9. El Método de Agricultura Natural de Masanobu Fukuoka con José María Peiró
17 de julio, 2018
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El método de agricultura natural fue creado, o descubierto, o bautizado así por Masanobu Fukuoka, ingeniero japonés que ejerció de agricultor en su japón natal y en muchos otros países. Este método tiene la particularidad de ser simbiótico con la naturaleza y respetar sus ciclos, acciones y procesos por encima de todas las cosas. Obtiene muy buenos resultados y pienso que es necesario que todos conozcamos cómo se obtienen los productos que utilizamos a diario.Transcripción del episodio
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¡Claro! Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
**Vida en Salud, episodio 9: El método de agricultura natural con José María Peiró.**
Te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira y ayuda a llevar una forma de vida saludable. Este proyecto es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria.
Este podcast tiene la intención de difundir información que nos inspira y ayuda a reflexionar sobre qué es salud, preservarla o recuperarla y mejorar nuestra calidad de vida. Entendiendo la salud desde el punto de vista más amplio que te puedas imaginar, hablaré de lo que eres y de todo aquello con lo que, de una manera u otra, mantienes contacto; es decir, que tocaré una muy amplia variedad de temas que son los muchos aspectos que afectan, influyen y están relacionados con tu salud. Si quieres que hable de algo en concreto, contáctame en dianavaleria.eu/contacto y haré lo posible por incluirlo en la programación.
Los métodos de agricultura que utilizamos y apoyamos mediante nuestra compra influyen muy directamente en la calidad de nuestro entorno inmediato, en la calidad del alimento principalmente, pero también en la calidad del agua, de la tierra, del aire; elementos muy importantes para el mantenimiento de nuestra vida y, por tanto, son los que, en caso de estar deteriorados o envenenados, más daño pueden hacernos. Es por este motivo que quiero que dediquemos algunos episodios a conocer cómo tratan nuestro entorno los diferentes tipos de agricultura. Creo que así podremos seleccionar y elegir con conocimiento y de forma consciente a qué tipo de proyectos agrícolas queremos apoyar con nuestras compras. Es así, el mundo lo hacemos como es entre todos, y es mejor que lo hagamos conscientemente y sabiendo qué hacemos, ¿no?
Así que hoy estamos con José María Peiró. Él estudió como ingeniero forestal y ha trabajado en el departamento de protección de plantas endémicas de la Generalitat Valenciana. Esto es un programa que viene de la Unión Europea y que destina unos fondos a la conservación de la flora silvestre amenazada. También es educador ambiental y jardinero, entre otras cosas, porque hace muchas cosas. Él nos va a hablar de su experiencia personal con la agricultura natural.
—Sí, todo un honor presentarle al gran maestro que fue y es, y nos ha dejado una gran enseñanza, Masanobu Fukuoka.
—Sí, Fukuoka.
—Se considera un sabio agricultor que, pues por lo que él cuenta, de Japón, ¿no? Japonés. Y trabajaba jovencito, recién salido de la universidad, pues se ve que estuvo trabajando ya para los servicios agrícolas estatales de su país en el tema, más bien, en el estudio bioquímico; estudios bioquímicos relativos a las producciones de campos de arroz.
—¿Pero él era ingeniero agrónomo?
—No lo sé exactamente. Hay gente que dice que, claro, es lo que yo pensaba, porque más bien se dedicó a la agronomía básicamente. Pero otros dicen que en Wikipedia hay algún fragmento en el que creo recordar que pone que fue biólogo. Lo que pasa es que, claro, tengamos en cuenta las distancias y las distorsiones que puede haber en los diferentes títulos así académicos entre el mundo como el japonés y el mundo como el mediterráneo.
—Que igual, yo qué sé, en Japón es un biólogo, pero es un biólogo orientado a la agricultura y hay una carrera que contempla esos...
—Claro, orientado sí, a esos temas. Era microbiólogo, le podríamos llamar, enfocado también sí a los microorganismos de los campos de cultivo, por supuesto, no de otros ambientes como pudieran ser los bosques, por ejemplo, ambientes más silvestres. Y de manera paralela la familia tenía unos huertos de mandarinos, y él cuenta en algún lugar de su obra que llegó un momento en que se puso enfermo, y entonces le hizo un "click" su vida, precisamente por la enfermedad, por verse abocado a encontrar una solución, una sanación, que paralelamente veía el desastre al que se estaba llegando por las técnicas industrializadas de producir alimentos, los pesticidas...
—Tan agresivas para con la tierra, ¿no? Tan desertizantes.
—Sí, sí, tuvo como una especie de revelación, como les pasa a veces a estos grandes personajes geniales. De repente, pues en la simpleza de encontrarse tranquilo en plena naturaleza, sentado tranquilamente, a solas, en silencio, y ¡pum!, le hizo un click su mente y su corazón. Y a partir de ahí, pues ya comenzó a tratar de vivir de una manera más armoniosa consigo mismo y con su relación con la vida, en pocas palabras. Y entonces se puso a experimentar, por así decirlo, porque era todo nuevo para él. Se puso a experimentar en los campos familiares.
Él no quería, claro, hacer lo que se venía haciendo. Dejó de podar los árboles tan drásticamente como lo hacían, a abonarles... Y entonces, por un lado, los resultados aparentes pues fueron un poco desastrosos en términos así convencionales de, incluso, una pérdida drástica de producción de fruta. Pero, sin embargo, él no desistió, continuó ahí tratando de seguir adelante, inspirado cada vez más, con los pies en la tierra y con mucho corazón, con mucho sentimiento por lo que hacía. Y se puso a lo largo de toda su vida, llegó un momento que ya iba dando charlas, viajaba mucho, estuvo por la India, por ejemplo, tratando de solucionar también graves problemas de desertificación. Tuvo grandes amistades con gente de allí y de más sitios que no me acuerdo, aparte de lo que comentábamos antes de la cuenca mediterránea, sobre todo Mallorca y algunas zonas de Grecia.
Pues el caso es que sí, fue configurando, por así decirlo, lo que se llama agricultura natural. Hay otras corrientes también, de todas maneras, que son como a lo mejor más encorsetadas. Una corriente que no la conozco solo por lo que se cita en Wikipedia, que es de un tal Okada, también japonés, pero vamos, que para mí agricultura natural es sinónimo, y para mucha gente más claro, nos resulta agricultura natural es relacionarla con Masanobu. Y fue probando muchas cosas, el combinar cereales, leguminosas con arbolado, arroz que no regaba o no lo tenía inundado, alternancias... Leguminosas como el trébol para él eran, claro, magníficas y lo son para poder realmente abonar la tierra sin necesidad de utilizar abonos de síntesis, ni siquiera abonos producidos de manera orgánica, como pueden ser los de compostaje o purines o bocashi, sí, todos estos de la... de lo que ahora se viene llamando agricultura regenerativa.
Pero vamos, los puntos así principales de la agricultura natural de Fukuoka básicamente son cuatro, que son: en primer lugar, el no laboreo ni arar la tierra; el segundo es no utilizar abonos químicos ni tampoco compost preparado; el tercero es no desyerbar mediante laboreo o herbicidas; el cuarto, no depender de los productos químicos para controlar las plagas de las plantas. A estos cuatro principios básicos en esta agricultura natural, digamos, ibérica, pues se ha ido incorporando una especie de compendio con un quinto principio, que ya estaba implícito en Fukuoka, de toda esa filosofía además del Tao, de la filosofía del no hacer.
Un "no hacer" entre comillas, de realmente pues observar, observar mucho y reducir la acción a lo imprescindible. Por ejemplo, eso, claro, no ponernos a podar los frutales porque todos lo hacen, porque el resto de nuestros vecinos agricultores lo hacen, porque si no no vamos a tener producción, porque tal, tal, tal. Y no, no podar, vamos a ver, vamos a conformar los árboles desde pequeñitos, intentar que tengan su porte natural, reducir las podas a lo imprescindible. No arar supone que realmente las raíces de las plantas y todos los bichitos, toda la vida subterránea que existe beneficiosa para el suelo, sea la que verdaderamente esté labrando, en el buen sentido de la palabra, la tierra, esponjándola, mulléndola, además de nutriéndola. Por eso mismo también lo de no abonar la tierra.
Si se tienen animales en el terreno, pues las aves son fundamentales, por ejemplo, con los aportes de fósforo, por ejemplo, en sus deyecciones. Pero vamos, todo eso es un abono natural, no hace falta elaborarlo. Las basuras domésticas de origen orgánico perfectamente son incorporables al terreno, pero no hace falta ni siquiera compostarlas. Se pueden ir extendiendo o dejando en pequeños montoncitos en zonas que calculamos que no van a ser utilizadas en un determinado tiempo mientras dure el proceso de reincorporación de esa materia orgánica a la tierra, que puede ser, de todas maneras, menos de un año en cualquier caso. Y todo así. Las raíces, ya dijimos, son las que van rompiendo un suelo duro, van preparándolo, mejorándolo.
—Los gusanitos, ¿no? Los bichitos...
—Sí, lombrices de tierra, sí, los micelios de los hongos beneficiosos y de los que son saprofíticos también para ir...
—Explícanos qué son saprofíticos, como lo has dicho... qué palabreja.
—Sí, la palabreja. Sí, que, por ejemplo, se van comiendo la madera muerta, podrida, raíces muertas de otras plantas. Claro, van compostando de manera natural, digamos, como ocurre en la naturaleza en un bosque. Van transformando toda esa materia orgánica que no la pueden utilizar todavía los seres vivos, pues la van transformando para que la puedan utilizar. Son cosas como muy de Perogrullo y a la vez parecen muy frikis en el seno de las agriculturas industriales, de alimentos de poca calidad, con pocos nutrientes, cargados de veneno, con una espiral creciente además sí de muerte, de insostenibilidad, de incorporaciones de energía y de recursos al terreno cultivable, los productos de síntesis que proceden de industria petroquímica también.
—Los productos químicos que se utilizan para los cultivos hacen que las frutas y verduras que proceden de esta forma conlleven el tóxico químico. Si es un abono químico ha crecido con eso, o sea, está incorporado en su composición molecular ese químico. Y bueno, nos están envenenando estas formas de cultivo.
—Sí, es algo que no tiene nombre, no me sale. Es injusto por una parte, porque además la vida es generosa, es abundante, y tal como se viene planteando, tan de dominaciones de seres humanos deshumanizados que pierden el derecho a poder elegir lo que comen, a poder tener una dignidad en su alimento bajo la dictadura del dinero, que no deja de ser una gran imposición en lugar de ser una herramienta de intercambio. Es así. Pero a la vez todo esto es para ayudar a reflexionar, a que vayamos preocupándonos y ocupándonos más en ser parte de la solución, como diría, por ejemplo, Gandhi.
Y también hoy en día parece muy imposible la del trabajar en común tierras entre personas. Hoy en día hay un gran abandono de tierras agrícolas en muchas zonas de España. Y a la vez hay mucha gente joven desocupada en situaciones muy precarias, también con muy poca experiencia del campo. Gente pues abotargada en la ciudad, en estas grandes urbes desde varias generaciones que ya prácticamente están desvinculadas de las raíces rurales. Pero a la vez se abre ahí toda una vía de recuperación de algo importantísimo: tener una vida digna, trabajar de una manera organizada entre pequeños grupos de personas que logren encontrar tierras que les cedan personas que las tienen desocupadas; los huertos urbanos en los extrarradios de ciudades mientras tienen el terreno cedido hasta que no llega una constructora y planta ahí unos bloques de colmena de viviendas humanas.
Yo estoy pensando por la zona de Valencia, pues por barrios que eran pueblecitos hasta hace pocas generaciones, eran pueblos agricultores y fueron quedando englobados en la gran ciudad de Valencia, pues también quedan espacios que se han ido recuperando entre vecinos, gente joven, y luchan por dinamizar todo eso, encontrar alternativas culturales, de obtención de alimento, de socialización. Pero muchas veces dependen de macroproyectos impulsados por el mundo financiero y caciquil. También mucha movida de huertos urbanos en ciudades medianas son impulsados por los gobiernos municipales, por las instituciones municipales. Y luego también pues hay esporádicamente casos como uno que yo he vivido hasta hace poco, de huertos así colectivos nacidos del impulso y de las ganas de gente, de gente de a pie tratando de sí de organizarse de manera asamblearia, horizontal. No conozco muchos casos, pero haberlos haylos, ¿no? Y espero sí que en el futuro pues vaya habiendo más.
Es que es de Perogrullo que el campo esté abandonándose porque no es rentable para este tipo de economías. Y a la vez pues vaya habiendo cada vez más gente que se va quedando en la cuneta, digamos.
—Pero yo creo que de alguna manera también lo que pasa es que ha habido una campaña de desacreditación de la vida rural tan grande durante todos estos últimos años que la gente joven, la mayoría, no les apetece ir a un pueblo a trabajar cultivando la tierra y en contacto con la naturaleza.
—Sí que estoy de acuerdo contigo, que se ha como vituperado, se ha denigrado, se ha degradado el mundo rural. Todo el siglo XX fue un acabar con todo ese pasado, ¿no? Como cuentan autores como Félix Rodrigo Mora en su libro de "Naturaleza, ruralidad y civilización", por ejemplo. Y en cambio, pues sí, autores de la talla intelectual, cineastas como Buñuel, pues claro, están en los pedestales y hasta nos parecieron así a muchas personas, ¿no? Cuando parecía que se estuvieran riendo, ¿no?, en documentos gráficos que llegaron a realizar. No es el caso, me viene el recuerdo de Alan Lomax, un norteamericano folclorista que fue grabando música, música popular de muchos sitios, por ejemplo de la península. Fue de una manera muy aséptica, por así decirlo, sin... o sea, sin cargarle de un lenguaje venenoso.
—Sí, sí, sin intervención ninguna. Y es verdad que tiene documentos de audio que son, digamos, el legado más grande que hay sobre las culturas musicales de la tierra, es verdad, ¿eh?
—Es verdad, es una joyita, sí.
—Una joya Lomax, sí. También pondremos un vídeo, algún vídeo de alguna grabación de Lomax.
—Qué bien, sí. Sí, estoy muy de acuerdo en todo eso, esa degradación de la imagen que se fue creando del medio rural. Y entonces ahora pues lo que se lleva como mucho pues es el de hacer turismo rural, lo de tener un chalecito para ir los fines de semana, o alquilar en algún sitio, hacer un viajecito. Pero el tratar de echar raíces en el campo es muy duro y muy jodido. Luego aparte el tema de la convivencia, además hemos perdido también todos esos vínculos afectivos, el respeto, la convivencia. No estoy diciendo que fuera idílica en el pasado, sería durísima. Pero ahora no sabemos convivir, nos hemos ido constituyendo en una sociedad muy, muy individualista, a extremos a los que aún por suerte no hemos llegado, como pueden ser países escandinavos, que hay también como cierta criminalización de la vuelta al campo por parte de gente joven. Sobre todo en el momento que hay casos de estos de que son juzgados chavales jóvenes por asentarse en un pueblo abandonado que resulta que con las políticas desarrollistas y antirurales precisamente, claro, de puestas a cabo en los años 50 y anteriores... Pero vamos, básicamente en esa época del colofón o de los hachazos finales a la pérdida del comunal pues fueron absorbidas por el Estado. Y entonces a veces pues se les ocurre, tienen la feliz idea de asentarse en un pueblecito abandonado que pertenece a lo que fue el patrimonio forestal del Estado, por ejemplo. Y entonces pues nada, penalización...
—Todo eso eran, perdona, ¿eh?, así reciben penalizaciones porque digamos es propiedad del Estado esa tierra y no la pueden ocupar porque el Estado es quien la gestiona, es su propietario. Pero, digamos, esas tierras anteriormente habían sido de la gente, ¿no? Eran tierras comunes a la gente que vivía en los pueblos, en las zonas.
—Así es. Basado seguramente en algunos momentos del pasado no hace falta más que mirar pueblos de los que llamamos salvajes, que aún quedan, que muchas veces no tienen ese concepto que tenemos tan incrustado en el mundo moderno de lo mío, lo mío, lo mío. Nada es mío, ni de nadie, es de todos y a la vez de todas, y a la vez no es de nadie. La propia tierra, como dicen algunos... también me acuerdo de Fernando García-Estenanín dice que la tierra es el gran patrimonio, el gran comunal universal, en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Poner a lo mejor en una balanza qué vale la pena, nuestra salud, el dinero... o sea, cuando ya se llega a situaciones como las que estamos llegando en que el agobio de la diaria, de la vida diaria, del pagar la hipoteca, de continuar con un trabajo muy precario que es una porquería que te absorbe todo el tiempo, que a la vez, sobre todo parejas jóvenes criando, pues lo tienen muy, muy, muy complicado, ¿no? Para más que para sobrevivir, digamos, a unos niveles que se entra en una vorágine de competir en lugar de cooperar. Por ahí no es el camino de las soluciones. Es muy complicado todo. En sociedades así más sencillas en ese sentido, o más arraigadas a lo natural, tienen sus problemas, pero son otros, son otros problemas más llevaderos, creo yo.
—Muy bien, pues hemos dado un buen repaso a lo que era y es la agricultura hoy en día, aunque nuestra idea en principio era hablar de la agricultura natural en la frecuencia de Masanobu Fukuoka. Nos hemos venido más aquí a nuestra tierra, a la península ibérica, y hemos derivado la conversación en un poco de historia del vínculo que hemos tenido y tenemos con la naturaleza, que es quien nos acoge, ¿no? Muy interesante.
—Me alegro, sí, yo también. Si me parece interesante el tema, se podría hablar mucho más de él y tratar de que englobe o de abrir, de abrir puertas, de dejar caer semillitas, bolas de semillas como Fukuoka, ¿no?, que puedan ir germinando y ayudando.
—Sí, porque Fukuoka hacía esto, hacía ponía las semillas en bolas de barro y las tiraba para protegerlas de los pájaros, que no se las comieran los pájaros y otros animalitos, insectos. Pues las protegía en bolas de arcilla y las tiraba para que ya la naturaleza hiciera lo suyo en lugar de plantar intencionadamente.
—Y es tan difícil, sí, el fácil caer en ese guiarnos por lo que impera, sí, de decir: "no, estas no son buenas, las lechugas tienen que estar solas y no se pueden combinar con las otras, con las coles o con los puerros". Prueba a ver inclusive en tus condiciones locales a lo mejor no ocurre eso que dicen que ocurre. Claro, la naturaleza en cada caso de una manera y siempre se organizan para cooperar, para poder vivir el máximo posible de seres vivos juntos. Sí, sí, es una gran lección que nos da la naturaleza. Yo me, cuando estuve documentándome para grabar el resumen de en qué situación se encontraba Japón después de siete años de la catástrofe de Fukushima, me enteré de que, bueno, hay como una especie de obsesión masiva entre los japoneses de encontrar alimentos con un índice de radiación lo más bajo posible, obviamente. Y quienes consiguen la menor radiación que se puede obtener en Japón en zonas contaminadas ahora mismo son los que practican el método de agricultura natural que impulsó, que creó, que descubrió Masanobu Fukuoka.
—Toma ya, sí, sí, eso es un bombazo de semilla de los buenos, sí. Y parece muy natural y lógico que sea así, claro. Porque las tierras se van desintoxicando de manera natural con un cultivo natural. El método de agricultura natural es acompañar los procesos de la naturaleza. La agricultura natural pues en cierta manera es permacultura, son más cosas a la vez, es una filosofía sin dogmas, muy abierta, muy de ideas, no de ideologías, al clima, al lugar, a las necesidades, a las personas, lo que tengamos a mano: las disciplinas, las técnicas, las ideas.
—Pues bueno, si ahora que estamos de alguna manera corremos el peligro de desertización de toda la península ibérica en realidad, pues estaría muy bien que todos tomáramos consciencia de que el método de agricultura natural es una forma que nos va a ayudar a evitar esto, ¿no? Nos va a ayudar a tener controlada la desertización del... por el clima básicamente por un lado, pero también por la forma en que se está utilizando la tierra. Y entonces pues bueno, quienes estáis cultivando os animo a informaros más sobre esto y los que estáis consumiendo os animo a buscar comprar vuestras verduras y frutas a agricultores que practiquen el método de agricultura natural para ayudar lo más posible a la tierra, porque dentro de las agriculturas ecológicas pues hay muchas, ¿no?, y tal vez el método de agricultura natural de Masanobu Fukuoka es el que más puede ayudar a la naturaleza en este sentido, ¿verdad José María?
—Sí. Estamos aquí para aprender unas de otras las personas e ir encontrando lo mejor. Para mí, desde luego, que me gusta la agricultura natural porque encuentro lo mejor.
—Muy bien. Bueno, pues el programa ya va dando a su fin. En las notas del programa te voy a dejar algunas referencias de las que ha hablado José María y algunas otras que no han salido nombradas aquí pero que te pueden ser útiles para profundizar un poquito más sobre el método de agricultura natural de Masanobu Fukuoka.
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