86. Quiero que me digan la verdad
12 de abril, 2020
📬 ¿Te gusta este podcast? Suscríbete a la Newsletter y obtén ofertas especiales
Hablemos de la verdad, de la creencia de la responsabilidad, de la manipulación de la responsabilidad, de los derechos.Transcripción del episodio
Leer transcripción completa
Aquí tienes la transcripción literal del audio, organizada en párrafos para facilitar su lectura:
Vida en Salud, episodio 86. Quiero que me digan la verdad. Estos días estamos viviendo cosas que están haciendo que la sensación de estar siendo engañados se vaya generalizando. Por un lado, tenemos más tiempo para buscar información y la realidad se va desplegando ante nuestros ojos. Estamos siendo engañados. Y en este episodio voy a hablarte de esto precisamente, de cómo veo este engaño, o de hasta dónde yo veo el engaño, porque además parece que no tiene fin. Si quieres, acompáñame hasta el final.
Y si es la primera vez que escuchas este podcast, te doy la bienvenida al podcast Vida en Salud, el podcast que te inspira a llevar una vida saludable. Esta propuesta es mi iniciativa y yo soy Diana Valeria. Este es un proyecto en el que te queremos ofrecer información, la que necesitas para cuidar de tu salud, para hacerte responsable de ella y tomar el poder de tu propia vida. Verás que abordamos todas las dimensiones del ser y todas las áreas de la vida porque están muy relacionadas con tu salud. Y si no lo habías visto nunca así, sigue con nosotros y lo podrás comprobar.
Para facilitarte todo lo que necesitas para capacitarte y empoderarte en esta importante labor de hacerte responsable de tu salud, hemos creado una academia online. Así que si quieres formar parte del grupo de personas que han de cambiar el mundo a mejor haciéndose responsables de lo que les atañe, puedes acercarte por vidaensalud.es/academia. Y si todavía no estás preparado para formar parte de la academia y quieres estar en contacto con nosotros, nuestro mensaje y las actividades, puedes suscribirte a la newsletter en vidaensalud.es/suscripcion.
Y este episodio está dedicado a quienes, al escucharlo, saben que es para ellos, o para aquellas personas que quieren decirle lo que voy a decir a alguien y no encuentran la forma de decírselo. Y si estás escuchándolo y no te queda claro si es para ti o no, puedes regirte por el siguiente criterio: cuanto más te moleste lo que escuchas, más dirigido está a ti.
¿Por qué tiene este episodio el título que tiene? Mira, te tengo que poner un poco en contexto. A mí Facebook no me gusta. Me parece un software totalmente orientado al negocio de su propietario que no sirve realmente a sus usuarios, el público que lo mantiene vivo. He de decirte que tú eres el producto que Facebook vende a sus clientes, si no te has dado cuenta. Para Facebook, tú eres su puñetero esclavo y nada más. Facebook es un software ilusionista que te hace tirar tu tiempo a la nada, por el desagüe.
Pero como muchos y muchísimos estáis ahí sirviendo al negocio de Mark Zuckerberg y yo quiero comunicarme con vosotros, pues tengo que ir allí. Si no, ni me acercaría, de verdad. Así que tengo que blindarme de vez en cuando para entrar ahí, comunicar lo que tengo para comunicar, intentando no quedarme atrapada y acabar tirando mi tiempo a la nada. Pues bueno, es que resulta que en una de estas incursiones por el negocio de Zuckerberg me encontré con un vídeo de una mujer que no conozco. Creo que apareció porque algún contacto mío comentó la publicación.
Y bueno, ¿y sabes lo que decía la mujer en ese vídeo? Decía: "Quiero que me digan la verdad". Estaba muy enfadada y exigía que quería que le dijeran la verdad. Se sentía engañada y quería que le dijeran la verdad. Esto me hizo reflexionar profundamente en qué estaba pidiendo en realidad ella y en qué actitud ha de tener frente a la vida una persona que se expresa de esta manera.
Entonces, he decidido dedicar este episodio a aquellas personas que os encontráis en esta situación, a quienes estáis sintiendo que queréis que os digan la verdad. Lo primero que tengo que decir es que la verdad no es algo que te puedan dar. No puedes salir a la calle y manifestarte reclamando que quieres que te digan la verdad. En la era de la información no, no puedes. Porque la verdad está ahí, solo tienes que ir a buscarla y, al encontrarla, solo tienes que aceptarla. Depende de ti, ¿lo entiendes? No puedes vivir negando la verdad porque no te la dice quien tú quieres que te la diga.
Si a quien tú quieres creer miente, es mentiroso, tiene intereses y oculta la verdad, deberías dejar de creerle. Porque la información está ahí para todos, no está oculta, está bien visible. Solo tienes que querer verla y discernir, cuestionar las verdades que te cuentan, hacer las comprobaciones necesarias, asegurarte de que es verdad lo que te dicen antes de que sea tan evidente que te han mentido.
Si yo puedo encontrarla, tú también puedes. No tengo contactos especiales, me abastezco de las mismas herramientas que tú usas o que puedes usar si quieres, porque son de dominio público. Si te engañan es porque tú lo permites, porque la verdad, saber la verdad, es tu responsabilidad. Eres tú quien se ha dejado engañar, quien ha querido creer mentiras. Y si sigues manteniendo la creencia de que tienes el derecho de que quienes te han engañado —porque tú has querido creerles a ciegas— te digan la verdad, esto no va a cambiar nunca. Te van a seguir mintiendo una y otra y otra vez.
Y quería entrar aquí a decir esto porque no es la única persona que está en esta situación. Hay muchas, la mayoría. La mayoría quiere creerse las mentiras que le cuentan aquellos a quienes quieren creer. Parece un trabalenguas, pero se ha entendido, ¿verdad? Pues eso, que si no cuidas tú de la calidad de tus creencias, vas a verlas invadidas de cualquier cosa. Porque, ¿quién podría tener más interés que tú en saber la verdad? Si tú no haces lo necesario para saber la verdad, ¿por qué deberían hacer nada los demás? Porque si a ti te importa tan poco si lo que te crees es verdad, ¿le iba a importar a nadie?
Tenemos el mal hábito de apuntar siempre fuera, de encontrar culpables externos a todo lo que nos pasa a nosotros. Y lo que nos pasa es el resultado de nuestras elecciones, nada más, ¿me explico? Si tú has elegido creer a quien miente o creerte las mentiras —que las hay, es verdad— es tu elección. No puedes culpar a nadie por eso.
Yo quiero hablarte de verdades ahora. Como esta: que la verdad es una responsabilidad, una obligación, no un derecho. Y que depende de ti si obtienes la verdad o te dejas engañar. Y la otra verdad es que la verdad es múltiple. Siempre lo he dicho: que la verdad no está en posesión de nadie y a la vez está en posesión de todos. Realmente lo veo así. No veo verdad en una persona ni en otra, ni siquiera en mí, pero en el lugar en que todos nos encontramos sí que veo verdad, en el lugar donde todos somos coherentes. Y de ahí viene mi afirmación de que la verdad es múltiple.
Pues ahora te voy a hablar de mi verdad sobre algunas verdades que he estado escuchando y viendo, de la verdad que yo puedo entrever de las verdades personales y colectivas que voy encontrando en mi deambular por la vida. Porque cada cual tiene la suya y yo extraigo la mía también observando las verdades de los demás. No hay engaño, solo autoengaño; esta es una verdad. Y como navego en aguas muy profundas, mi vista está acostumbrada a las aguas turbias y veo en las profundidades. No me da reparo ni miedo meter la mano en la ciénaga para extraer el mal que hay detrás de cada cosa. ¿Sabes? Quiero verlo.
Igual que he visto a la gente quejarse porque los han engañado —y veo claramente que es una actitud inmadura, infantil e irresponsable— veo otras actitudes que quiero señalar también. Y las he de señalar porque si hay alguien que gracias a mis palabras se da cuenta del autoengaño, mi tiempo va a estar muy bien empleado. Así lo siento. Porque son tan sutiles las dinámicas de la autojustificación que nos llevan al autoengaño... Pero no hay engaño, no existe. Tú te crees lo que quieres creerte, tú escuchas lo que quieres escuchar, validas lo que quieres validar y niegas lo que quieres negar. Tú mismo te engañas, tú misma te engañas.
Y otro autoengaño que veo y que está muy extendido es el que lleva a una persona a preocuparse o a indignarse porque no va a haber ayudas para los necesitados, para los más desfavorecidos, para los pequeños, para los que menos pueden y más pena dan. Pues no, esto no es así. No puedo ni quiero verlo así, no, no quiero. Porque ese planteamiento te debilita, elimina tu poder y despoja de toda oportunidad a los demás. Minimiza nuestro potencial humano y valida el discurso de que somos esclavos sumisos, incapaces de vivir de otra manera que no sea la que nos han impuesto. Entonces, si tú estás apoyando esta visión de nosotros, los humanos, estamos como estamos con tu colaboración.
Así pones a las personas en un lugar en que no tienen poder sobre su futuro, que dependen de ayudas de los poderosos que están por encima de ellos y que no son capaces de reaccionar y responder a los retos que les presenta la vida. Lo que somos, lo que vivimos, lo construimos nosotros mismos con nuestras creencias. Tú estás haciendo que el mundo funcione como funciona y que sea como es. Tú entiendes la solidaridad tal como ellos quieren que la entiendas. Te encierras en casa o dejas que le inyecten venenos a tus hijos o a tus ancianos porque te han dicho que eso es solidaridad, y ni lo cuestionas, ni te informas a fondo de si es verdad o no.
En cambio, compras en grandes superficies en lugar de comprar a los pequeños productores de tu localidad, porque en el súper, o en Amazon, o en Booking, o donde sea, es algo, céntimos, más barato. O compras en Amazon mientras ves cómo las tiendas de tu barrio o de tu pueblo cierran, dejando al margen a tus vecinos, excluidos de la economía social. Tú, con tus elecciones en cuanto a las opciones de compra, estás haciendo que el dinero y el poder se acumulen en manos de unos pocos. Y luego, cuando estos pocos ejercen el poder que tú has puesto en sus manos, te quejas y dices que es injusto.
Injusto es que tú actúes así. Es injusto para todos, porque has permitido que el concepto de solidaridad sea tergiversado hasta dejar de tener ningún sentido. Entonces, por si le sirve de algo a alguien, voy a hablar de mi verdad sobre lo global, de cómo veo a día de hoy el panorama que se nos presenta a nivel mundial. Tal vez te sirve, tal vez no, pero es mi verdad.
Y te diré que existe un programa de boicot a nuestra biología, y esto hará que cada vez tengamos menos capacidad de organización biológica, que tal vez no sabes lo que es (igual lo explico en algún episodio del podcast). Pero que valga esta pequeña introducción: todo instinto que nos lleve a coordinarnos y poder hacer cosas juntos va a ser aniquilado mediante vacunas, antibióticos y demás armas biológicas. Porque has de saber que la guerra biológica está ya aquí. Hace más de un siglo que existe este plan que se viene llevando a cabo concienzudamente, paso por paso, acción tras acción estratégica, para despojarnos de todo resto de humanidad y hacernos exclusivamente esclavos.
Nuestra mayor fortaleza es la unidad. Nuestra fuerza es que somos uno. Todos nosotros somos parte de una unidad biológica que incluye no solo a todos y cada uno de los seres humanos que poblamos la Tierra, sino a todas las demás especies y elementos que formamos parte de ella. Y esto se ha podido estar llevando a cabo porque tú has colaborado activamente con ello; has dado la respuesta exacta que se esperaba de ti. Has validado una forma de comercio abusiva y destructora que pone en manos de unos pocos desalmados todo el poder económico y político. Has mantenido con el pago de tus impuestos un gobierno corrupto tras otro. Has construido un ejército que se levanta contra ti a cada orden que recibe de sus dueños. Has validado la imposición de teorías científicas creadas como meros argumentos de venta de empresas sin escrúpulos y tú misma, o mismo, les has dado todo el poder que tienen para convertir el mundo en un infierno.
Y ahí estamos nosotros, todos queriendo volver a la normalidad, a vivir nuestra vida de nuevo como antes. Pues mira, te voy a definir la normalidad al estilo de la periodista Naomi Klein en un vídeo que me ha llegado esta mañana, aunque no voy a hacer exactamente lo mismo, no te voy a decir exactamente lo mismo. Te diré que la normalidad es una crisis multidimensional sin fondo que no va a acabar nunca. La normalidad es que vivas esclavizada, esclavizado, para conseguir papeles sin valor pero que te permiten pagar el tributo de mantenerte en vida. La normalidad es que una parte de la población no tenga cubiertas las necesidades mínimas para la vida y tenga que vivir en la calle.
La normalidad es que una parte de esta humanidad esclavizada para cubrir sus mínimas necesidades ignore y deteste a la otra que vive por debajo de sus necesidades. La normalidad es la expoliación de los recursos de la Tierra que nos sostiene y acoge hasta el agotamiento. La normalidad es contaminar el aire que necesitamos como alimento hasta convertirlo en un veneno. La normalidad es envenenar a las plantas que han de ser nuestro alimento. La normalidad es mirar hacia otro lado cuando el oscuro poder que nos domina —porque se lo hemos permitido— declara una guerra sangrienta, abusiva e inmoral a un país entero, destruyendo toda la vida y los rastros de historia humana que puedan haber en él.
La normalidad es que las mujeres y niños huérfanos por causa de estas guerras sean secuestrados por organismos internacionales para ser explotados como esclavos sexuales para la élite que te parece a ti tan cool. La normalidad es vivir en deuda constante. La normalidad es que los bancos y los políticos puedan robar el dinero fruto del trabajo de todos con total impunidad. La normalidad es que quienes defienden una verdad incómoda para el poder oscuro que nos domina a todos sean perseguidos, incluso encarcelados. La normalidad es que todos los ecosistemas terrestres estén al borde del colapso porque no pueden gestionar la cantidad de residuos que nosotros les lanzamos.
La normalidad es que aceptemos que nos infundan terror a través de los medios de comunicación masivos para ofrecernos soluciones que limitan cada vez más nuestras libertades, responsabilidades y derechos fundamentales. La normalidad es que estemos divididos, que una parte de esta población aterrorizada por mentiras controle y acuse a la otra porque no discurre con el discurso oficial que hay que creer a muerte sin habernos asegurado de que es cierto. La normalidad es que el método científico se aplique para confirmar unos resultados que se han determinado previamente, no para investigar y aceptar los resultados sin ninguna expectativa.
La normalidad es que se apele a la solidaridad mediante un discurso que favorece a los grandes fabricantes de insumos que, desde la libertad y siendo informados debidamente, nunca aceptaríamos; y se olvide lo que es la solidaridad verdadera. La normalidad es encerrar a nuestros hijos en instituciones para que les machaquen el cerebro con la excusa de que se tienen que formar para ser útiles hasta el final de sus días a los que nos utilizan. La normalidad es encerrar a nuestros padres y abuelos en instituciones donde quedan totalmente separados de sus afectos, de lo que era su vida, desarraigados y envenenados lentamente como cobayas en las que ponen a prueba venenosas medicinas hasta su muerte.
La normalidad es la falta de moralidad y de escrúpulos, el "todo vale" para mi propia satisfacción aunque genere el más terrible de los sufrimientos en los demás. Y ahora dime, ¿para qué quieres volver ahí? ¿Para qué? Vivimos en un mundo en que es evidente que hay alguien que no quiere que sepas la verdad, es evidentísimo. Que se usan múltiples estrategias para que aceptes la mentira y no llegues a saber la verdad. Se crean páginas web para difamar la verdad, etiquetando como falso lo que al poder no le interesa que el común de la gente sepa. Crean tendencias de pensamiento en que se permiten etiquetar cualquier discurso que se oponga a la versión interesada como pseudoterapia, conspiranoia (término que implica locura y desequilibrio mental), desinformación e insolidaridad, etcétera. Controlan a la mayoría de los medios de comunicación masiva para que difundan y proyecten esta tendencia de pensamiento, proveyéndoles de mensajes controlados por agencias de información centralizadas y así crean un velo denso sobre la realidad.
Directamente prohíben cualquier medio que contenga un mensaje que cuestione su discurso y le impiden desarrollar su actividad comunicativa. Porque su objetivo es tener el control, el control absoluto sobre la población, sobre nuestras acciones y sobre nuestro criterio. Todo bajo control. ¿Y cómo mantienen el control absoluto sobre la población? Esto es algo que se puede conseguir con paciencia a largo plazo, siguiendo la estrategia adecuada. Y es que, tal vez no lo sabes, pero llevan años llevando a cabo esta estrategia.
Crean escenarios supuestamente producidos por actos terroristas para tener una excusa que justifique un estado de control policial absoluto y poder vulnerar los derechos fundamentales y la intimidad de las personas. Crean tecnologías que debilitan, lesionan gravemente y envenenan a las personas, escudándose en el argumento de que eso es el necesario progreso. Imponen una práctica médica y un estilo de vida a escala internacional que tiene efectividad comprobada para debilitar a las personas y los entornos que las personas necesitamos para vivir, afectando gravemente la salud, la nuestra y la de toda la vida del planeta.
Distribuyen medicamentos desarrollados con el propósito de debilitar biológicamente a las personas, como si estos —los medicamentos— fueran la única promesa de solución que existe para erradicar el problema. Boicotean la difusión de noticias que denuncian los métodos inmorales de producción, ensayo y validación de estos medicamentos, asegurándose así que la oscura verdad no alcance a demasiada gente. Crean una pandemia y una posterior alarma mundial de la nada, usando los medios de comunicación que ya tienen absolutamente bajo control. Engrosan las cifras de números de muertes producidos por el supuesto agente infeccioso que es supuestamente causante de la pandemia, metiendo a todos los problemas respiratorios que se dan durante ese tiempo dentro de esas estadísticas (y no solo los problemas respiratorios).
Engrosan las cifras de número de infectados por el supuesto agente infeccioso usando metodologías de diagnóstico que dan un alto porcentaje de error. Envían noticias alarmistas y sensacionalistas a través de los prestigiosos medios que controlan para manipular la percepción de la población y crear pánico colectivo. Porque saben que cuanto mayor es el miedo, más fácil es de manipularnos. Bloquean la libre distribución de medicamentos que tienen resultados comprobados para combatir cualquier afectación catalogada como infecciosa, con la intención de mantener y prolongar el estado de pánico general.
Con la excusa de la alarma mundial producida por la pandemia, generan un estado de control policial sobre la totalidad de la población, asegurándose así un mayor poder sobre nosotros en todos los ámbitos de nuestras vidas. Difunden una idea de solidaridad que se ajusta a sus intereses y la machacan en las mentes de quienes tienen atrapados con sus mentiras para que la defiendan, creando bandos entre los grupos de personas con la intención de que nos enfrentemos. Porque la mayor victoria la obtienen cuando consiguen tener esbirros que militan por defender sus mentiras. Cuando consiguen ni siquiera pagar a una policía o a un ejército para imponer a todos lo que les interesa, lo que engrosa sus negocios criminales, debe ser orgásmico para esta gente del demonio contar con mercenarios a coste cero.
Y bueno, nada. Esta es mi opinión. Tal vez es verdad, tal vez estoy engañando y es mentira. No sé, eso tendrás que validarlo tú, que ya eres mayorcito, mayorcita o mayorcite, como quieras llamarlo. Voy a dejar unos cuantos enlaces a fuentes que puedes consultar en las notas del programa, en la página web del proyecto Vida en Salud, porque ahí nadie puede tocar nada, es mi casa. Unos cuantos solamente, porque si quieres toda la información tendrás que seguir el hilo y buscarlo a fondo tú. Porque tienes que hacerte capaz de discernir y de buscar la información que necesitas tener para no ser víctima de más engaños.
En todo caso, de verdad que creo que tenemos todavía la oportunidad de no volver a esto de antes, a esta normalidad infernal. Creo que hemos de confiar en nosotros mismos y poner nuestras capacidades al servicio de los demás, ahora más que nunca. Como digo en el vídeo en que presento lo que ofrezco en mi web personal, dianavalería.es: nos necesitamos, siempre nos hemos necesitado y siempre nos hemos de necesitar, porque forma parte de nuestra naturaleza. Así que te animo a que encuentres la forma de ofrecer lo que tienes de útil a tus hermanos, a tus vecinos, y empecemos de cero, por favor.
Y sobre esto hay algo importante que quiero compartir contigo sobre el compartir lo que tienes para compartir. Porque hay un abogado en Valencia que ha tenido una estupenda iniciativa (que por ahora yo veo una estupenda iniciativa). Y mira lo que ha hecho: ha creado una serie de documentos legales para que puedas defenderte cuando te intenten imponer cualquiera de estas prácticas que son ilegales y que solo pueden implementar porque somos ignorantes. Y ahora quiero leerte un extracto obtenido del blog del abogado José Ortega, que reza así:
"El momento ha llegado. El momento que esperábamos y temíamos. El momento en que se ha desatado una agresión brutal y sin precedentes contra los derechos individuales. El momento en que la OMS se atreve a decir que la autoridad podrá entrar en los domicilios privados para llevarse a los niños y arrancar de sus familias a quienes ellos decidan que están contagiados. El momento en que cada informativo de la televisión pública es un lavado de cerebro inaguantable. El momento en que han echado el cierre los juzgados y tribunales y las Cortes Generales. El momento en que ha dejado de haber control parlamentario del gobierno.
El momento en que nuestro presidente ofrece continuas ruedas de prensa sin periodistas y con las preguntas previamente filtradas y censuradas. El momento en que los periodistas complacientes insisten en que el gobierno que ha conducido a la muerte a miles de víctimas inocentes está gestionando muy bien la crisis. El momento en el que, sin ningún derecho ni razón ninguna, nos tienen encerrados en casa y, si alguien se atreve a salir en ejercicio de su derecho legítimo y constitucionalmente garantizado, puede ser multado, detenido y humillado por las fuerzas del orden. El momento en el que hemos visto a los policías agrediendo a mujeres por la calle y tirándolas al suelo para reducirlas como si fueran delincuentes.
El momento en el que un gobierno sin oposición que lo controle, sin jueces que lo detengan y sin periodistas que lo censuren, amenaza con intentar internar en campos de concentración a millones de españoles. El momento en el que nuestro país se transformó en dictadura y en el que hay que temer a su presidente más que al virus. El momento de la gran batalla".
Y la página web donde puedes encontrar esto es decoronaviruslegal.wordpress.com. ¿Y qué documentos puedes encontrar en su blog? Denuncia contra varios miembros del gobierno por homicidio y lesiones, es uno. Y creo que este documento lo tendríamos que procesar todos; esta denuncia tendría que llegar a los juzgados en masa. Una plantilla para rechazar el test: si no quieres que te hagan el test del coronavirus, puedes presentar este documento y que lo firmen las autoridades que intenten implementarlo, y tú mismo seguramente. Una plantilla para rehusar la vacuna, que todavía no está publicada esta plantilla (imagino que es en espera de cuando se empiece a distribuir para acabar de redactar exactamente todos los acuerdos legales que hay). Una que se llama "Habeas Corpus", que entiendo por lo que he estado investigando (porque yo de cuestiones legales no sé nada, prácticamente) que es para agilizar la denuncia y para acceder a ella tienes que solicitar acceso, seguramente porque te la puedes descargar mediante una contraseña. Una que se titula "Queja a Comisión de Derechos Humanos y a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo por amenaza del gobierno de internamiento obligatorio de positivos asintomáticos" (y también hay que solicitarlo previamente porque lleva contraseña).
Yo le he enviado a José Ortega una invitación a participar en un episodio y explicarnos bien cómo va todo esto, cuál es su propuesta, cómo se usan estas plantillas que regala y todas las cuestiones que pudiera aclararnos. Yo en este blog he escuchado una declaración suya y me parece realmente coherente, creo que es una persona que no está diciendo tonterías. Y bueno, además te dejo enlaces en las notas del episodio en la web vidaensalud.es/podcast/86. Te dejo enlaces al blog de José Ortega, como te he dicho antes, y a las fuentes donde puedes encontrar más información sobre algo de lo que he nombrado en este episodio.
Te animo a suscribirte a la newsletter de Vida en Salud en vidaensalud.es/suscripcion. Te animo a suscribirte a la academia y poder acceder a los cursos y apoyar este proyecto que también necesita poder mantenerse económicamente porque todo vale dinero. Y no quiero utilizar pues fuentes de financiación que me limitan, como yo qué sé, anuncios y cosas así que me ponen en manos del control de otros.
Y bueno, pues en la Academia Vida en Salud, la academia para la autogestión de la salud, tenemos cursos muy interesantes. Esta semana hemos abierto uno de Luis Roderos sobre parásitos y uno de Teresa Morera sobre mecanismos y peligros de los medicamentos. Lo hemos inaugurado con la comprensión de los psicofármacos. Es muy importante conocer los mecanismos de los psicofármacos porque son muy adictivos y si alguien intenta trascender y tomar menos o dejar de tomarlos, pues es muy importante que comprenda cuál es el mecanismo que accionan y qué están haciendo en su cuerpo para poder armonizarse con el proceso.
Muchas gracias a todos por estar aquí, por escucharme, por compartir lo que estamos haciendo, por comentar. Y eso, muchísimas gracias de verdad. Muchas gracias, Jessica, por estar ahí apoyando, por estar tan cerca, por acompañar, por dejarte acompañar y acompañar, por ser parte de la tribu. Y a todos también, todos los demás que no estáis aquí ahora.
Y bueno, me voy a despedir por ahora y nos vamos viendo. Hasta la próxima.