecta a todos y que está profundamente mal. Y yo intuyo que esto es la salud pública.
Las creencias sobre lo que es saludable, bueno y necesario para nuestra vida, las necesidades no cubiertas que arrastramos, los hábitos que construimos y nos construyen, los propios diagnósticos, los métodos de tratamiento de las enfermedades, incluso la misma forma de entender la enfermedad; todos son tergiversaciones de lo que debería ser la salud que, por ser generalizada, se convierten en instrumentos condicionantes de la salud pública que nos afecta a todos.
Hace poco, muy poco, un compañero programador me explicó que estaba teniendo problemas laborales porque a su esposa le habían diagnosticado un cáncer y que esto estaba trastocando su vida de tal forma que no le permitía tener continuidad en los trabajos. Su esposa era otra chica sobre la treintena, madre de dos niñas menores de tres años. Esto no es justo, de verdad. Él me explicó que la habían puesto en tratamiento. Normalmente, la quimioterapia y la radioterapia es lo que se implementa en la medicina hegemónica. Quimioterapia es venderte químicos producidos en sus fábricas, en sus laboratorios, que son fábricas, y radioterapia es venderte aparatos producidos en sus fábricas también. ¿Lo entiendes? Sí. Bueno, y además son carísimos y están financiados con dinero público. Esta es la forma de financiación de su maquiavélica industria que han encontrado como viable y que no nos demos ni cuenta de que esto está siendo así.
Vale, y me explicó esto: que la habían puesto en tratamiento y que iba a empezar con una segunda tanda porque la primera tanda de quimioterapia o de radioterapia no había resuelto el problema. Mira, yo lo sé, el cáncer tiene unas características muy destructivas, pero estos tratamientos son aún más destructores. Y después de pensarlo largamente, después de meditarlo y de pensar pros y contras, le dije a mi amigo lo que nadie quería pronunciar, pero que era evidente e inevitable. Le dije: "Juan, tu mujer va a morir. No sé cuánto tiempo falta para eso, ojalá que sea mucho, pero tarde o temprano morirá". Nadie quiere oír eso, por esto nadie lo dice. Yo elegí decírselo y te voy a decir por qué. Porque pienso que lo merece, que lo merecían los dos. Porque merecían tener claridad sobre el futuro que tenían enfrente, porque merecían poder hablar de aquello que era importante hablar, decirse aquello que querían decirse antes de despedirse para siempre. Porque es muy largo un para siempre. Por esta forma de amor y de compasión elegí decírselo a mi amigo.
Y desde aquí te digo, Juan, porque sé que tal vez me escuchas, que no fue el cáncer lo que mató a la madre de tus hijas, sino los tratamientos. Su cuerpo no pudo con tanto veneno ni con tanta radiación que quemó sus células. Se quedó sin los pocos recursos que naturalmente tenía para recuperarse de aquello que le estaba pasando. Intervinieron sobre su naturaleza de una forma tan brutal que terminaron con cualquier resquicio de capacidad de regeneración que pudiera haber en su cuerpo. Y no te lo quise decir antes por no incidir en tu dolor, pero te lo digo ahora. Te lo digo porque Carla y cualquier otra persona que me escuche merece saberlo. Merece saber que los protocolos médicos pueden llegar a postergar el avance de una enfermedad grave, sí; pero en su mayoría empeoran el cuerpo que la padece, haciendo así que la muerte temprana sea algo inevitable.
Así que cuídate, Carla. Cuídate, Carla, y cuídate cualquiera que esté en la misma condición que Carla. Cuídate del diagnóstico. La misma forma de entender la enfermedad forma parte de ella, de sus causas y de sus consecuencias. Los antiguos egipcios, griegos, médicos de la China milenaria, los antiguos Rishis a los que se les atribuye el conocimiento en que se basa la milenaria también medicina Ayurveda, los médicos higienistas del romanticismo alemán y la medicina natural en general, observan que la enfermedad es una respuesta del organismo en un intento de regularse debido al desequilibrio producido por una condición adversa.
La perversa medicina oficial de nuestra época ve y nos transmite la visión de la enfermedad como un enemigo al que batir. Para esto genera multitud de armas de destrucción contra ese supuesto enemigo, armas que tienen precio y que forman parte de uno de los comercios más lucrativos de los últimos siglos. El problema que tiene esta visión de la enfermedad es que no solo es errónea, o sea, no es verdad que haya enemigos en nuestro cuerpo que tengamos que destruir para mantener nuestra salud. Es una burda mentira de vendedor deshonesto. Esta visión de la salud es la causa del empeoramiento, a la corta o a la larga, de todas las condiciones de salud que son abordadas de esta forma. Porque en realidad no hay enemigos. En el intento de destruir o acabar con la enfermedad, la medicina oficialmente impuesta en nuestra sociedad destruye y acaba en realidad con el vehículo de la propia vida, con nuestro propio cuerpo. Porque no se puede separar la respuesta del cuerpo del cuerpo mismo.
La única forma para que lo entiendas te lo explicaré, ¿no? La única forma racional, lógica y efectiva que puede haber de enfrentar una condición adversa de salud es indagar en las causas de esta. Intentar comprender cómo se han dado y a la vez apoyar los mecanismos fisiológicos que tiene el propio cuerpo para restablecer y regenerar los daños causados por esta condición.
Tuve un profesor, un profesor que era médico, había hecho la carrera de medicina y además no era un médico cualquiera; era un médico notable que había terminado la carrera de medicina con una edad mucho menor que cualquiera de sus compañeros. Y él decía: "Cuanto más grave es la enfermedad, más sutil ha de ser el remedio". Y esto, además de ser una gran verdad, es algo que no cumplen los protocolos de la medicina oficial. Es una verdad porque cuanto más agresiva o destructiva es la enfermedad y más grave es el deterioro que produce, más suavidad necesita el cuerpo. Porque sus mecanismos de regeneración están debilitados y requieren de una estrategia sutil y muy bien pensada y además individualizada para que la fuerza de la vida pueda ir ganando presencia por encima del proceso de degeneración que ya se ha iniciado.
Fíjate lo que sucede en un bosque. Los árboles dejan caer las hojas de las que pueden prescindir en una época del año determinada; aquí en nuestro hemisferio es el otoño. Y otros microorganismos que viven en el bosque mantienen su vida con esta materia que ha soltado el árbol. Y esta materia es devuelta al bosque por estos microorganismos en forma de otra materia para que esta alimente las raíces de la vegetación que compone el propio bosque. Pues algo así sucede en nuestro cuerpo también. Fíjate, o sea, un árbol es componente de un bosque, que es un sistema mayor que el del árbol mismo. Este árbol se desprende de parte de su propia esencia, de su propia sustancia, y ese ecosistema, ese sistema, genera otros organismos que reciclan esa sustancia para que pueda ser útil para ese propio organismo, para que el propio árbol pueda alimentarse de su propia sustancia, que de otra manera no podría.
O sea, es como si el árbol está al servicio de su propia vida, pero no solo de su propia vida, sino que además, de por medio, está alimentando a otras vidas que se mantienen gracias a él, como la de los hongos, las flores, arbustos, matorrales, el agua, etcétera. Pues algo así sucede en nuestro cuerpo también. Todo nuestro sistema orgánico existe y funciona para el mantenimiento de la vida; es el servicio de nuestro organismo hacia nuestro ser, hacia el ser que existe en nosotros. Pero como en el ejemplo del bosque y equiparando el cuerpo al árbol, el organismo está al servicio de un equilibrio que va más allá de un único cuerpo; está al servicio de la vida que mantiene todo el bosque.
Dentro de estas funciones que podríamos llamar globales, tenemos algo así como una capacidad sensorial que valida el estado de gravedad de la situación y define la estrategia a seguir en consecuencia. Cuando la situación es muy complicada y el organismo detecta que los recursos necesarios para mantener la vida son mayores que el resultado que se obtiene, todo nuestro cuerpo entra en un proceso que podríamos llamar autodestructivo con el fin de devolver la materia que lo compone al ciclo de reciclaje del planeta y la fuerza de la vida a lo que podríamos llamar "fuente de la vida" desde donde pueda alimentar e impulsar vidas mucho más eficientes.
No sé si queda explicado. O sea, nuestro propio organismo destruye nuestra propia materia, nuestra propia sustancia, para liberar esa vida que habita en nosotros y devolver esa materia a la propia tierra donde va a poder ser aprovechada por otras vidas y la energía que somos va a poder formar parte de otros impulsos de vida. Al menos así es como se ve desde las culturas más antiguas que han poblado la humanidad; que han sido presentadas ante nosotros como burdas y poco evolucionadas, poco inteligentes y que vivían en una realidad fantasiosa y con los pies muy lejos del suelo, pero es el resultado de miles de años de observación contra las teorías que han sido implementadas a partir de 200 años de revolución industrial, que es cuando han empezado pues a revertir el paradigma cultural de la humanidad.
Podríamos decir que la vida no tiene apego físico y puede establecerse en cualquier organismo; si no está en mí, estará en cualquier otro lugar. Y si no es eficiente que esté en mí, hará lo posible por abandonarme para poder ser libre e insuflar vida en cualquier otro ser. Pues el cáncer o cualquier otra forma de enfermedad que nos enfoca al fin de la vida, bien puede ser, yo creo, estoy segura de que es, o uno de los últimos intentos por el mantenimiento de la vida que afirman sistemas como la Nueva Medicina Germánica del Doctor Hamer, o uno de los primeros eslabones hacia su destrucción. Yo ahora mismo no tengo la seguridad, pero está en esa frontera.
Y este es el motivo por el cual es necesario evitar toda acción agresiva que pueda acrecentar la falta de recursos o capacidad de respuesta de nuestro cuerpo, porque está en un límite muy delicado en el que, bueno, puede ir hacia la vida o puede ir hacia la muerte y sus recursos de regeneración están en las últimas. Y entonces en un momento como este, tal vez envenenarlo con químicos inorgánicos o abrasarlo con radiaciones o amputar esos tumores que genera, pues puede no ser la estrategia más apropiada. Bueno, yo estoy segura de que no lo es, pero lo dejo abierto para que puedas seguir indagando, investigando o puedas hacerte la pregunta a ti misma o a ti mismo.
Porque desde aquí quiero hacer llegar a Carla y a todas aquellas personas que puedan estar en una situación como la suya que se cuiden mucho, que se cuiden de verdad. Que os protejáis de los tratamientos de la medicina hegemónica, que indaguéis, que busquéis y encontréis información (que hay mucha y de calidad), que os capacitéis, que os escuchéis por dentro, que aprendáis a interpretar las señales del cuerpo, de vuestro cuerpo, porque está hablando, está gritando. La propia condición que se os está presentando no es más que una petición de ayuda, una petición de respuesta, pero de que tú respondas; no de que el médico responda, no de que la medicina oficial responda, no de que la industria médica responda, sino tú, que respondas tú.
Que detectes cuáles son tus hábitos que pueden haber generado la condición que vives y que los trabajes para transformarlos. Y sobre todo, que encuentres las herramientas que te son útiles para compensar aquellos excesos responsables de los deterioros de tu cuerpo. Herramientas que han de ser siempre en pro de la vida, nunca contra ella; por más que te digan que en nosotros hay vida enemiga, esto no existe. Todo en la naturaleza y en nuestra naturaleza es a favor de la vida.
No puedo decirte qué tienes que hacer ni cómo ni cuándo, pero si quieres ir siguiendo el programa podcast Vida en Salud, yo y algunos colaboradores iremos dando pautas sobre prevención, tratamiento y preservación de la salud de forma no invasiva y respetuosa con tu propia naturaleza. El propósito de Vida en Salud es precisamente este: aportar información relevante sobre salud y además puedes pedir, preguntar o sugerir aquello que necesites. En YouTube hay un montón de vídeos que puedes valorar, escuchar, ver y asimilar.
Puedes ponerte en contacto conmigo y consultarme sobre cualquier cosa sobre la que tengas dudas. Puedes hacerlo a través de mi website en dianavalerio.eu/contacto. Pero he de decirte muy seriamente que solo tú puedes escoger. Nadie mejor que tú sabe qué es bueno o malo para ti; solo necesitas la información adecuada. Tu salud es tu mayor responsabilidad personal. Tú eres la única persona que puede sanarte, igual que tú eres la única que puede enfermarte. Por eso hazte consciente, escoge y actúa, por favor.
Y bueno, esto es lo que quería decir hoy. Espero que este discursito pueda ser útil, que sirva para que nos cuestionemos todos un poco más la realidad que nos rodea y afecta. Espero que colabore a mejorar la calidad de vida tuya y la de quienes conviven contigo. Si te ha resultado interesante este episodio, te animo a que lo compartas por email, por WhatsApp o por tus redes sociales de preferencia. Las valoraciones, comentarios y "me gusta" le dan visibilidad al podcast y hará que pueda llegar a más gente, así que agradeceré que me regales alguno.
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Y bueno, muchas gracias por escucharme. Gracias por acompañarme en este viaje en que nos proponemos mejorar un poquito el mundo en que vivimos, aportando herramientas que pueden mejorar la calidad de vida para las personas que componemos esta amada humanidad. Gracias también a Kitflus por cederme las fantásticas melodías que animan la cabecera y el final de cada programa. Son creación suya y me parecen geniales. Kitflus es un músico internacionalmente reconocido; ha formado parte de las bandas de jazz más destacadas y mundialmente conocidas. Te dejo sus datos de contacto en las notas del programa. Y recuerda, mantente en contacto; que pases muy buenos días y excelentes noches. ¡Hasta la próxima!